Un año después
—Alexander, estoy muy nervioso —dije mientras me aferraba aún más al brazo del mencionado.
Ya había perdido la cuenta de todas las veces que he repetido lo nervioso que estoy.
Estoy caminando a las puertas color marrón, enormes, en las que una vez descubrí ese hermoso lugar de árboles de cerezos, y lugar en el que hoy sellaré mi amor con Andrew.
—Dios, hasta perdí el número de cuántas veces lo has repetido —comentó burlón el pelirrojo.
Del otro lado de las enormes puertas podía oír la orquesta tocando esa hermosa melodía, esa melodía que solo había escuchado en películas, de la que nunca creí ser el protagonista.
—¿Estás listo, cuñado? —dijo divertido Alex mientras me tendía un brazo, el cual debía tomar.
—Estoy listo —dije suspirando profundo.
Los hombres en las puertas abrieron estas de par en par.
Al final del pasillo repleto de unas hermosas y adornadas sillas, se veía a Mike en un costado y justo frente a mí; podía ver al hombre que amo tapándose el rostro, conteniendo las lágrimas.
Caminamos mientras todos se ponían de pie, a paso lento al encuentro del amor de mi vida. Y una vez estuve ahí, frente a él. Me quedé paralizado; los nervios me consumían. Realmente pensaba que esto era un sueño y solo quería echarme a llorar por lo hermoso que era.
Alexander me dejó a manos de Andrew, mientras que junto a Mike se posicionaban tras nosotros. Pues ambos serían los padrinos y Mary, bueno, Mary fue la que organizó todo esto... Algo tan radiante y perfecto.
—Te ves hermoso —dijo Andrew, sacándome de mi ensoñación. Le miré de lado mientras le sonreía ampliamente, apretó mi mano y ambos entrelazamos nuestros dedos.
Perdí la noción, ¿en qué momento la juez comenzó a hablar?
—Pueden decir sus votos. —Irrumpió en mis oídos la voz de la mujer; me sonreía con ternura y amabilidad.
Andrew y yo nos miramos cara a cara; me sonrió tan radiante que logró atravesar mi corazón.
—Yo... Andrew Wittaker, prometo hacerte el hombre más feliz del mundo. Prometo amarte por el resto de nuestros días, estar siempre a tu lado, en días buenos y malos, y consentirte cada día solo para verte feliz. — Tomó mi mano con suma delicadeza, como si esta fuese lo más frágil del mundo.
Mary, con unas hermosas argollas, se acercó y Andrew tomó una que parecía ser más hermosa que la otra. Deslizo el anillo por mi dedo anular, sentí mis ojos llenarse de lágrimas; aun así no derramé ninguna.
Ahora sería mi turno de expresar mi amor.
—Yo... M-Max Lether... —Respiré profundo, dejando que en ese viento mis nervios volaran con los hermosos pétalos. —Prometo estar siempre a tu lado, en la salud y en la enfermedad, por el resto de nuestros hermosos días. Prometo hacer lo imposible por escuchar tus hermosas risas y por no ver que derrames una lágrima... Prometo ser el hombre que te haga feliz. —Tomé la argolla dorada y la deslicé por su fino dedo, besé su mano y la miré directo a los ojos, ojos que estaban cargados de amor y alegría.
— Por el poder que se me ha conferido. Declaró que esta hermosa pareja está unida.
Por el resto de sus días—la chica castaña sonrió con dulzura mientras extendía dos papeles. Firme uno yo y luego uno Andrew y tras nosotros Mike y Alexander. La mujer volvió a hablar. —Puede besar al novio —comentó picarona y un calorcito subió a mis mejillas.
Sentí la dulce presión sobre mis labios, fundiéndose en un beso dulce y suave.
—Te amo —dijo Andrew una vez que nos separamos mientras me miraba con dulzura; mi corazón no paraba de latir con fuerza.
—¡Que vivan los novios! —gritaron todos al unísono.
Andrew me cargó como princesa mientras ambos reíamos entre los halagos y gritos de los demás. Andrew caminó a las puertas mientras los pétalos y el arroz se fundían en nuestras cabezas con sus gritos de "¡Vivan los novios!".
***
Al llegar al banquete, ya todos se hallaban ahí; quedaba mencionar que el traje que llevaba era muy cómodo, era completamente blanco. Andrew con su traje negro que le hacía resaltar aquellos bellos ojos azules. En este momento todos estábamos en el banquete, cuando de pronto Mike se ha puesto de pie.
—Disculpen todos, quiero hacer un brindis —dijo mientras dirigía su mirada en busca de mis ojos.
—Nos conocimos en una circunstancia cualquiera; siento que, más que un amigo, eres un hermano. Ax, gracias por todo lo que has hecho por mí; te mereces ser feliz... Y Andrew, por favor... Cuida bien de él. Mis ojos se llenaron de lágrimas y todos comenzaron a aplaudir.
De pronto, Alexander también se ha puesto de pie.
—Hermano cuñado... Les deseo lo mejor del mundo; son una pareja excepcional y hermosa. Que su amor sea el mejor de todos . Nuevamente, todos celebraban esas hermosas palabras.
—Gracias —dije al unísono con Andrew y, entre risas y bromas, la cena acabó.
Y la hora del vals llegó.
—¡Atención, despejen la pista para el vals de los novios! —se escuchó la voz animada de Mary desde el escenario por el micrófono; la melodía comenzó a tocar y Andrew se puso de pie.
—¿Me permite, señor Wittaker? —dijo mientras me tendía una mano educadamente.
Tome su mano mientras sonreía enternecido.
Caminamos al centro de la pista, entrelazamos nuestros dedos, su brazo rodeó mi cintura y mi mano uno de sus hombros.
Y comenzamos a danzar; en un baile relajado, apoyé mi cabeza en su pecho, escuchando los latidos acelerados de su corazón. Sentí como sus labios se posaron en mi cabeza en un beso regalón mientras me apegaba más a su pecho.
—Te amo —dije y me besó los labios con amor.
—También te amo, príncipe —y volvimos a nuestra posición anterior.
—Atención, algo que anunciar —dijo una voz conocida, Mike, obviamente.
—Tengo algo muy importante que decir... —Hizo una pausa algo dramática. —¡Amigos, me voy a casar! —dijo mientras bajaba rápido del escenario y corría a los brazos abiertos del pelirrojo; ambos se besaron con lujuria y se abrazaron. Se dirigieron en aquel mismo abrazo a la pista de baile y comenzaron a danzar junto a mí y a mi marido.
—Felicidades —dije yo a la pareja junta.
—Ya era hora —comentó burlón Andrew, haciendo reír a los muchachos.
—A pesar de saber que era el indicado desde el inicio... Tenía miedo de espantarlo —comentó Alexander, haciendo que Mike le diese un golpecito en el brazo mientras Andrew y yo reíamos.
La vida siempre será un riesgo que correr, pero, ¿por qué no vivir ese riesgo?
≈•Fin•≈
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$ubasta
Dragoste-Siempre me he considerado el objetivo de mira de las desgracias. Honestamente, hasta cierto punto llegué a tomarlas como algo normal en mi vida. Cuando creí que no podía ponerse peor, todo dio un salto, tornándose brusco y confuso. -Te presentaré a...
