Capítulo 15

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≈•Mike•≈

Estoy tan ansioso, demasiado nervioso y emocionado. Hoy en la noche iría a una fiesta con Alex. —Sí, ya ambos éramos muy confianzudos uno con el otro; creo que incluso somos más que amigos. Para ser más específico, dicho que era una... Una... Electro flúor, si no me equivoco, la verdad nunca he asistido a esta clase de cosas y no sé cómo es adecuado vestirse.

—¡Joder!... ¡Quiero que llegue la noche ya! — grité con desespero y ansias a Max, que soltó una carcajada.

—Mejor, así por fin... —dijo haciendo una pausa dramática.

—Tendré tiempo para estar con mi novio sin que ustedes par de pervertidos nos molesten. No pude evitar reír a carcajadas al recordar la razón del porqué decía esto.
Las incontables veces que yo o Alex lo habíamos encontrado en pleno acto, en la oficina, el cuarto o cualquier lugar en el que se pudiera, sí, interrumpiendo accidentalmente a propósito, como dice él.

—Claro... —dije, aun tratando de aguantar la carcajada, y Max solo se limitaba a mirar con el ceño fruncido mientras fingía enfado. —Además, esta noche lo mantendré ocupado —dije guiñándole un ojo socarrón y él solo me miró, negando con la cabeza, divertido.

—Eres un maldito pervertido. Luego, sin más, se despidió y salió de mi habitación.
¿Ahora qué carajos debía ponerme?

Luego de aproximadamente unas dos horas, me había vestido con unos jeans negros, una musculosa negra, sobre esta una sudadera gris y mis zapatillas Convers negras.
Estoy perfecto, pensé mientras reía mirándome al espejo como un idiota.

Alexander pasó por mí a las 9:00 de la noche; un deportivo negro se situó frente a la mansión. Sin más, gracias a Max, el amo Andrew me dio el día libre.
Íbamos de camino y no habíamos intercambiado palabras en el transcurso hasta ahora.

—Este asiento es jodidamente solitario —dijo, esbozando una sonrisa juguetona, a lo que yo copié su acción.

—¿Es que quieres compañía? —dije, fingiendo inocencia. Detuvo el automóvil a orillas del camino y, cuando este se hubo detenido, palmeó sus muslos.
Me levanté y me senté sobre sus muslos, apoyando mi espalda en la puerta del piloto mientras estiraba las piernas en el asiento donde estaba yo hace unos segundos.

—Pervertido —musité entre dientes, besando sus labios y succionando estos entre los míos.
Él solo sonrió con malicia y puso en marcha el vehículo nuevamente.

Habían pasado treinta minutos de besos y manoseos en el vehículo cuando por fin Alex detuvo este cerca de una enorme mansión.

—¿Me trajiste a una mansión embrujada? —dije divertido mientras admiraba el estado de aquel lugar, pero mientras nos acercábamos y agudizaba mi oído, pude escuchar la música dentro de aquel lugar.

—Te dije que iríamos a una fiesta, ¿no? —Asentí con la cabeza sonriendo y jalando de su brazo hacia la entrada de la mansión.

Al entrar en la mansión, el olor a alcohol, cigarrillo, droga, quizás, y varias miradas se colaban sobre nosotros mientras caminábamos a la barra que se encontraba a un costado del salón de aquel enorme espacio.

Deduje que las escaleras que había conducían a habitaciones.

—Te lo envía él —dijo el chico de la barra, tendiéndole una bebida verde con una rodaja de limón en el borde de la copa, mientras apuntaba a un pelinegro de ojos del mismo color que mantenía su mirada en mí.

Al girar mi cabeza y buscar a Alex, que estaba a un asiento junto al mío, noté a la chica pegajosa que se le había acercado, una maldita plástica.

—Vamos arriba, ¿qué dices? —De seguro que te la pasas bien —dijo la rubia plástica de labios rojos e hinchados, pegando sus enormes senos al brazo de Alex.
Y fue cuando reaccioné: el rubio estaba aproximando sus carnosos labios a MI Alex.

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