capítulo 25

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≈•Mike•≈

Andaba por ahí dando una vuelta cuando de pronto el celular de Alexander suena. Nos sentamos en un banco y contesto el celular. A lo lejos se oía una voz femenina y, mientras admiraba el rostro en calma de Alex, este cambiaba drásticamente a uno de sorpresa y preocupación.

—Claro, iré enseguida —dijo con la respiración acelerada. Dejando mi presencia completamente confundida. Se giró hacia mí y me miró algo apenado antes de decir: —Le han disparado a Andrew, no está en mal estado, pero...— Pude percibir que sus palabras no salían por voluntad propia; los segundos pasaron lentos antes de que volvieras a hablar tras aquella pequeña pausa. Han... Max está... — Mi corazón se detuvo, mis ojos se volvieron vidriosos y mis sentidos huyeron de mí.

—¿Q-qué le ha pasado a Max?... —dije casi en un murmullo; el pelirrojo se encogió de hombros, haciendo saber que no tenía la menor idea de que había sucedido.

—Me han llamado del hospital... A-Andrew quiere vernos a los d-dos. — Era inevitable no sentir el aura de preocupación que desprendía su cuerpo.

—Vamos... ¿Qué esperas? —dije empujando su espalda hacia el automóvil rojo.
Nadie dijo palabra en todo el trayecto al hospital. Una vez llegamos, solo fue preguntar a la maldita recepcionista para que nos llevase a la sala de Andrew.

—Esta es la habitación del señor Wittaker. — La rubia sonrió a Alexander con sus labios rojo puta y luego le guiñó un ojo con sus pestañas largas y, claro... Postizas. Bufé una vez; la rubia se giró y se fue.

—Permiso —dije y entré antes que Alexander a la habitación. Andrew estaba con una bata blanca medio abierta; en su pecho se veía el vendaje que supongo, yo soy el lugar que la bala atravesaría.


—M-Max? Digo, amo está, ¿bien? —me dedicó una sonrisa agria y negó con la cabeza.

—Hola, hermano... Dios, eres un desastre —le di un codazo a Alex cuando soltó eso.

—¿Y Max? ¿Él está...? —sus palabras se cortaron.

—Le han secuestrado. — Mis sentidos huyeron de mí.

—¿¡Qué!? — salté a la conversación. —¿C-cómo que secuestrado? —Andrew ha agachado la cabeza, dándome a entender que no tenía la menor idea de qué, como en qué momento.

—¿Pero le han hecho daño al m-momento? —negó cabizbajo nuevamente.

—¿D-dónde está él? — pregunté.

—Se me da la idea de un posible lugar. — Su voz era baja y sin vida. Alex ha tomado asiento junto a la camilla, tomó la mano ajena y sonrió dulcemente.

—Dinos dónde está... Mataremos a esos hijos de... —Y antes de terminar aquella última palabra, las puertas se abrieron y un hombre alto y con cara de pocos amigos entró junto a su aura fría e impenetrable.

Ya estábamos camino al lugar. Una especie de hotel, pero de muy mala calidad por las descripciones de Andrew.
Mis manos sudaban y temblaban. Tal pareciese que Alexander se había percatado de mi nerviosismo y preocupación, ya que tomó mi mano sin despegar la vista de la interminable carretera.

—Todo saldrá bien —dijo haciendo media sonrisa. Suspiré, cediendo ante sus palabras.
Mierda, Max, ¿en qué lío te has metido, imán de los desastres?

≈•Max•≈

—¿Q-qué?... —Tras remover mi cuerpo de aquella incómoda posición, algo me lo impedía: mis manos tras mi espalda y mis piernas, que casi no las sentía.

—Wow, ¿ya ha despertado? —preguntó aquella persona de voz ronca y ojos azules que se estaba adentrando a la habitación.

—Sip —dijo Sean, tomando mi barbilla, moviendo mi rostro para mirarme y detallar mejor este.

—Bien, yo los dejo; tenemos alrededor de una hora y media. Aprovéchalos bien —sonrió macabramente el ojiazul y abandonó la habitación.

—Como usted diga, señor Patrick —dijo, asiendo una reverencia a la cual me habría reído de estar en otra situación. —¿Qué dices? —movió las cejas de arriba a abajo y saltó a atacarme; no es exageración, sino que literalmente fue así. Tomó mis piernas sin fuerzas y adormiladas y las abrió, posicionando su cuerpo entre ellas. Tomó mi camisa y tiró de ella, haciendo que los botones salieran disparados a quién sabe dónde.

—¿Q-qué haces!? —dije alarmado cuando su rostro se acercó peligrosamente al mío. Moví la cabeza de aquí para allá tratando de esquivar su clara intención de besarme. Sus manos sostuvieron mi rostro y, dando un lametón sobre mi labio inferior, forzó su lengua adentro de mi boca, hasta que por fin pude tener la libertad de respirar. Comenzó a besar mi hombro, pasando a la clavícula y luego descendiendo hasta mis pezones.

—Sigo sin entender por qué te resistes. — Mis ojos cedían a las lágrimas descontroladas mientras me quejaba y removía, rogando compasión.

—¡No!... ¡Por favor, para! — grité cuando dio el primer paso de su lengua y dientes por uno de mis pezones.
Chillé de dolor cuando sus dientes apresaron la carnosidad de estos. Rogando, chillando, gimiendo por el dolor que me estaba provocando.
Se sentía asqueroso, me sentía horriblemente asqueado, solo quería ser tocado de esta manera por una sola persona, solo quería que él me viese de esta manera.

Su mano pasó a mi vientre y desde ahí descendió aún más abajo, hasta mi miembro.

—Ya... ¡No más! — rogó entre sollozos, a los cuales él no tenía menor remordimiento.
Bajó la bragueta de mi pantalón y lo impensable pasó.

—¡Max! — gritó cierto rubio.

—¿¡Qué crees que haces, eh, bastardo!? —el novio de Mike... Solo divisé el momento en que el de cabello rojizo se abalanzó a Sean, luego a Mike frente a mí, pero su imagen era borrosa, y luego ya nada, todo era oscuro y al final, antes de perder la conciencia por completo, muy a lo lejos en aquella oscuridad, el sonido de un vidrio rompiéndose. ¿Mis sentidos, mi pensar, mi cuerpo, todo yo había muerto, se había dormido? ¿Así se sentía estar muerto o solo estaba inconsciente? Solo deseaba gritar por ayuda, pero como si algo estuviese tapando mi boca me lo impedía; quería moverme, pero no podía hacerlo, abrir los ojos, pero al final solo había más y más oscuridad. ¿Qué pasa y qué pasará conmigo?

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