—¿Qué? —casi con un hilo de voz. Andrew echó la cabeza hacia atrás, suspirando profundamente.
—Realmente no estoy enamorado de ti... Verás, cuando te vi en la subasta, ni yo sé por qué te compré. Tal vez solo quería probar qué se sentía. Pretendía seguir con este juego un tiempo más, pero dado que Mary Clark está en camino para conocerme, el juego acaba aquí. Realmente siento haberte hecho ilusiones tan cruelmente. Pero esto no era más que un juego que terminó siendo inútil; fuiste fácil de enredar y enamorar. — Sus palabras dolían, eran frías y horriblemente crueles. Las lágrimas fueron las primeras en atacarme; un fuerte mareo me hizo sentarme obligatoriamente al borde de la cama, dándole la espalda al castaño.
—Está bien —dije mientras inhalaba hondo por la nariz, reuniendo coraje. —Aun así, gracias, todo fue hermoso m-mientras duró... —Me sequé con la manga de la camisa el agua que humedecía mi rostro y me nublaba la vista. Fueron los mejores meses de toda mi vida. Estos once meses fueron... increíbles.
Me levanté del borde de la cama con algo de dificultad. Me dirigí al cuarto de baño para tomar unos jeans y un par de zapatillas, salí de la sala rumbo a la puerta de la habitación. Antes de salir, me giré a Andrew, recargando mi peso en la puerta, admirando una última vez esos ojos azules.
—Fueron los mejores once meses de mi vida... Gracias por liberarme de mis pesadillas temporalmente. —Me giré a la puerta, tomando el pomo de esta, pero su voz me detuvo. Nuevamente, me giré con aires de esperanza, algo que fue un error.
—Todo esto fue mi culpa... He abierto una libreta de ahorros; hay suficiente dinero como para que te des el tiempo de buscar un buen empleo. No es tanto como para el resto de tu vida, pero servirá . —Asentí con la cabeza y salí de la habitación. Al salir y cerrar la puerta a mis espaldas, Mike y Alexander estaban ahí; me han mirado frunciendo los labios en una mueca y yo he suspirado.
—Lo han oído, ¿verdad? —ha preguntado. Mike ha apretado los dientes y Alex las manos en puños. Ambos han afirmado con un movimiento de cabeza.
—Espera aquí —dijo Mike con voz firme y entró a la habitación cerrando con firmeza la puerta a sus espaldas.
— Renunció. No presentaré carta ni tampoco quiero el dinero del retiro; dejaré de presentarme al trabajo de hoy en adelante... Esta mansión ya no cuenta con mis servicios. —Al escuchar aquellas palabras me ha sido inevitable no romper a llorar; Alexander me atrapó en un abrazo cálido, tratando de calmar mis sollozos, mientras ambos escuchamos atentos la breve discusión entre el rubio y Andrew.
Mis sollozos fueron calmados por el cálido abrazo de Alex, así que me separé de su cuerpo.
—¡Vámonos! —demandó Mike, saliendo hecho una furia de la habitación y dando un estruendoso portazo.
Caminamos hasta la salida y nos subimos a un deportivo rojo que asumo es de Alexander. Yo subí a los asientos traseros, Mike junto a Alex en los asientos delanteros.
—¿Dónde se quedarán? —preguntó Alexander con obvio miedo a ser asesinado por Mike, que desprendía un aura de furia horrible.
—No lo sé aún... —dijo Mike, relajando su peso en el asiento. Mike miró de reojo al pelirrojo y este sonrió ladeado con ternura.
—Pueden quedarse en mi departamento... Es amplio, no tengo problema con ello —dijo con voz serena, ganándose un gracias, cálido de parte del rubio.
Fueron quince minutos aproximadamente los que recorrimos en silencio hasta el enorme condominio con la plaqueta brillante que daba a saber el nombre del lugar que era Black Harris.
Le dio las llaves del automóvil a un cochero y nos encaminamos a la entrada deslumbrante del lugar.
—Bien —dijo Harris—. Mire con ojos abiertos a Mike, quien se echó a reír suavemente.
—Él es el dueño de la cadena más grande de restaurantes Black Harris y uno que otro hotel, ¿es que no te lo dije? —dijo Mike, dirigiéndose al ascensor como quien camina por su casa.
—Exacto, peque —dijo Alex, haciendo bufar a Mike.
Al llegar a la puerta del departamento, Mike abrió la puerta; el muy pillo tenía llave del lugar.
Tras darme un breve recorrido por el departamento, Mike me llevó a mi habitación.
—Nosotros estaremos aquí junto —dijo, apuntando la puerta que estaba a unos pocos metros de la que me encontraba yo.
—Gracias... Estoy cansado, iré a dormir —dije, fingiendo una sonrisa.
—¿No vas a cenar antes? No has comido nada, Max —me reprochó Mike. Negué con la cabeza y cerré la puerta a mis espaldas poniendo seguro a la puerta.
Me recargué en la puerta mientras el agua volvía a invadir mi rostro.
Saqué mis pantalones y zapatos y me metí en la cama fría, tapando mi cuerpo con las mantas.
—¿Por qué?... —Susurré entre mis sollozos, que cada vez eran más fuertes. Para evitar que me escuchasen, tape mi boca con una de mis manos; mis lágrimas habían humedecido casi toda la superficie de la almohada donde se hallaba posada mi cabeza.
Mi pecho dolía, con dificultad lograba respirar y no dejaba de temblar y sudar.
Quería llorar y dejar de existir, volver a ese tiempo en el que no conocía el amor y solo me centraba en un trabajo aburrido en el que era acosado por un gordo asqueroso y, cuando lo golpeaba y le amenazaba con denunciarlo, dejaba sus sórdidas acciones hasta volver a darle otra paliza. Quería volver a aquel tiempo en el que Andrew Wittaker no existía para mí.
¿Por qué el amor destruye y arrasa hasta con lo que no logró tocar?¿Por qué el bueno siempre será el que pase las desgracias y sea infeliz mientras el malo siempre está rodeado de felicidad y facilidad de vida?¿Por qué de alguna u otra manera siempre había que relacionarse con la persona que no duda en hacerte daño?
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$ubasta
Romance-Siempre me he considerado el objetivo de mira de las desgracias. Honestamente, hasta cierto punto llegué a tomarlas como algo normal en mi vida. Cuando creí que no podía ponerse peor, todo dio un salto, tornándose brusco y confuso. -Te presentaré a...
