Durante la mañana me desperté primero que Andrew, por lo tanto, no quería que él se despertara también. Así que permanecí ahí entre sus brazos; sentía como su respiración chocaba contra mi frente, era cálida y muy tranquila. Sus reacciones apacibles eran evidencias de su sueño.
Me quedé mirándolo fijamente; se veía tan pacífico e indefenso cuando dormía, su rostro sereno, su piel era tan suave que te daban ganas de estrecharla entre tus manos, pero contuve esas ganas de acariciar sus pálidas mejillas, sus labios rojos como una fresa, y al momento de probarlos, el sabor dulzón se colaba por tus labios. Tenía unas pestañas oscuras; eran hermosas y muy largas, y su cabello oscuro, aunque bajo el sol siempre solía verse castaño. Sus labios se pegaron a mi frente y sentía como me apegaba más a su cuerpo; estaba caliente, pero su calor no era desagradable, muy por el contrario, se sentía de cierta forma... Reconfortante. Lo miraba como si nunca lo hubiera hecho; mis ojos delinearon cada detalle de su rostro. Su nariz era perfilada, pequeña, pero no mucho; he de decir que es perfecta, tanto como el dueño de ella que se jactaba de ser hecho a medida.
—-Bésame de una vez. —Tragué duro y mis ojos se abrieron desmesuradamente al sentirme atrapado.
—-¡¿Hah?!-Suelto en gesto brusco y a la defensiva, inclinando la cabeza hacia atrás, haciendo lo contrario a lo que me había pedido.
—Qué tímido... —A pesar de lo lejos que hemos llegado antes —me susurró en el oído; sentí como me acaloraba entre sus brazos, rehusándose a soltarme.
—-T-tengo hambre —intervine espontáneamente para deshacer el ambiente. Y siendo soltado por esos calurosos brazos, Andrew tomó asiento en la cama.
— Bien. —Bajaremos a comer en seguida; hoy no debo trabajar. ¿Quieres hacer algo? —Lo miré mientras se ponía la bata blanca hueso. Note que se dirigía al baño, pero se detuvo y volvió su vista hacia mí.
—¿Qué esperas? ¿Tarjeta de invitación? Vamos a tomar un baño. Me quedé ahí parado pensando que había escuchado mal; toda duda se despejó cuando caminó hacia mí y me tiró del brazo hasta el baño.
Le vi quitarse la bata y luego la ropa interior; quedó completamente desnudo. Aunque no era algo nuevo, la situación me resultaba bochornosa.
—-No entiendo qué es lo que esperas. —Lo miré fingiendo que no entendía a qué se refería. Se acercó con su andar intimidante y me metió a la ducha de un tirón, deshaciéndose con maestría de la ropa interior que hacía segundos era lo único que me cubría la desnudez.
Me giré tratando de no dejar que mis ojos quedaran presos en su hipnotizante cuerpo. Sentí sus manos pegarse a mis caderas desnudas. Masajearon estas de arriba a abajo y yo me quedé de piedra sintiendo sus manos acercarse hacia mi parte frontal, sus dedos serpenteando sobre mi ser, recorriendo caminos inimaginables para alguien que no fuese yo.
—-¿Debería ayudarte? —me susurró seductoramente al oído; su aliento caliente chocando en mi oreja me provoca un escalofrío. Niego efusivamente con la cabeza, pero negarse a él es gritar al aire.
La palma de su mano envuelve mi sexo sin remordimiento, arrancándome un quejido. Su mano subiendo y bajando me obliga a retroceder hasta sentirle duro contra mi espalda baja, y su risilla pícara me hace enrojecer y encogerme.
—-Q-Que ha...—llevó su mano a mi boca y puso un dedo dentro de ella; un jadeo se escapó, me estaba costando respirar ante las agobiantes sensaciones.
—-Tranquilo, un placer mañanero no está de más. —Comenzó a masajearlo de arriba a abajo con un poco más de fuerza; su mano se detuvo y me giró para que quedara frente a él. Sus labios se estamparon contra los míos; con su lengua forcejeó hasta que consiguió su objetivo: ambas lenguas se saboreaban y jugueteaban entre sí. En poco tiempo se separó por falta de aire; pude notar cómo sus mejillas estaban levemente teñidas de un color rosáceo y su respiración estaba un poco agitada en comparación con la mía. Estaba sonrojado completamente y mi respiración era irregular, moviendo mi pecho arriba y abajo, haciendo mi agitación más que evidente.
Sus dientes atrapan uno de mis pezones, lamiéndolo, mordisqueando hasta que lo dejó hinchado y enrojecido. Uno que otro gemido se me escapaba tras sus movimientos, como siempre faltos de delicadeza.
Tomó mis manos y, junto a ambos miembros ya erectos, las dos pares de manos comenzaron a masajear ambos miembros. Mi respiración se volvía cada vez más descontrolada, al igual que unos pequeños gemidos agudos por el éxtasis del momento. Noté cómo cada vez se volvía más resbaladizo, pues ambos estábamos chorreando aquel líquido antes del orgasmo que provocaba que, muy a mi pesar, el morbo me excitara.
Apreté mis labios tratando de cesar mis jadeos en un intento casi inútil; un gemido sonoro escapó de entre la barrera que había impuesto. Sentí cómo mis manos se llenaban de un líquido blanquecino, pero al mismo tiempo algo transparente. Estaba caliente, ambos lo estábamos, ambos habíamos llegado al orgasmo en ese pequeño momento de placer. Alzando la mirada, me crucé con la de él, sus mejillas sonrosadas y su respiración agitada. Sus ojos me atraparon, me fue imposible apartar la vista, y solo sentí la cálida presión de sus labios mientras ambos manteníamos los ojos cerrados en un beso apasionado, un beso que cesó luego de unos segundos que fácilmente me resultaron horas.
—-Vistámonos y vamos a comer.—Su voz resonaba suavemente hasta mis oídos. Asentí con la cabeza y, luego de vestirnos, nos dirigimos al comedor.
Como siempre, todos saludaban a Andrew y en orden estaban las mucamas y mayordomos al costado de la enorme mesa.
No deja de sorprenderme la extravagancia.
Pensé.
—-Gracias-dije al chico rubio con una sonrisa. También me devolvió una sonrisa. Al acomodarse al costado de la mesa, al igual que los demás sirvientes, su mirada se impregnó en mí. Me era incómodo que mantuvieran una mirada tan fija; no soy atractivo o llamativo y solo llegaba a pensar que tenía algo en la cara o entre mis dientes y aquello me ponía ansioso.
—-¿Y bien? No me dijiste si querías visitar algún lugar hoy. Estaba pensando en que no sería buena idea salir a algún lugar con él tan expuestos; le habían tratado de asesinar, o eso era lo que suponía. Sin embargo, me quedé callado ante mis pensamientos.
¡Hey! Max... —¿Estás bien? —asentí en seco con la cabeza, comiendo rápidamente como si aquello me ayudase a desaparecer.
—-Vamos di algún sitio... No siempre tengo días libres... En su caso; ¿qué te parece el acuario? —Levanté la mirada de mi plato hasta sus ojos.
—-Si el acuario... No hay mucha gente, es día de semana. ¿Por qué no vamos? —Lo pensé un momento, ¿sería buena idea ir con él allí?... Bueno, ciertamente no habrá muchas personas porque es día de semana, pero... No estoy completamente seguro, aunque reprimo expresar mi inseguridad.
—Vamos, no seas aburrido... Alistaremos todo e iremos a pasar un día divertido.—Asentí con la cabeza, forzando una sonrisa.
En ese instante lo que menos siento es que podría ser un día divertido.
ESTÁS LEYENDO
$ubasta
Romantizm-Siempre me he considerado el objetivo de mira de las desgracias. Honestamente, hasta cierto punto llegué a tomarlas como algo normal en mi vida. Cuando creí que no podía ponerse peor, todo dio un salto, tornándose brusco y confuso. -Te presentaré a...
