-Papá, tengo quince dólares -le dije a mi papá que se encontraba más delgado de lo normal -¿papá, estás bien?
-Tengo anemia, hijo -respondió y toció -creo que no me he alimentado bien...
-¡Ellos no te han alimentado bien! Malditos hijos de perra -ladré y mi papá peló los ojos -perdón...pero es injusto que te traten así.
-No te apures, hijo. Ya tendrán ellos su merecido. ¿Qué decías de los quince sabe qué dólares?
-¡Tengo quince mil dólares, papá! Ya deja de trabajar, eso nos va a poder mantener por un buen rato.
Mi papá se tapó la boca y comenzó a llorar. Me dio un abrazo y me recordó lo mucho que me quiere. Mi corazón se partió. Tanto tiempo viéndolo trabajar tan duro para que solo con un contrato con Melody dejara de sufrir. Me sentí culpable y no pude evitar llorar.
-¡Ya sabía que tú, campeón, eras el orgullo de toda la familia! -me dio otro abrazo y me dio una palmada en el hombro.
-Lo hice por ti, por mi hermano. Ya no te preocupes de que la anemia, cómprate todo lo que necesites. Cambiémonos de casa. No necesitamos vivir aquí, que es un congelador.
Le entregué el dinero y mi papá con todo el entusiasmo, comenzó a planificar qué debería comprar primero. Dijo que había casas bonitas y no tan caras cerca, así que le dije que lo acompañaría.
-Ah, por cierto, Pame quiere hablar contigo. Está en una depresión muy fuerte.
Me quedé atónito. Pensé en todas las cosas más feas que le pudieron pasar. Pamela era una enfadosa, pero era la mujer más fuerte que había conocido. Ella no podía haber caído en depresión así por no más.
-Pa, ¿te importaría que en lugar de acompañarte, vaya con Pamela para ver qué tiene?
-Para nada. Eres un amor de persona, ¿lo sabías?
"Si supieras" pensé. Recordé a Melody arrodillada frente a mí y despejé esa imagen de mi cabeza. Le dije a mi papá que aprovechara bien el dinero y salí corriendo hacia donde estaba Pamela. Creí que estaría en la escuela o algo así, pero no estaba. Fui a la casa de mi tío y me dijo que no sabía dónde estaba. No había rastro de ella y no contestaba las llamadas. Maldita Pamela.
En eso, pensé en la casa de Kian. Así que le hablé a Melody y ella, gentilemente me dio la ubicación de la casa de su primo. No estaba tan lejos de donde estaba, así que corrí y al llegar, vi a Pamela berreando frente la puerta de la casa de Kian.
-¿Pamela? -pregunté suavemente.
-¡Perro! ¡Ábreme! Esto no se acaba aquí, te voy a matar -vociferó y noté lo cansada que tenía la voz. Quizá por tanto gritar.
-Panela, ¿estás bien? -insistí acercándome más.
-¡¡Que me abras, hijo de la fregada!! -gritó y golpeó sin fuerza la puerta con una roca.
-Pamela -la agarré por los hombros y ella volteó con furia.
Sus ojos estaban de un rojo vivo y su cara se veía arrugada. Ella no era Pamela mi prima, era una mujer completamente distinta.
-¿Qué pasó? -pregunté acariciándole el hombro por encima de su camiseta.
-Ese perro...ese inepto, me está engañando. ¡Ese maldito me engañó! Estoy embarazada y este imbécil me engañó.
-¿Con quién? -pregunté y Pamela comenzó a gritar.
-¡Con Melody! Con su propia prima. ¡Ese nefasto asqueroso!
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De virgen A erótico
Teen FictionÉl era lindo, callado, cariñoso y único en su especie. Él, era la imagen perfecta de la ternura, inocencia e incredulidad. Él, no le hacía daño ni siquiera al polvo que volaba entre los aires. Su único amigo era el televisor y sus mejores amigos, lo...
