—¡Celular, celular! —comencé a balbucear mientras rebuscaba en la habitación mi celular.
Andrew me había regalado uno hacía ya bastante tiempo, pero no tendía a usarlo mucho.
—¡Bingo! —exclamé una vez que lo encontré. ¡Ahh...! —Maldición, sin batería —refunfuñé a mi mala suerte, un cargador. Comencé a buscar en cajones y en el pequeño velador; además de encontrar el cargador, también encontré la tarjeta de Sean.
Al encender el celular, luego de unos minutos la pantallita se encendió, iniciando este. Una vez estuvo completamente configurado, el celular se encendió con un 30% de batería; la pantalla estaba adornada con una fotografía típica de este modelo, bolitas de variados colores y uno que otro widget obstruyendo la pantalla, al igual que aplicaciones innecesarias.
—¿Al fin le darás un uso a ese cacharro? —La voz familiar me hizo girar de un sobresalto mientras me aferraba atemorizado a mi celular.
Q-que... —¡Mike!? —Escribió su nombre enfadado. —Es que casi me da un infarto, ¡joder! —le recriminé, mirándole mal.
—Quizás qué hacías —dijo mirándome pícaramente. Mis mejillas se tiñeron ligeramente de rosa por la vergüenza.
—Yo no soy el pervertido aquí —dije, inflando los mofletes, fingiendo estar enfadado mientras apuntaba, juzgador, a su persona con el dedo índice.
—Ajá, sí, claro —dijo, ignorando completamente mis palabras, o más bien mi presencia. —¿Por qué volviste solo?... —¿Y Andrew? —Se sentó al borde de la cama y yo copié su acción, tomando asiento a su lado.
—Pues me envió a casa, ya que tenía bastante trabajo. Hay veces en las que realmente le extrañaba mucho, y hoy no era diferente.
—¿Y tú te viniste directamente a casa? —me preguntó extrañamente, más curioso de lo normal.
—Pues fui por un café en compañía de un amigo... —¿Por qué? —me miró unos instantes como tratando de descifrar algo en mí, como si fuera de otro planeta o hablara otro idioma.
—¿Y quién es ese amigo, eh, cómo se llama? —Bien, más que confirmado, algo andaba bastante mal según su reacción.
—Se llama Sean... —No dijo absolutamente nada, solo se quedó ahí mirando a la nada.
—¡Genial! —dijo saltando a abrazarme. —¿Qué carajo le pasaba? —Es bueno saber que tienes más amigos, Maxi. —Me besó la mejilla y se dirigió a la puerta.
—¿Y ya te vas? —pregunté, desanimado por su abandono; me gustaba estar en su compañía.
—Si tu novio me dio la tarde libre y... —Ya sabes —dijo con su tierna sonrisa de siempre, pero más como un bobo enamorado.
—Alexander —dije sonriendo. Ese par de pervertidos.
—Dijo que tenía algo importante que decirme —dijo encogiéndose de hombros.
—Wow... —Eso es genial —dije, alegre por él. Sus labios se curvaron en una sonrisa regalona y salió de la habitación agitando su mano.
—Bien, ahora... —dije murmurando en la soledad como un maniático.
Tras ingresar a la aplicación de contactos del celular, comencé a teclear el número de la tarjeta de Sean.
Sean ha sido agregado a contactos.
Hola.
Por alguna extraña razón borré el mensaje, ¿por qué me importaba tanto la manera en que recibiría mi mensaje? Así que volví a teclear.
¡Hola, Sean!
Desconocido.
Hola, tú eres Sean.
Oh, claro, soy Max.
Desconocido.
Oh, genial, espera un
Momento, te agregaré.
A mis contactos
Sean.
Está bien :)
Desconocido.
Max ha sido agregado a contactos.
Listo, ¿qué haces?
Sean.
Nada en realidad.
¿Y tú?
Máx.
Pues voy a hablar con
El dueño de uno de los
Hoteles del centro.
Sean.
Ya veo, necesitas
¿Hospedaje?
Máx.
¿Por qué? Estás dispuesto
¿A ofrecerme una cama?
Sean.
Por alguna razón sentí que en sus palabras había otra clase de intención, pero ignoré eso completamente y seguí con la conversación inocentemente.
Solo pregunto.
Máx.
Pues, es para el rodaje.
De mi nueva película.
Sean.
Oh, eso es genial, Sean.
Máx.
Sí, te dejo, ya he llegado.
Sean.
Okay, nos vemos.
Máx.
Nos vemos, chico lindo.
😘
Sean.
Su último mensaje me confundió un poco. ¿Entre hombres no sería raro llamarse "chico lindo"? Quiero decir, no estaría tomándose demasiada confianza conmigo o tal vez imaginando cosas que no son.
Me acomodé mejor en la cama, dejando el celular sobre la mesita de noche conectado al cargador.
Mis ojos comenzaron a pesar, y en un dulce abrazo cálido el sueño me atrapó.
—Hey, princesa, despierta. —Aquel suave susurro y una cálida presión sobre mis labios me hicieron abrir los ojos pesadamente.
—Oh... —Y-ya estás aquí —dije, somnoliento aún. —¿Qué hora es? —me senté sobre la cama y él hizo lo mismo. Comenzó a desanudar su corbata y quitó su ropa del trozo hacia arriba.
—Son las diez de la noche —me levanté y también quité mi ropa, quedando solo en bóxer; Andrew estaba igual. Nos metimos a la cama y al instante me abrazó pegando su dorso a mi espalda desnuda; una de sus manos estaba aferrada a mi cadera y la otra reposaba bajo mi cuello, haciendo de almohada.
—Oye, ¿qué crees que pasó? —Me besó el cuello varias veces sin dejarme responder; suspiré profundo ante aquel último beso.
—¿Qué sucedió? —pregunté, por fin, con la dificultad de articular palabra.
—Sean Clark rodará su siguiente película en uno de mis hoteles.
Me quedé en silencio, casi helado por la noticia. —Y debo estar presente en la grabación... —Irás conmigo, ¿verdad? —Me giré sobre sí mismo para tenerle frente a frente, sintiendo el contacto de su dorso y pecho con el mío.
—Claro que estaré. —Le besé la nariz y él me sonrió enternecido, besó mis labios con ternura y apretó su abrazo. No tomó mucho para que ambos pudiésemos conciliar un sueño profundo.
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$ubasta
Romance-Siempre me he considerado el objetivo de mira de las desgracias. Honestamente, hasta cierto punto llegué a tomarlas como algo normal en mi vida. Cuando creí que no podía ponerse peor, todo dio un salto, tornándose brusco y confuso. -Te presentaré a...
