No quería despertar, pero la molesta luz que se colaba por un pequeño hueco entre las cortinas logró molestar lo suficiente como para abrir los ojos.
Mi cuerpo estaba cálido y cómodo, y unos fuertes brazos varoniles me daban seguridad; poco a poco fui cobrando conciencia de la situación. Mi mejilla estaba pegada al pecho de Andrew; podía sentir su respiración chocar contra mi cabello, el latido de su corazón iba a ritmo con el mío y su pecho subía y bajaba, relajando mis sentidos cada vez que inhalaba y exhalaba.
Me quedé ahí, inmóvil ante aquel cálido tacto que inconscientemente me brindaba serenidad. Una de sus manos se alzó a su rostro y restregó sus ojos.
—Buenos días —me dedicó una sonrisa tierna que me hechizó completamente, sintiendo como mi rostro se sonrosaba. Sonreí ante aquellas dulces palabras enternecido.
—Buenos días... —respondí, sumiendo más mi rostro en su pecho desnudo y cálido. Mi sonrisa no se borraba y sentía que mi cuerpo por completo sólo reaccionaba ante aquel aroma que su cuerpo desprendía.
—Estás bastante tranquilo luego de tu declaración. —Me sonrió con cierto grado de malicia y yo lo miré con el signo de pregunta dibujado en el rostro.
—¿D-de qué hablas? —Al dirigir mis ojos a los ajenos nuevamente, noté cómo este fruncía el entrecejo, como si estuviera tratando de descifrar lo que había dicho, como si yo hablara en otro idioma.
—¿A qué te refieres con eso?... ¿No lo recuerdas? —Lo miré y negué ligeramente con la cabeza y este suspiro, soltando aire pesado y frustración combinada en él.
—Genial... —respondió sarcástico a lo que yo seguía confuso.
—A-Andrew? — Bajó su mirada frustrada a mis ojos y yo le miré como si sintiera miedo de que su respuesta o la mía fuese algo que enfadara a alguno de los dos.
—¿Qué pasa? —dijo, al parecer, algo enternecido ante la expresión de miedo en mi rostro. Me quedé ahí, pensando qué era lo que iba a decir, cómo lo iba a decir.
—Q-que fue lo que pasó... —¿Durante la noche? —me miró abriendo la boca para hablar, pero la cerró nuevamente. —¿Acaso yo hice o..? ¿Dije algo? —Volvió su vista a las cortinas rojas, luego volvió la vista hacia mí nuevamente. Estaba nervioso, no recuerdo gran cosa sobre la noche y... ¿Abre dicho algo malo? Tal vez le dije que... No... No... No... Me dije a mí mismo en mis pensamientos.
—Me dijiste que creías que estabas enamorado de mí y bueno... —Me atacaste como un animal salvaje en la cama. —Lo miré con las mejillas tan rojas que resplandecían; lo sabía, lo sabía, había hecho algo que pensé nunca hacer.
–Y-yo.... Lo siento...—Mis palabras sonaron torpes y entrecortadas, ¿por qué me estaba disculpando en primer lugar?... No es tan malo que te guste alguien, ¿o sí? ¡No! Me di un golpe fuerte mentalmente como para olvidar que había pensado en estar enamorado de él. Max... Él te compró en una maldita subasta, te violó y quién sabe dónde echó todas tus cosas... No puedes terminar enamorado. —Qué idiota soy —musité entre dientes. Andrew llevó su mano a mi mentón y alzó mi vista hacia la de él.
—Ciertamente... —Eres algo tontito al no recordarlo. —Lanzo una risita y acto seguido beso con delicadeza mi cabeza. —Además... Todas las deudas se saldaron durante la noche... Me la hiciste pasar bien. Su mano comenzó a masajear mi espalda y me estremecí ante el cálido tacto de aquellas manos que en algún momento me hicieron enloquecer.
—C-Claro... — inconscientemente, abracé su cuerpo y cerré mis ojos, embriagado por el aroma varonil que desprendía su cuerpo, el olor a sudor (pero no desagradable) que tenía por los esfuerzos de la noche anterior. Me pasé toda clase de imágenes de mi declaración y de cómo fue que llevé las riendas de la situación como para hacerle pasar una noche tan "buena" como él dijo.
—¿Hola?... Sí, claro, eso está bien. — No me había dado cuenta de que estaba con el teléfono del hotel a mano hablando con quién sabe quién; lo miré a él y al teléfono y este me sonrió tierna y delicadamente. —He pedido algo de comer —dijo mientras se acomodaba, tomando asiento sobre la cama conmigo entre sus piernas. Afirmé mi espalda en su pecho y me quedé ahí ... Como si esto fuera lo más normal del mundo. —Ponte esto — me tendió mi bóxer y la que parecía ser su camisa; esta quedaba algo grande, pues él era más musculoso y grande que yo, ante lo que sonreí bobamente.
—Aquí está su desayuno —se escuchó la voz femenina hablar desde el otro lado de la puerta, muy a lo lejos, pero audible entre nuestro silencio.
—Bien, yo iré— tomó su bóxer que estaba junto a la cama y lo colocó sobre su intimidad mientras yo observaba cada detalle atentamente. —¿Qué...? ¿Tanto te gusta? —dijo socarrón mientras arqueaba una ceja. Yo solo he bajado la mirada y mis mejillas han vuelto a teñirse de un suave color rosa. Ha tomado una bata del closet y la colocó sobre sí, tapando su cuerpo. La miré hasta que salió de la habitación y volvió con una bandeja entre sus manos.
—¿Tienes hambre? —dijo mientras mantenía su sonrisa amplia de siempre; asentí con la cabeza y dejó la bandejita en el velador al costado de la cama. Volvió a situarse a mis espaldas y yo apegué nuevamente la espalda a su pecho, sintiendo como el calor de su pecho ahora desnudo sobrepasaba su camisa (que ahora estaba puesta en mi cuerpo). Tomó la bandeja y la puso sobre mis piernas.
—Qué rico se ve... —dije sonriendo mientras sentía los rugidos de mi estómago hambriento.
Comenzamos a devorar aquel desayuno (que era algo bastante ligero, unas tostadas, dos cafés y unos panques). Luego simplemente nos levantamos para ir a tomar una ducha que él propuso tomáramos juntos.
Él ya estaba dentro de esta y yo me estaba desvistiendo; la camisa cayó por sobre mis hombros y luego comencé a bajar el bóxer con torpeza debido a que sentía que su mirada me quemaba el cuerpo.
—Incluso después de destrozar tu cuerpo en la noche... Luces perfecto en la mañana— ahora que notaba mejor su cuerpo, sin ninguna prenda de ropa, podía notar las marcas de mordidas y chupetones en su cuerpo entero. Estaba marcado por mí, por mi boca.
—¿Yo hice eso?...—dije pasando mi mano por su cuello y pecho, ahora húmedos por el agua.
—Sí—dijo sonriendo. —Te portaste completamente salvaje —me tomó de las caderas, acercándome más a su cuerpo desnudo. Su lengua comenzó a pasearse por mi cuello y comenzó a bajar a mis pezones; su lengua comenzó a pasearse por estos, haciéndome gemir.
—Delicioso —me susurró al oído y mordió el lóbulo de mi oreja. Cada vez que sus manos me acariciaban, me estremecía bajo su tacto, sus manos que sentía lejanas cuando lo conocí, ahora me resultaban cálidas y era como si dependiera de ellas.
No es algo que admitir, nunca he creído en el amor, nunca pensé que me enamoraría y mucho menos de un hombre.
Lentamente, caía en sus redes y, aunque no quisiera admitirlo, mi yo interno sabe que estoy enamorado de él.
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$ubasta
Romance-Siempre me he considerado el objetivo de mira de las desgracias. Honestamente, hasta cierto punto llegué a tomarlas como algo normal en mi vida. Cuando creí que no podía ponerse peor, todo dio un salto, tornándose brusco y confuso. -Te presentaré a...
