Hoy era otro de esos días de rodaje en el hotel; grabarían la película y Sean estaría ahí. Lo que me preocupaba era la clase de escena que filmarían.
—Andrew... —¿Realmente es seguro eso de la explosión? —dije en tono algo preocupado, porque así estaba, preocupado.
—Tranquilo, ¿sí? Como me indicó el director de la peli, todos los muebles serán reemplazados. Aun así, aunque dijeran que todo saldría bien, seguía sin convencerme completamente; sentía que algo iría mal.
—¿Y si algo más se incendia y causa un fuego atroz? —Andrew me miró enternecido con sus hermosos ojos azules. Acaricia mi cabeza y deposita un cálido beso sobre mis cabellos.
—Es un material especial, explota, pero no se incendia — explicó una voz conocida tras nosotros.
Ambos nos giramos a ver al dueño de aquella voz, claro, ¿quién más sino que el protagonista de esta película?
—Oh... Sean... Estas... —dije apuntando con mi dedo índice a su cuerpo completo. Su ropa estaba toda rasgada y tenía una que otra mancha sobre ella y moretones sobre su rostro acompañados con el rojo sangre. Para nada guapo como lo ven las chicas en las redes sociales.
—Las maravillas del maquillaje — comentó, sonriente. —O ya empezará; será mejor que se retiren —anunció, educado, empujando nuestras espaldas.
Había pasado unos cuantos minutos y yo me movía de aquí para allá en la habitación, ganando una que otra risita burlesca de parte de Andrew.
—Estate quieto —me dijo en tono divertido.
—Es que... Algo saldrá mal, tengo un extraño sabor agrio en la boca y un nudo en el estómago, es como... Un... —¿Presentimiento? —Me tomó de la muñeca y tiró de ella hasta dejarme sentado sobre su regazo de piernas abiertas, frente a frente.
—Todo saldrá bien —dio un beso sobre mis labios, succionando mi labio inferior. —Y si llegase a pasar algo, no será a ti abrazó por la cintura y yo rodeé su cuello con mis brazos.
Andrew se hallaba profundamente dormido y yo seguía extrañamente inquieto.
Cuando de pronto un estruendoso ruido de la planta inferior anunció que la escena de la explosión había llegado, pero algo más pasaba, se oían gritos y algo no andaba bien.
Andrew estaba ahora sentado en el sofá y yo salí corriendo rumbo a las escaleras. Andrew vino tras de mí unos pasos después y, cuando estuve por bajar el primer escalón, unas manos me apresaron y se posaron sobre mi boca, impidiendo mis gritos.
—¡Suéltalo, bastardo! — gritó Andrew al ver la escena.
—¿Tú o él? —dijo el hombre con picardía, tras de mí, apuntándole con un arma.
—Andrew... —P-por favor... —Las lágrimas comenzaron a salir descontroladas; Andrew estaba inquieto y no reaccionaba a la situación.
—Nos vemos —tras apretar el gatillo solo pude ver sangre, el cuerpo de Andrew ensangrentado en el suelo, lanzando uno que otro alarido de dolor.
—¡No!... ¡No! — grité como un maniático, golpeando y forcejeando para que me soltara, pataleando y llorando para que me dejara con Andrew.
Subió otra persona corriendo a ver aquella escena, una persona que creí tal vez tuviera corazón para ayudarme, alguien que me ayudara, alguien a quien le fuera en ello, la lástima ver aquella escena y me salvara, que socorriera a Andrew.
—¿¡Qué mierda has hecho!? —le gritó al que parecía ser su cómplice.
—Es solo algo pequeño, no morirá —dijo en tono desinteresado, chasqueando la lengua. El otro que tenía el rostro medio cubierto corrió al cuerpo y no sé qué hizo, pero de un momento a otro los quejidos de dolor de Andrew cesaron.
A pesar de mi silencio, las lágrimas no dejaban de caer; me encontraba completamente helado, congelado, aún no procesaba todo aquello.
Los gritos en la primera planta eran cada vez más fuertes; no se oía con claridad qué era lo que gritaban exactamente, pero, efectivamente, eran gritos.
—Bastardos... —dije con voz quebradiza; parecía un murmullo. No podía moverme; la imagen desgarradora de Andrew, aquella escena frente a mis ojos, me congeló.
—Sí, una ambulancia —dijo el hombre que daba las indicaciones por teléfono. Mi corazón se caía a pedazos al verle de esa manera.
Lo próximo que sentí fue un fuerte olor a alcohol, inundando mi nariz y la imagen de Andrew alzando la mano en mi dirección, tratando de alcanzar la mía, y a continuación, mi cuerpo no reaccionó, mis sentidos y todo yo se durmió.
—¡Hey, despierta! — Escuché aquella voz tan conocida retumbando en mis oídos. Abrí los ojos y no podía moverme; estaba en una habitación y frente a mi vista borrosa había dos personas. Dos hombres, para ser exactos.
—Ustedes... —murmuré aún algo adormilado. Ambos hombres frente a mí solo sonrieron perversamente y el miedo en lágrimas se apoderó de mí.
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$ubasta
Romansa-Siempre me he considerado el objetivo de mira de las desgracias. Honestamente, hasta cierto punto llegué a tomarlas como algo normal en mi vida. Cuando creí que no podía ponerse peor, todo dio un salto, tornándose brusco y confuso. -Te presentaré a...
