Se veía preciosa. Sencilla y sofisticada. Fue un instante de indecisión y al final no pudo evitar besarla. Apenas si tocó sus labios pero de igual forma sintió que subía y tocaba el cielo.
Cuando se separaron, pudo ver a espaldas de la castaña a Erin y Deena, con una sonrisita. Jonathan se limitó a darle una mirada al rubio.
—¿Qué tal Erin? —Saludó.
La castaña ya le había tomado la mano al rubio y parecía un tomate desentonando con el verde de su vestido.
—Todo bien. No la traigas muy temprano, por favor. —Pidió Lily con una sonrisa traviesa.
—Nos vemos. —Se despidió Tom, severamente ruborizado.
Ni que decir de Celine a la cual ya le transpiraban las manos.
Caminaron tomados de la mano hasta el auto, como todo caballero, le abrió la puerta del auto y cuando él subió al auto, en lugar de ponerlo en marcha, la miró muy seriamente.
—Sé que tal vez no deba —dijo acercándose a ella—, pero no creo poder evitarlo.
Ella estaba completamente confundida, y no por las palabras, sino por la proximidad del rubio, y estaba segura de que si él no la besaba, ella lo haría. Pero su idea se vería descartada cuando sintió los labios de Tom en los suyos.
Agradeció mentalmente por ese atrevimiento y se encargo de acercarse un poco mas a él, aunque era un poco incomodo porque el freno de mano impedía estar en mas contacto, aún así, los besos eran magníficos.
El aire comenzó a escasear, pero Tom se encargo de recuperarlo mientras besaba ligeramente el cuello de la castaña, ella no pudo evitarlo y lanzó un inconfundible gemido de placer, entonces él volvió a su boca, absorbiendo cada suspiro, callando cada plegaria, y haciendo que su prometida se estremeciera como la primera vez entre sus brazos.
Con ternura se separó de ella, y le vio a los ojos.
—Estás bellísima.
—Gracias —respondió bajando un poco la mirada—. Tú estás muy guapo esta noche.
Al verla avergonzada, encendió el auto.
Durante el trayecto tan solo platicaron de cosas simples y normales, el tráfico estaba bastante fluido así que no tardaron en llegar a su destino.
Bajaron del auto y caminaron hacia la entrada. Un hombre la saludó amablemente, mientras que esperaban al elevador. Un par de minutos después, Tom abría la puerta del departamento.
—Bienvenida.
Celine se asombró al ver el interior, eso no era lo que esperaba del departamento del rubio, de eso estaba completamente segura. Era un refugio lleno de detalles. Un poco minimalista pero muy agradable. No le gustaba sentirse asfixiada por muebles y adornos.
La tenue luz de las velas indicaba que la velada seria romántica, había flores en pequeños y delicados floreros. El lugar estababa invadido de un especiado aroma.
Tom la observaba con una sonrisa en los labios, estaba tan impresionada por los detalles, y conmovida por la atención de la que era objeto que no se había dado cuenta de la mirada del rubio. Dejó su bolso sobre uno de los sillones, e instintivamente se dirigió al comedor.
La mesa estaba arreglada con un fino mantel, en el centro se alzaba un arreglo de rosas rojas y amarillas; los finos cubiertos de plata brillaban alegremente por la luz de las velas.
El rubio le acomodó la silla para que la castaña tomara asiento, fue inmediatamente a la cocina y trajo una botella color azul y una canasta de panecillos con mantequilla.
Sirvió dos copas.
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Amor en manos enemigas.
RandomImagínate que odias a un chico de tus años de colegio. Después, imagínate que ambos toman caminos separados. Ahora imagínate que después de tu divorcio... te enamoras de él. -En edición-
