La semana pasó totalmente diferente a las anteriores. Lo único que pasó en la semana que fue "emocionante" fue que una chica nueva se metió a la misma universidad que yo. Se llamaba Melody; era tremendamente hermosa y desde primera vista, te podías dar cuenta de que era la típica hija de papi ricachona. Como era de suponer, se rió de mí en mi cara cuando la saludé. También puso un tipo repelente de personas en el ambiente y en su piel para eliminar cualquier rastro de mí. Nada que ver con Sarahí, que ella fue la que se me acercó a mí. ¿Qué rayos le pasaba a mí estómago que se agitaba cuando recordaba como ella se interesó en mí?
Antes las semanas pasaban luuuuneeeeesss maaaartess miiiieeercooooles jueeeves viernessábadodomingo. Lo que me tenía ansioso por el fin de semana era que que iba a ver a la única chica (aparte de mis familiares) que se interesó en mí. Tenía que admitir que así como estaba feliz y emocionado, también estaba totalmente nervioso. Solo esperaba no vomitar por los nervios o salir corriendo.
¿Quién lo diría, no? Que yo, Isaí, estaría en la iglesia un sábado, con el estómago revuelto por los nervios, esperando a una chica para poder entrar al grupo de jóvenes. Si alguien me hubiera dicho que yo viviría eso, de seguro me hubiera reído hasta quedarme en coma. Pero todo era real, estaba ahí, en la iglesia, esperando a Sarahí. Mientras la esperaba, caminaba de un lado a otro para poder calmar mi estómago agitado. Pensaba en cómo estaría vestida, si usaría o no perfume, si estaría igual de nerviosa que yo...o si solamente me dejaría ahí, plantado mientras se reía de mí en su casa o algo así. Esos pensamientos me pusieron más nervioso de lo que ya estaba y comencé a sudar de los nervios. Genial. Los nervios se apoderaron de mí e intenté buscar a mi mamá. La necesitaba y pensar que se encontraba en el hospital...carajos, no podía ponerme triste. No hoy, por favor.
-Hola- Saludó Sarahí aparecida de la nada, a un lado de mí.
Santo Dios, me sacó un tremendo susto...pero me comencé a calmar nuevamente. Justo lo que necesitaba.
-Ho-hola- Odiaba tartamudear- Creí que no ibas a venir- Confesé.
-Yo te lo dije y aquí estoy, cumpliendo mi palabra- Dijo alegre. Intenté sonreírle en agradecimiento...pero solamente pude darle una tímida sonrisa torcida.
-Me alegro...estoy nervioso- Confesé como un niñato en busca de su madre mientras me movía como un loco hiperactivo.
-¿Y eso?- Preguntó mordiéndose ligeramente su labio inferior. Me encantaba cuando hacía eso...pero, ¿se estará aguantando las carcajadas?- No te van a hacer nada y si lo intentan, primero me lo tendrán que hacer a mí- Dijo y levantó su barbilla en forma amenazante.
Me reí. No de ella, si no de los nervios y de que ninguna chica me había querido defender. Eso me provocó una extraña electricidad en mi cuerpo como si fuera un robot. Vi como ella también se estremeció de una forma apenas notable. Me gustaba como ella y yo nos poníamos igual de nerviosos.
-Entonces no tengo porque tener miedo- Dije con seguridad que ella me había dado. Era increíble, solamente mi madre me hacía sentirme así de seguro.
-Entonces no andes de miedoso- Bromeó y vi como se arrepintió de sus palabras. De seguro creyó que fueron demasiado fuertes o algo así. Pero me dieron ternura en lugar de ofenderme.
-Está bien...pero cuando yo estoy nervioso...tiendo a querer estar con mi madre- Santo Dios, ¿cómo había confesado eso? La pena comenzó a invadirse y a pintarme los cachetes de un rojo intenso. No podía creer que las palabras salieron sin antes analizarlas- No me juzgues- Le rogué.
-Ni que fuera Dios para hacerlo- Sonrió y como por acto de magia, toda la vergüenza y nervios, desaparecieron de mí. Me tomó del antebrazo y me comenzó a guiar a un salón donde se escuchaban gritos y risas.
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De virgen A erótico
Teen FictionÉl era lindo, callado, cariñoso y único en su especie. Él, era la imagen perfecta de la ternura, inocencia e incredulidad. Él, no le hacía daño ni siquiera al polvo que volaba entre los aires. Su único amigo era el televisor y sus mejores amigos, lo...
