Al abrir mis ojos, me hallaba solo en la habitación que compartía con Andrew... Tras parpadear un par de veces, caí en cuenta. ¿Cómo carajos había llegado a la habitación? N-no estoy muerto... ¿Y Andrew, Mike y Alexander?
Han abierto la puerta de la habitación; yo ya me hallaba sentado sobre la cama con la espalda pegada al cabecero. La mujer me ha mirado con espanto y los ojos casi saliéndose de sus envejecidas órbitas y ha salido corriendo dando un portazo, haciendo que el sonido retumbase en la habitación, llegando fuertemente contra mis oídos.
Seguía sin entender qué pasaba o había pasado. Con dificultad he llegado a sentarme al borde de la cama; he apoyado las manos en puños al borde de la cama, recargando todo mi peso en ellos. Inhalé hondo por la nariz y exhalé pesadamente por la boca, conté mentalmente hasta tres y me puse de pie. Bien. Lo había logrado al primer intento, nada fuera de lo normal, hasta qué...
—¡Mierda, mierda, mierda! — me he ido como un maldito trozo de roca al suelo al dar un débil primer paso hacia la puerta.
—¿¡Qué haces!? —me ha preguntado Mike, exaltado, entrando a la habitación junto al pelirrojo cuando me ha visto en medio intento de ponerme de pie.
—Deja, te ayudo —dijo Alexander mientras me tomaba de la cintura para ponerme otra vez sobre la cama.
—Y yo... A-Andrew— Mi voz se quebró y las lágrimas comenzaron a brotar incontrolables como siempre. Mike se sentó a mi lado y me atrajo a la calidez de su pecho, me abrazó y besó mi nuca mientras yo sollozaba entre sus brazos.
—Shh... —Tranquilo, vale, él está bien —me tranquilizó, me tomó por los hombros, alejándome de su cuerpo y haciendo que le viese a la cara. —¿Cómo ha pasado todo esto? —preguntó Mike en cierto tono de preocupación. Desvié la mirada, pero Mike me atrajo a sus ojos verdes otra vez.
—E-el padre de Andrew... estaba allí, S-Sean me a... —Y comencé a sollozar nuevamente.
—Patrick? —dijo el pelirrojo adentrándose en la conversación.
—No estaba cuando llegamos... y Sean... Sean escapó a duras penas tras la paliza que le di —dijo triunfante Alexander; esas palabras me aliviaron un poco.
—¿L-logró escapar? —dije secando las lágrimas con la manga de la ancha camisa que en ese momento llevaba puesta.
—Se ha lanzado por una ventana —dijo Mike... Entonces ese fue el ruido de vidrios, rompiéndose en ese entonces.
—Se fue con la nariz rota, una puñalada que se dio él mismo en el costado al atacarme con una navaja y, pues... un pómulo reventado . —Quedé boquiabierta al escuchar tal declaración, pero para mis adentros estaba feliz porque ese desgraciado pagara ese momento de dolor.
—Deberías haber matado a ese bastardo —dijo Mike, como leyendo mi mente. —Pero estoy feliz de que le hayas dado su merecido. —Alexander guiñó un ojo, haciendo un sonido de chasquido con su lengua.
—Quiero ver a Andrew —dije, ganándome una mirada de reproche por parte de ambos. —No estoy tan mal... por favor —dije haciendo pucheros. Pero no sirvió de nada.
—Andrew saldrá hoy del hospital... tendrá tratamiento en casa, tratamiento particular —dijo Alexander. Suspiré resignado; no lo quería más tarde, lo quería ahora.
Conforme las horas pasaban, cada vez parecía más eterna la espera. A las 8:30 p.m. Se supone que debía llegar; apenas eran las 7:10 PM. Cada vez parecía que la manija de los segundos seguía su camino en el reloj más lento, como si esta pesase o fuese a trabarse en cualquier momento.
—¿Qué hora es? —preguntó Mike, que estaba a un lado mío en la cama.
—Aún falta media hora —respondí de pocas ganas; esto se sentía atroz, ya no quería seguir esperando, porque no podían dejarme cuando quise ir.
Al mover mis piernas un poco, por fin pude sentir el contacto frío con el suelo. Podía sentir cada vibra en mis piernas, cosas que me tranquilizaban. Ahora podía caminar, o eso supongo; al menos lo que sea que me haya pasado, el efecto está pasando como debe ser.
Mike estaba en su celular haciendo quién sabe qué cuando ha saltado como un resorte de la cama.
—Ha llegado —dijo. Mis ojos se iluminaron, mi corazón comenzó a bombear sangre con fuerza y me puse de pie de un brinco.
—Espera aquí... Nosotros le traeremos —dijo el pelirrojo, haciendo que me volviese a sentar de malas ganas.
—¿¡Qué esperan!? —he gritado en una mezcla de nervios, desesperación y preocupación. Ellos se miraron y salieron de la habitación.
Y yo seguía aquí, en el borde de la cama, con una camisa extremadamente enorme esperando.
—¡Con cuidado! —Se escuchó una voz seguida de un estruendoso ruido, algo rompiéndose.
—¡Estamos aquí! —dijo el rubio con una amplia sonrisa.
—A-Andrew —dije con emoción. Pero no me ha mirado; sus ojos estaban fijos en la nada mientras estaba recostado en la cama.
—Gracias, hermano... Mike —dijo de manera educada. Mike y Alexander se dedicaron una mirada cómplice de preocupación. Por alguna razón, a pesar de tenerlo aquí conmigo, algo seguía sin encajar.
—¿Pueden? —dije apuntando la puerta con mi dedo índice. Ellos asintieron con la cabeza y, tras un animado "por supuesto" que dieron al unísono, se retiraron de la habitación.
Un extraño silencio inundó la habitación; más que extraño fue incómodo. Las palabras que deseaban decir no salían, las cosas que quería hacer no podía hacerlas, mi cuerpo estaba casi petrificado y solo se limitaba a suspirar, y las palabras que quería oír fueron menos que eso, nada. Se mantenía en silencio, con los labios fruncidos y los ojos mirando a la nada; se sentía incómodo, algo saldría mal, mis manos no dejaban de temblar.
—Max... —dijo con voz suave, suspirando entre sus palabras.—Terminemos con esto. —Endureció su voz de golpe, desconcertando mi presencia, quebrando cada parte de mí.
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$ubasta
Romance-Siempre me he considerado el objetivo de mira de las desgracias. Honestamente, hasta cierto punto llegué a tomarlas como algo normal en mi vida. Cuando creí que no podía ponerse peor, todo dio un salto, tornándose brusco y confuso. -Te presentaré a...
