≈•Andrew•≈
Cuando Max ha salido de la habitación, un silencio horrible se ha apoderado de esta.
Me sentía un completo idiota, no, eso no era, esa no era la forma en la que me sentía; me sentía como un maldito y pútrido pedazo de mierda.
—Soy tan miserable —comenté a nadie en particular más que a mí. Max... Max... El nombre retumbaba en mis oídos, sus hermosos ojos cafés, su cabello y el delicioso y adictivo aroma que este desprendía, su piel tersa y suave, su cuerpo, su amable corazón y su dulzura.
Cómo pude ser tan imbécil para hacerle daño así.
—Con su permiso, amo —se escuchó la voz de una mujer bastante mayor desde el otro lado de la puerta.
—Adelante —respondí de inmediato mientras me acomodaba perezoso en la cama.
—Muy buenas noches. Disculpe que le venga a interrumpir su sueño a esta hora de la noche, pero la señorita Clark ha llamado y le ha dejado un recado. — Suspiré exasperado y la mujer mayor seguía de pie en el umbral de la puerta.
—¿Y qué ha dicho ella? —he preguntado, indiferente, sin mirar a la anciana. Una mujer de carácter cálido, cabello negro ya algo ocultado por algunos mechones blanquecinos, sus ojos grises y arrugados, sus mejillas sonrosadas y sus labios de un suave color rojo artificial. Las comisuras de sus labios, ya arrugadas, estaban curvadas en una sonrisa tierna y generosa, la mujer que ha sido muy semejante a una madre para mí.
—Buena ella; está de camino para acá —dijo la mujer, algo tensa; algo más pasaba por su cabeza en este momento. Apretó la mandíbula y habló. —¿Qué ha pasado con el jefe de servicio? —ha preguntado de repente. He suspirado sin poder dar como caso omiso aquella pequeña discusión con Mike.
—Mike ya no trabajará aquí más —dije con voz fría; por el rabillo del ojo aprecié cómo la mujer encogía su cuerpo y hacía una reverencia.
—Me retiró —dijo, y sin antes poder responderle, salió de la habitación cerrando la puerta tras su cuerpo.
Apoyé los codos en las rodillas y me llevé ambas manos a la cabeza, frustrado, suspiré exasperado y me recosté nuevamente en la cama.
¿El dinero en la cuenta de Max será suficiente?
Soy un asco; por mi culpa él está pasando todo esto. Lo amo demasiado como para verle sufrir por mi culpa. Lo mejor es... Que se mantenga lejos de mí y mi vida.
—Max —ha murmurado en la soledad de la habitación. Cerré los ojos por lo que parecieron breves segundos.
Al abrir los ojos debido a una molesta luz, algo me aplastaba el pecho. He sonreído medio dormido pensando que el calor que desprendía aquel cuerpo era de la persona que más deseaba tener en estos momentos a mi lado.
Me removí y, al hacerlo, la persona que estaba junto a mí lanzó un quejido y se dio la vuelta dándome la espalda.
Sus largos cabellos castaños me hacían cosquillas en la mejilla.
¿¡Qué!? ¡¿Cabello de m-mujer?!
De un brinco me he sentado en la cama, logrando despertar a la mujer por mi violenta acción.
—Buenos días, Andy. —Sus ojos grandes eran de un extraño color mezclado entre verdes y marrones. Su cabello era castaño, pero tenía unos mechones rubios, teñidos claramente; sus pestañas negras y largas y sus labios de un fuerte color rojo.
—¿Qué haces tú aquí? —dije algo molesto, ganándome una mirada afligida, fingida.
—Qué malo eres con tu futura esposa —dijo haciendo un puchero y poniendo ojos de cachorro. Bufé y me llevé a la cara una de mis manos.
—Claro... —dije de forma irónica.
El resto de mi vida será una maldita mierda.
—Futura Mary Wittaker, quien lo diría, suena muy bien. —Me recosté en la cama mirando al techo.Max Wittaker es el único nombre que suena mejor que ningún otro.
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$ubasta
Roman d'amour-Siempre me he considerado el objetivo de mira de las desgracias. Honestamente, hasta cierto punto llegué a tomarlas como algo normal en mi vida. Cuando creí que no podía ponerse peor, todo dio un salto, tornándose brusco y confuso. -Te presentaré a...
