La cafetería hoy, 10, estaría cerrada; Lou asistiría a una boda, Alexander y Mike también.
—Max, ya no llores —decía con voz de apenado Nath.
Él se quedó conmigo a pesar de que Mike no quería por nada del mundo dejarme solo, pero yo insistí en que fuese a la boda y que estaría bien.
Mike y Alexander se estaban arreglando y vistiendo para la ceremonia. Yo estaba encerrado en mi habitación llorando mientras el peliazul me abrazaba y casi lloraba junto a mí.
—Max —escuchó luego de tres golpes en la puerta.
—¿Sí? —respondí yo tratando de sonar lo más calmado posible.
—Max, ¿estás seguro de querer quedarte solo? Sabes, no es necesario que yo vaya. — Mike se escuchaba preocupado detrás de la puerta.
—Estaré bien, tonto, solo vayan y pasen el rato en vez de estar custodiando — comenté yo lo más animado posible.
Eres un orgulloso.
Se escuchó un murmurio tras la puerta.
—Está bien, cuidado ... Llegaremos lo más temprano posible —dijo con palabras que se rendían ante las mías.
—No te preocupes —dije sonriendo para mis adentros.
—¿Max? —dijo otra vez en llamado de mi nombre.
—¿Qué pasa ahora? —dije, no indiferente, si no algo más alegre por su preocupación por mí.
—Te quiero, por favor, cuidado —mi corazón se habló y se estrujó. Escuché los pasos alejarse de la puerta y luego un portazo un tanto débil que me hacía saber que ya se habían marchado.
Yo comencé a sollozar por lo bajo mientras Nath me abrazaba protector.
—Max, alguien así no merece tus lágrimas. —Alcé el rostro para toparme con aquellos ojos cargados de amor.
—Lo amo —dije en un murmullo con mi voz quebradiza.
—Max, me gustas —dijo tan bajo que creí haber escuchado mal.
—N-no te oí, l-lo siento —dije tratando de yo mismo creer que había oído mal.
—Dije que... Me gustas —acarició mi mejilla con la palma de su mano mientras yo seguía congelado ante aquella declaración.
Acercó su rostro con calma al mío; sus manos cálidas acunaban mi rostro en una sensación de calidez que me llenó por completo, haciéndome perder el control de mí mismo y la conciencia.
—Max —susurró antes de unir sus labios a los míos; sentía mi labio inferior ser acorralado entre sus dientes y cómo con lentitud me recostaba de espaldas sobre la cama.
Sus piernas estaban a cada uno de mis costados y no cesaba de besarme con pasión.
Yo no respondía a sus caricias y besos, pero me dejaba hacer.
Tomó mis manos y las posicionó en sus caderas mientras trataba con desesperación de adentrar su lengua en mi cavidad bucal. Y ahí recobré mis sentidos junto con una descarga eléctrica que me trajo a la vida otra vez.
—¡N-N-Nathan, ya basta! —dije, pero él hizo caso omiso. — Nath—repetí con un poco de fuerza en mi voz esta vez.
Él me miró unos instantes y agachó la cabeza.
—Lo siento —dijo y, tras ello, comenzó a llorar. —Max, me gustas —repitió nuevamente. Yo me levanté y senté al muchacho a un lado en la cama. —¿Max? —preguntó cuando me puse de pie.
—Sé que te gusto, hace mucho me había dado cuenta, ¿sabes?
Pero mis sentimientos por Andrew no cambiarán tan fácilmente. Yo te quiero, pero es el cariño que le tendrías a tu hermano menor. — De sus ojos caían pequeñas gotitas que humedecían sus mejillas.
—Sigo sin entender algo —dijo, cosa que no logré comprender.
—¿A qué te refieres? —Él me sonrió de manera amable mientras sorbía su nariz.
—¿Cómo soportar que el hombre que amas... Se vaya con alguien más —me ha vuelto a sonreír.
—No lo hago en realidad —dije sonriendo con debilidad. —Si lo soportara, no estaría llorando en este momento. No estaría siendo miserable. —
—Pero tienes la oportunidad de parar eso en este instante, y lo sabes . —Afirmé con la cabeza. —Él te ama y si vas a parar la boda, de seguro que él te escogería a ti. —Mis ojos se comenzaron a humedecer nuevamente; apreté los dientes con fuerza, tratando de contener aquel grito con desesperación.
—Claro que puedo... Pero no tengo el valor... ¡Desearía parar toda esta maldita mierda, pero no soy capaz de hacerlo! —estaba perdiendo los estribos. Max, calma. Me repetía a mí mismo. —No quiero ser feliz si no es con él —dije y cerré mis ojos con fuerza mientras las lágrimas recorrían mis mejillas hasta fundirse con mis labios.
—Vamos entonces... —¡¿A qué esperas, Max?! —dijo y me arrastró por toda la ciudad sin siquiera darme oportunidad de algo. Cada vez que abría la boca me hacía callar; cuando quería escapar, enterraba sus uñas en mis brazos.
Y sin darme cuenta me hallaba aquí, en este lugar al que temía tanto venir; podía oír la voz del padre detrás de las puertas cerradas frente a mí.
—No creo que esté bien —comenté, desconfiado de mis acciones a Nathan.
—Si no lo haces, nunca lo sabrás —me sonrió con malicia antes de darme unas palmaditas en la espalda como consuelo.
Inhalo hondo por la nariz, preparando mentalmente mis acciones y palabras.
Y este es el momento en el que te das cuenta de que si no luchas no serás nada, que si no luchas por tu amor, tu felicidad, por lo que realmente vale la pena y por lo que quieres, puedes perderlo todo. Todo se puede ir a la misma mierda por un momento de cobardía. Pero yo no daría espacio a ese momento de cobardía.
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$ubasta
Romance-Siempre me he considerado el objetivo de mira de las desgracias. Honestamente, hasta cierto punto llegué a tomarlas como algo normal en mi vida. Cuando creí que no podía ponerse peor, todo dio un salto, tornándose brusco y confuso. -Te presentaré a...
