Azoto el gran saco de boxeo por quinta vez consecutiva, descargando toda la ira que tenía acumulada en las venas, hace tan solo 2 días mi padre nos dio la noticia de que entraríamos a una escuela ¡UNA ESCUELA! ¿Pueden creerlo? Y es que definitivamente las escuelas no eran verdaderamente mis mejores aliadas, ya luego verán de que hablo.
Era ya viernes y me encontraba en el gimnasio, mi segunda casa prácticamente. Di el sexto golpe con más fuerza que antes, tanto que se corrió casi un metro de la barilla, río levemente al pensar en que soy de las únicas chicas que logran hacer que se corra sin dificultad.
–Vas bien.–Anuncia una voz detrás mío de manera burlona.
–Siempre voy bien.–Digo con autosuficiencia y sigo golpeando el saco.–Idiota.
–Un idiota que amas.–Dijo ya frente a mi.
–Un idiota al que un día de estos le voy a venir usando de saco de box.–Tiro un noveno golpe.
–Oh vamos linda, dame amor.–Sonrío con mirada picara y me alisto para dar un ultimo golpe más.
Y lo di, tan fuerte que se corrió hasta donde el estaba, haciendo golpear sus partes.
–¡Mierda ______!– Río y me acerco a el, no había caído como cualquier otro hombre, ni tampoco se estaba retorciendo en el suelo, de hecho esta más tranquilo de lo que podría imaginar.
–¿Acaso no me pediste amor?–Digo haciendo un puchero sarcásticamente.
–Sí pero... bueno, queda olvidado.–El rueda los ojos–¿Desayunaste?
–No, de hecho voy saliendo para hacerlo.–Acomodo mis cosas en mi bolso deportivo.
–Andando, yo invito.
–No trates de comprarme.–Río.–Puedo costearme el desayuno.
–No lo hago, solo que hoy me siento cariñoso.–Sonríe exageradamente, en modo de sarcasmo.–¿Vamos o no?
–De acuerdo, vamos.–Digo igual y caminamos hacia la salida. Subimos a su auto y de a poco me saco la chamarra, ya que por el mismo entrenamiento me había acalorado bastante.
–¿Ese es nuevo?–Apunta a mi hombro derecho mirando de reojo pues su atención esta fija en la carretera.
–Em...–Miro mi hombro.–Si, algo reciente...
–¿Quieres superarme cierto?–Va conduciendo pero pude notar una sonrisa divertida en su rostro.
–¿Para que querría superarte en cantidad de tatuajes, Styles?–Enarco una de mis cejas.
–No lo sé, plena admiración hacia mi, tal vez.–Reímos juntos.
Tengo ambos brazos decorados completamente con tatuajes, la mayoría a blanco y negro unos retratos, otros cuantos de letras o marcas, también un poco de mi pierna derecha, y el tipo que tengo a un lado, con el que peleo diario también tiene tatuajes, pero me gana en cantidad y por mucho; puesto que tiene abdomen y brazos cubiertos de ellos, se podría decir que es algo ya natural para el.
Y si les intriga saber quien es él, pues Edward, Edward Styles Cox. El chico desde mi punto de vista mas sexy que he conocido jamás, y sobre eso, lo conocí hace cerca de 5 años, un poco después de entrar al gimnasio el igual lo hizo, y es genial, porque somos casi de la misma edad, solo que el me gana por unos cuantos meses, realmente es el único chico con el cual he pasado parte de mi vida, es ese amigo que ha permanecido para mi a pesar de los años. Sin embargo no somos unidos, es algo más como amistad laboral.
–Llegamos.–Anuncia y se baja del auto, estamos estacionados frente a un café local, nada excéntrico y se puede decir que un poco rústico, Edward es siempre así, busca el lugar más recóndito del país para ir y estar a solas o al menos sin gente agobiante. Nos sentamos en una de las mesas y el ordena por los dos, realmente no me doy idea de qué.
–Y..¿que tal el entrenamiento?–Me pregunta a causa del silencio que se hace por esperar la comida.
–Bien, nada que no haya hecho antes.–Dije y ambos reímos, ambos llevamos demasiado tiempo en ese gimnasio.
–Me encanta que haya chicas que se ejerciten.–Hizo una mueca. No era de dar cumplidos.
–Gracias, supongo–Suelto una sonrisa.
–Aquí tienen–Llega una muchacha de mi edad, en altos tacones y con demasiados accesorios para mi gusto. La chica pone sobre nuestra mesa dos platos con hot-cakes y un par de frapuchinos el cual de inmediato llevo a mi boca.–Esto es para tí.–Extiende un pequeño papel hacia Edward provocando que el frunciera el ceño y que yo me atragantara de la risa con el café, el ruludo desdobla el papelito y me lo pasa con una mirada de frustración. Leo lo que este contiene y obviamente, era una invitación a cenar, tenía el número de celular de la chica lo cual me hizo reír un poco más. Pero también aclaraba que vendría al terminar el desayuno por una respuesta, era lista al menos.
–¿Y bien?–Lo miro divertida y me llevo un trozo de hotcake a la boca, delicia de dioses.
–¿Y bien que? ¿Acaso crees que saldré con ella?–Pregunta dejando los cubiertos y viéndome fijamente.
–No seas así Eddie.–Sabia que con llamarlo así solo lograría sacarlo más de sus casillas e igual acabar con la poca paciencia que le quedaba así que antes de que el protestara parto un pedazo de mi desayuno y lo extiendo hacia su boca, el resopla disgustado y abrie la boca para poder tomar el trozo de hotcake y cuando lo hizo vuelve a hablar.
–Tengo una idea.–Dice masticando.–Hazte pasar por mi chica.
–No hables mientras comas, Edward.–Digo mientras niego con la cabeza y miro con los ojos entre cerrados por la ventana hacia la calle ¿Que mierda de propuesta había sido eso?
–Sin rodeos, Hilton. Tu quieres que no sea grosero con ella, entonces hazte pasar por mi novia–Dice tranquilo.
–¿Es enserio?–Digo como niña pequeña.
–Tengo mil maneras de mandar a la mierda a una chica, empezando porque es teñida y anorexica.
–No uses un transtorno alimenticio como ofensa.
–Y tu deja de darle rodeos a la situación.–Sentencia apuntándome con su tenedor.
–De acuerdo, lo habrías hecho acepte o no.–Bufo mientras agarro un trozo considerablemente grande y cuando se lo paso pone mirada asustada.–Anda, come amor.–Sonrío divertida, esta me la va a pagar. El niega y se pone de pie, se sienta ahora a mi lado y hace que me siente en sus piernas.
–Ahora si, amor dame el desayuno-Dice él ahora ganándome, mil veces maldito seas, Edward.
–Oh claro cariño.–Le doy el gran, enserio gran trozo que apenas colgaba del tenedor ya que llevaba allí tanto tiempo que al pasárselo a Edward calló en su camiseta totalmente negra sin mangas que usa para el gimnasio. Lo miro rápidamente y el esta con el ceño fruncido claramente enfadado, agarro una servilleta de la mesa y me giro hacia él nuevamente para limpiar su ensuciada camiseta, pero al parecer él también se ha acercado a la mesa para agarrar un servilleta logrando así que al voltearme quedaran nuestros labios peligrosamente cerca. El me tomo de la mejilla para así por fin unir nuestros labios en un poco tierno beso. Nos separamos segundos después y nos quedamos mirando fijamente.
–Creo que me encantará que seas mi novia.–Sonríe con picardía y yo le correspondo divertida y negando con la cabeza, hasta que mi cerebro funciono de manera debida. ¿El y yo? ¿Novios? ¿De verdad?
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Dos pares, de polos opuestos. Harry y Edward Styles. _______ y Rose Hilton.
Teen FictionPuedes hacer muchas combinaciones de ropa, para lograr outfits diferentes cada día. Pero para cuando trates de abrir un cerrojo será solo un tipo de llave el que la abra. Una sola combinación para abrir el candado. Un candado lleno de misterio, amo...