Capitulo 18

2.2K 173 29
                                        

Estaba de vuelta en la mansión, en la habitación, para ser más exactos, pensando en lo que hace un momento había pasado. ¿Qué debería hacer? Eran las palabras que tomaban posesión de mi cabeza, o por qué no pudo ser un hombre más comprensivo.

Saqué prenda por prenda de mi ropa, dejándola perfectamente doblada en un extremo de la cama, la cual ya estaba hecha, por supuesto, para poder tomar una ducha fría, algo que me relajara cada músculo tenso de mi cuerpo. Tenía demasiadas emociones mezcladas en mi interior: ira, ¿por qué ira? Porque Andrew se merecía un padre que entendiese sus deseos, gustos, un padre que lo entendiera. Miedo, miedo, porque ese hombre puede ser capaz de cualquier cosa en todo sentido; podría enviar a matar, secuestrar a mi persona o incluso hacer algo con sus propias manos. Miedo por el hecho de que sea el padre de Andrew, y debido a eso, puede alejarlo de mi lado. Nervios, nervios por una razón similar a la anterior; en cualquier momento ese hombre sería capaz de atacar.
El simple hecho de imaginar tales cosas, pensar en las posibilidades, hacía que mi cuerpo se estremeciera y temblara.

El agua ciertamente sí me relaja el cuerpo, me despejaba la mente y me sentía más limpio en cuanto a angustia. Cada gotita que se deslizaba por mi cabello hasta fundirse con el resto tras pasearse por mis piernas, el hielo del agua, pasando por mi cuello, hombros, espalda y lo que resta de mi cuerpo.

—Piensa en otra cosa —me he dicho a mí mismo en voz baja, proclamando a que mi cerebro escuchara y así tener una respuesta de este. Entonces comencé a pensar en algo de lo que no me había percatado, algo que siempre solía atormentar mis sueños, pero que ahora había desaparecido. Mis padres. ¿Hace cuánto que no visito a mis padres? Seis, siete meses, tal vez.

—¿Y sí? —volví a murmurar en voz baja para mí mismo, mientras el agua no cesaba de humedecer mi cuerpo.

¿Andrew aceptaría ir al cementerio? ¿Pero qué pasa si le desagrada la idea? Bueno, esta ciudad es bastante grande, he de decir. Cuando era pequeño, solíamos visitar la tumba de mis abuelos (abuela y abuelo); ambos habían fallecido abrazados, en el sueño, tras ser tan ancianos. También recuerdo que una de las tumbas que había me llamaba mucho la atención; tenía unos hermosos jarrones de porcelana, siempre estaban adornados con lavandas, nunca estaban marchitas; supongo que los familiares adoraban mucho a la mujer. Recuerdo una vez haber visto a un chico; al acercarme, salió corriendo. Aún no proceso muy bien lo ocurrido aquel día. Pero logré ver por primera vez el nombre de la persona que yacía en aquel lugar tan bonito.
Elizabeth Celline... Abbot, desgraciadamente, el primer apellido estaba algo destrozado y picoteado, por lo tanto, solo resaltan las dos últimas letras: Er esas letras.

Salí de la ducha y tomé la misma ropa con la que estaba vestido antes; tras colocarla en mi cuerpo, me lancé de espaldas a la cama.

—Ahora que lo pienso —murmuré en voz baja. Parezco idiota hablando solo, pensé antes de reír tontamente.
Celline. Ese nombre rebotaba en mi cabeza, como si fuera algo que debería descubrir, algo importante que recordar.
Mis ojos comenzaban a pesar; me sentía cansado y frustrado mentalmente.
A poco de recordar aquel nombre, los brazos de Morfeo me aprisionaron ya, quedando sin escapatoria.

Desperté con los suaves susurros y movimientos de Andrew.

—Mph... —Ni siquiera yo sé qué significaba aquel ruido que había emitido.

—Hey, ya despierta —susurró Andrew con dulzura a mi oído.

—E-estoy en p-proceso aún —dije, volteando mi cuerpo con dificultad sobre la cama para llegar a gatas a la orilla y bajar de esta.

—¿Quieres hacerle algo?... He vuelto más temprano; apenas son las seis —dijo mientras sacaba su chaqueta.

—Pensaba en algo, no sé si te guste la idea —dije algo incómodo.

—No te preocupes, tú solo di dónde iremos. Una sonrisa boba se esbozó en mi rostro, mientras mis ojos tenían cierto brillo de esperanza.

—Quiero ir a... "Plaza recordó"—Andrew fijó su mueca en una de curiosidad. Sonreí tomándole de las mejillas y apretando estas.

—Me cambio y vamos, ¿vale? —dijo. Afirmé con la cabeza mientras le veía desvestirse y luego vestirse con una ropa no muy común en él. Una sudadera negra, unos jeans azules y unas zapatillas negras. El vestuario informal le hacía ver más joven, como uno de esos sexis chicos malos de las revistas.

—Sigue mirando y comenzarás a babear —se burló, haciendo mis mejillas tornarse de un color carmín vivo.

—Apresúrate, si no, no podremos salir de la habitación —dije en tono picarón, a lo que él sonrió de lado, se acercó a mis labios apresurados, pero antes de que pudiera sentir sus cálidas fresas finas sobre mis labios, puse una mano sobre estas, juguetona.
—Vamos —comenté, burlón, saliendo de la habitación.



Íbamos camino a "Plaza Recuerdo", en otras palabras, el cementerio más grande de la ciudad y el más hermoso. Mi corazón latía a mil por hora; sentía que en cualquier momento ese órgano que me facilitaba vivir saldría disparado de mi pecho. Es de suponer que Andrew notó mi nerviosismo; tomó mi mano mientras que ambas manos con los dedos entrelazados corrían la palanca de cambio para subir la velocidad.
El contacto cálido de su mano me suavizó cada latido descolocado del corazón, relajó cada nervio tenso de mi cuerpo.
Ya estábamos en la entrada, y al bajar del automóvil sentía la brisa fresca jugar con mis cabellos; acariciaba mi nariz y el dulzón de las flores que se hacía uno con mi respiración.

—Por aquí —fuimos a comprar un ramo de rosas rojas, tan rojas que el color resaltaría entre todo el lugar. También compré dos ramillas de lavanda por si Andrew estaba de acuerdo. Quería ver aquella tumba que tanto me gustaba de niño; me gustaría ver si se mantenía igual de hermosa.

Nos detuvimos frente a una hermosa tumba de cerámica blanca; estaba algo saltada en las esquinas y tenía flores secas.

—Tiempo sin verlos —dije mientras acomodaba las rosas en cada jarrón. Tras cada rosa, una lágrima escurridiza escapaba de mis ojos. Los extraño.

$ubastaDonde viven las historias. Descúbrelo ahora