Ya habían pasado dos días desde el incidente con el padre de Andrew, y tras investigar, había dado con su lugar de trabajo y nombre, y estaba decidido a hacerle saber lo que pensaba, lo cruel que habían sido sus palabras sin dejarme intimidar.
Patrick Wittaker era el nombre de aquel sujeto; su apellido ya lo había deducido por Andrew... Andrew Wittaker, y con un poco de investigación y hablando con Mike, que me fue de bastante ayuda, averiguamos su lugar de trabajo y nombre; trabajaba en una empresa del centro llamada Celline Wittaker, una de las tantas que manda, supongo. Solo debía poner en orden mis ideas antes de llevar a cabo mi supuesto "plan".
Primero, me haría pasar por cansado o enfermo y me quedaría en casa para que Andrew vaya a su trabajo sin preocupaciones.
Segundo: escaparía sigilosamente con la ayuda de Mike.
Tercero: Encarar a aquel horrible sujeto. Es curioso que odie tanto a ese hombre y sea mi suegro.
No pude evitar reír al pensar semejante estupidez.
—A la cama —dijo Andrew, trayendo mi consciencia de vuelta a la tierra.
—Vale, estoy algo cansado. Nos adentramos a la habitación y tosí falsamente varias veces, llamando su atención.
—No me agrada mucho tu tos —¿Por qué mañana no te quedas aquí? —Bien lo logré, aunque internamente me siento terrible por mentir tan horriblemente a mi Andrew.
—Vale... —Pero ¿estás seguro? — Él asintió con la cabeza. Ya ambos estábamos en la cama, acomodando nuestros cuerpos que encajaban tan perfectamente; debido a que ambos solo llevábamos la ropa interior, sentía su pecho pegado a mi espalda desnuda.
—Buenas noches, amor —dijo dulcemente en mi oído, depositando un beso en mi cuello.
—Buenas noches —dije casi en un susurro, dejándome atrapar por los dulces brazos de un profundo sueño.
Ya eran las 12:00. PM, y Andrew lleva unas horas fuera en el trabajo. Ya había venido la mucama del desayuno, así que le dije que Mike se encargaría de mí lo que restaba en la llegada de su amo y mi novio.
Max: Mike, manos a la obra.
Mike: Vale, ya voy.
Ya había mensajeado a Mike; solo quedaba esperar.
Luego de unos cinco minutos aproximadamente, llamaron a la puerta con tres toques en esta.
—Vamos —me dijo, y al doblar aquí, allá y quién sabe por dónde más —me hallaba muy perdido—, salimos sin encontrar a nadie en el camino, vaya suerte.
—Nos vemos —dije; él solo me sonrió tiernamente y acto seguido opté por encaminarme al centro de la ciudad.
Tomé el autobús y luego un taxi, ¿por qué coño el lugar tenía que quedar casi al otro extremo del mundo? O al menos de la ciudad.
—Muchas gracias —dije al hombre del taxi, pagándole con lo que correspondía al viaje, mientras le sonreía.
Celline Wittaker, vamos, Max, no me puedo acobardar ahora que ya estoy aquí en la entrada.
Respirando hondo y tomando todo el coraje del mundo, entré por esas amplias puertas de cristal.
—Vamos, tú puedes —me repetía mentalmente mientras caminaba, con cada paso que daba, tratando de atrapar todo el coraje que podía, preparando todo mi ser mentalmente para las dolorosas palabras que escucharía a continuación.
¿Cuándo llegue...? Sin darme cuenta, ya me hallaba frente a la puerta de la oficina del padre de mi novio. Me sentía nervioso, con miedo; nunca pensé bien lo que iba a decirle, qué palabras usaría, cómo lo diría.
Todo el coraje que había reunido se había esfumado en un dos por tres, pero aun así no dejaría que nadie dañara a mi Andrew. Toqué las puertas, ya que eran dos enormes de estas, haciendo chocar mis nudillos en la madera, que hizo eco al contacto con mi mano.
—Adelante —oí una voz ronca y familiar. Sin más, me adentré a la habitación sin rodeos, o en este caso me adentré a la oficina. El hombre quiso asesinarme con su mirada, seria, penetrante e incluso dolorosa; sus ojos me detallaron de pies a cabeza. Su mirada tan intimidante ni siquiera me dejaba hablar; pensé que en cualquier momento saltaría a mí y me atacaría con un cuchillo.
—Yo... —Definitivamente, el coraje me había abandonado. Respiré hondo y con pesadez antes de seguir hablando. —Señor, vengo a hablarle sobre lo de hace unos días.
—¿Qué quieres? —¿A qué viene esto? —dijo arqueando una ceja. Lo miré sorprendido, las palabras de aquel día y ahora todo lo toma con tanta serenidad.
—No puede ser tan duro con él de esa manera; sus decisiones a usted no le conciernen, es un hombre con altitud, un hombre de negocios, alguien a quien le va bien. — Frunció el ceño antes de voltear a verme otra vez.
—¿Y acaso ese tema te concierne a ti? — caminó hacia mi encuentro; sus pasos eran demandantes y amenazantes. —Mira, no sé qué le hiciste a mi hijo, pero como lo había dicho, si sabes lo que es bueno, más vale que te alejes... —¿O es que acaso te has enamorado? —dijo, lanzando una carcajada que me hizo hervir la sangre.
—¿Y qué si es así, eh? ¿O es que acaso Andrew no es fruto de un amor de hombre y mujer? —dije cruzando mis brazos; mi mirada se mantenía fría y amenazante, y mi rostro inexpresivo, sin emociones.
—Pero hombre y mujer son diferentes Esa sí, es una pareja normal— lanzó una risa malévola que logró hacerme perder los estribos.
—Todo lo que sea amor es completamente normal. Si usted se enamora, ¿realmente se fijaría en el físico o sexo de una persona?... ¡Ja! ¡¡No me joda!! —Se acercó a paso apresurado, quedando a escasos centímetros de mi rostro, tanto que sentía como su respiración chocaba contra mis labios.
—Claro, sucia rata... Crees que no sé qué lo haces por dinero. —¿Si es así, quieres? —Te daré lo que sea a cambio de que dejes a mi hijo. Sonrió otra vez; su sonrisa, su voz, su maldita presencia me asqueaba.
—Con todo respeto —dije sereno y haciendo una pausa. —Váyase a la mierda — finalicé para dejarle solo tras mi salida.
Viejo de mierda que se creía, ¿realmente cree que con dinero quebrará mi amor por Andrew?
Mientras caminaba hacia la salida, choqué con un chico, haciéndole perder el equilibrio. Al caer al suelo, él y todos los papeles se desparramaron por el suelo.
—Lo siento, deja que te ayude —me gané en cuclillas frente a él para ayudarle a recoger el lío que había causado.
—Gracias —dijo una vez que ya estábamos de pie; sus ojos color miel comenzaron a delinear mi rostro y se tornaron en una mueca de curiosidad. —Nos conocemos, ¿verdad? —Entonces lo recordé. El día en que quisieron dispararle a Andrew, él estaba ahí.
—La fiesta del hotel... De... —Aquella vez —dije, algo inseguro. Él asintió con la cabeza y sacó un papel que me tendió con unos números y letras.
—Vale, espero nos veamos pronto —dijo mientras sonreía y movía su mano a modo de despedida, y por último solo vi su melena castaña alejarse por el pasillo.
Sean Abbott, ¿eh? Un número de celular claro. Pensé, mientras miraba el trozo de papel en mis manos.
ESTÁS LEYENDO
$ubasta
Romance-Siempre me he considerado el objetivo de mira de las desgracias. Honestamente, hasta cierto punto llegué a tomarlas como algo normal en mi vida. Cuando creí que no podía ponerse peor, todo dio un salto, tornándose brusco y confuso. -Te presentaré a...
