19.✡

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Llegamos y lo peor es que el puto hotel estaba a nada de la ex iglesia a la que asistía. Sí, esa en donde conocí a Sarahí. 

En cuanto reconocí el lugar, volteaba histéricamente a los lados, esperando encontrarme con la mirada juzgona de Sarahí. Juzgándome por mi nueva apariencia, por mi nueva vida y por mi nueva perforación. No había rastro de ella pero aún así no estaba para nada tranquilo y comencé a morderme las uñas, algo que nunca hacía.

-Ella es Gema, Gema, él es mi amigo Isaí -Kian me presentó a la morena alta con un micro vestido rojo escotadísimo. 

-Mucho gusto, Isaí -me tendió la mano y yo vacilé en si aceptársela o no. 

-El gusto es mío -le estrujé la mano pero ella no se conformó y se acercó a darme un beso a la mejilla.

-Bueno, quería hablarte de...Pamela -el simple nombre me hizo regresar a la realidad y enfocarme en mi amigo que se estaba dirigiendo a Gema.

-¿Quién? -preguntó confundida.

-Pamela. Mi ex.

-Ah ya, esa zorra de la que tanto me hablabas -Gema puso los ojos en blanco -qué asco que hayas venido hasta acá a hablarme de ella.

-Tengo que darle su merecido -Kian volteó a verme pero yo estaba mirando la nada, temiendo que Sarahí se apareciera en cualquier momento -Me dijiste que me ayudarías.

-Y lo haré pero qué te parece salir por algo para comer, ¡muero de hambre! -se quejó la diva y yo me puse pálido.

-¡No! No podemos salir, digo, hace mucho frío.

-Isaí, aquí está a treinta grados, no inventes -Kian me miró con incredulidad.

-Pues yo tengo frío, quizá me resfríe. Yo mejor me quedo aquí, tapado y a salvo.

Ambos intentaron convencerme pero yo era terco. Las ganas de no ver a Sarahí me hicieron más terco de lo usual. Ellos después de casi rogarme de rodillas, se hartaron y se fueron, dejándome solo en aquel cuarto lujoso en donde se hospedaba Gema. 

Aburrido era poco. Ya quería irme y Kian no llegaba con Gema. Me harté, me asomé por la gigantesca ventana con vista directa a la calle  y como supuse, no vi nada. Al otro lado de la calle, busqué algún restaurante pero lo único que había era una tienda de ropa para ancianas con mal gusto, una tienda de postres y una tienda de helados. La mayoría de la banqueta la abarcaba un banco. Bufé.

Me fui a acostar nuevamente en el sillón donde ya estaba mi cuerpo marcado y ahí me quedé otra media hora, con mi celular, entreteniéndome de cualquier forma. Había prendido la televisión pero como era un maldito sábado, casi no había nada interesante. Mi estómago rugió pero mi miedo a encontrarme a Sara era mayor. Me aguanté las ganas de ir a comer y cada minuto que pasaba, más maldecía a Kian por haberme arrastrado. Pero más me maldecía a mí por haberme dejado.

Ya no pude más y tuve que salir de mi cueva, bajar y salir del hotel para cruzar la calle y llegar a ese maldito puesto de postres. Al llegar, una campanita irritante sonó y la mujer que estaba atendiendo a una pareja se quedó embelesada mirándome. No fue hasta que le chasquearon los dedos en la cara cuando reaccionó.

Una señora me atendió, ya que la otra mujer, que me miraba de vez en cuando, estaba ocupada. Le pedí un cupcake de red velvet que se veía fascinante. Estaba decorado con unos brillitos y un muñequito hecho con fondant. Sabía de repostería gracias a Melody y sus mil libros de cocina. 

-¿Algo más? -preguntó y a punto estuve de contestarle que no, cuando la campanita se escuchó a mis espaldas.

No me afectó hasta que escuché una risa. Su risa. Sara.

-No -distorsioné la voz para que no me reconociera -se me olvidó que no tengo dinero.

Muerto de pánico y con tremendas ganas de gritar, empecé a caminar de espaldas sin voltear ni un segundo. Sentí como Sarahí se hizo a un lado para no chocar contra mí. Una vez la pasé de espaldas, me giré rápidamente para no darle tiempo a que me viera la cara.

Dios, estuvo tan cerca.

Una vez fuera del puesto, volteé muy disimuladamente y mi corazón comenzó a palpitar con muchísima fuerza. Estaba hermosa. Demasiado hermosa para ser ella. Llevaba un vestido de tirantes gruesos color blanco con el dobladillo hasta la rodilla. Mi corazón casi se me sale de la boca al verla con mi debilidad: tacones. Tacones altos color blanco. Giré completamente para verla y como me estaba dando la espalda, pude ver su nuevo hermoso trasero que me puso duro en un instante que ni Melody o cualquier estrella porno había logrado. Tenía sus pantorrillas femeninamente tonificadas. Su cabello negro, largo y lacio, estaba agarrado en una coleta de caballo que le llegaba hasta la cadera. Aún estando fuera del local, olía su tan característico shampoo frutal. Por su imagen tan sensual y cambiada, osé en dudar de si sería ella pero yo sabía que si lo era, pues su risa la reconocería aún distorsionada. Era ella y me maldije por no poder controlarme cuando las lágrimas brotaron agresivamente de mis ojos.  Tanto tiempo sin verla y hasta ahorita me di cuenta de lo mortal que había sido vivir sin ella.

Me tuve que ir de ahí corriendo antes de entrar, cargarla y darle vueltas mientras la besaba. Subí al cuarto de Gema y usé una tarjeta que estaba en el comedor para abrir la puerta. Entré al cuarto y corrí hasta estrellarme contra el vidrio y me quedé ahí, esperando a que Sarahí saliera de la tienda. Salió y yo miré directamente hacia su rostro. Estaba muy ligeramente maquillada y aunque la distancia no me permitía ver a detalle que tenía (sip, también sabía de maquillaje pero eso gracias a tantas veces que maquillaban a mis compañeras de porno), se veía hermosa tal cual. Sonrió y me esforcé para hacer el zoom con mi mirada lo más preciso que pude. No tenía aparatos dentales. Se veía todavía más hermosa con sus dientes alineados y del mismo color que su vestido. Se veía como una paloma blanca, una paloma que representaba paz, pulcritud. En cambio yo, todo de negro, representaba desilusión, todos mis pecados vistiéndome.

Sollocé. Odiaba haberla visto nuevamente, pues iba tan bien alejándome de ella, dejando que mi mente olvidara su carisma, su amabilidad y lo que me hacía sentir...pero se vio perjudicado en solamente, ¿dos minutos? Todo el esfuerzo de meses se vio perjudicado en un pequeño lapso y eso me ponía triste. Mi estómago se revolvía en amor cuando giraba su cabeza a ambos lados antes de cruzar la calle. Caminaba mejor con tacones que cualquier otra mujer que antes había visto y vaya que había visto a muchas en tacones. Tanto caminando como en la cama. 

Sarahí era la combinación perfecta de dulzura y tentación. Me hacía pecar de maneras innombrables, pero también me hacía querer ser la persona más correcta jamás antes vista. Era díficil explicar cómo era, pues no existía palabra que fuera superior a perfecta.

Cuando se perdió de mi vista, la luz que se prendió en mí se apagaba paulatinamente.  No quería que eso pasara, pues hacía demasiado que no me sentía vivo. Verifiqué el día...¡oh Dios! era el 11 de octubre. Eso significaba que mañana, domingo, era su bautizo... volví a buscarla desesperadamente, en busca de alguna respuesta de si debería asistir o simplemente dejarla ir y olvidarme de ella como lo estaba haciendo. 

Cuando pasaron más de cinco minutos sin verla, me sentí perdido, cayendo lentamente en un abismo. Mi mente no paraba de pensar en su femenina silueta y su hermosa carita, sonriendo y siendo feliz. Mi estómago rugió, clamándome más, más de Sarahí. Sentí mi corazón y estaba latiendo ferozmente. 

Quizá fuera lo más tonto que haría, pero yo me identifico por ser la persona más idiota de todas. La más idiota que hasta se enamoró idiotamente de una mujer que ahora es inalcanzable. Pero no podía quedarme con los brazos cruzados, así que decidí hacer la tontería que acabaría con mi vida ya de una vez o quizá me salvaría de ser totalmente derrumbado: iría a su bautizo.

De virgen A eróticoHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora