23.✡

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Desperté y la luz me encandiló. Entrecerré los ojos y quise ver en dónde me encontraba. Nada de lo que me rodeaba me era conocido. Era un cuarto con paredes de color rojo tinto, con algunos cuadros colgados en las paredes. Me incorporé en la cama y por la rapidez, me mareé. Me sobé las sienes.

-Buen día -sobresalté al escuchar la voz de Melody.

Estaba sentada pacientemente en una silla pegada a la pared al otro lado de la gigantesca cama. Volteé a verla y noté que me miraba con temor, como si fuese a hacerle algo.

-¿Qué pasó? ¿En dónde estoy? -pregunté y comencé a toser. -¿Qué fue lo que me hiciste anoche, Melody?

Melody se levantó de la cama y se sentó a la orilla del otro extremo de la cama. Su mirada nunca se despegó de la mía.

-Veamos. Ayer casi mataste a Kian y estabas de necio que merecías ir a la cárcel. Si no te agarraban, sabía que te ibas a entregar...así que básicamente te secuestré y te traje aquí.

-¿Dónde estamos? 

-Estamos en una ciudad llamada Guadalajara en el estado de Jalisco. No sé si conoces...

Tanto tiempo evitando a toda costa aquel nombre para poder olvidarlo y dejar atrás a Sara. Sí, aquel lugar era donde antiguamente vivía y donde tuve la fortuna de conocer a Sara. Por esa razón, me puse blanco como una hoja. Había vuelto.

-¿Qué? ¿Por qué rayos se te ocurrió traerme acá, Melody? -bramé y me levanté de la cama ignorando que nuevamente me había mareado -¿Cómo se te ocurrió, de todos los jodidos lugares de México, traerme a este?

Melody estaba confundida. Me miraba intentando descifrar mi repentino odio hacia el lugar. Si supiera que verdaderamente no lo odiaba, de hecho, lo amaba; solamente que las posiblidades de encontarme con Sarahí nuevamente eran altas y eso me ponía bravo y a la vez, más contento que nunca.

-Perdóname...no sabía que odiabas este lugar. Hice trámites a una universidad de aquí que tiene muy buena reputación, y ¿qué crees? Me aceptaron. Empezaré a ir a un curso para conocer la escuela y si todo sale bien, el próximo mes comienzo a estudiar. Por eso te traje, quiero que empecemos de cero en esta ciudad. Inclusive, puedes estudiar tú también en la misma universidad, conmigo...

-¡Eso ni de chiste! -volteé los ojos y ahí fue cuando enfadé a Melody, quien se levantó de la orilla de la cama y se acercó a mí con ojos fulminantes 

-Deberías agradecerme de rodillas, maldito malagradecido. ¡Te salvé de la cárcel! ¿Así me lo vas a pagar, maldita sea? 

Le volteé la cara y ella enojadísima, me soltó un cachetadón para que le prestara atención.

-A mí no me vengas con tus enojitos, maldito perro -se acercó más a mí cara. Dios, qué miedo daba verla enojada y eso que eso no se comparaba ni un poco a cómo se ponía cuando perdía totalmente la paciencia -No te escucho agradeciéndome.

-Merecía ir a la cárcel.

-¡Pues no fuiste porque yo no lo iba a permitir! -gritó y me soltó otra cachetada. Ésa vez, en lugar de volverme para verla, me quedé con la cabeza girada -No lo iba a permitir, Isaí, te amo.

Te amo. Esa era la palabra que tanto evitaba que ella me dijera. Me causó un sentimiento de lástima tal cual lo había supuesto. No podía decirle que yo sentía lo mismo, pues yo solo amaba a una persona, por mucho que intentara no hacerlo. 

-¿Me escuchaste? Te amo.

Sí escuché, pero hubiera deseado no hacerlo. Pobre Melody, tan hermosa y tan ayudadora que se había hecho con nosotros; no se merecía que no la quisiera. Pero ella no era Sarahí para amarla.

De virgen A eróticoHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora