Capitulo 13

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≈•Andrew•≈

Como siempre, mi estupidez me jugó en contra; ¿cómo podía ser tan inútil y no haber planeado antes una manera para pedirle que fuese mi novio?
No es tan malo, ¿verdad? Quiero decir, si él dice estar enamorado de mí... Me aceptará, ¿no?

Llevaba dos horas despierto admirando el cuerpo delgado, piel morena, cabellos cafés y ojos cerrados y descansados. Todo esto que a mi vista, y a la de muchos más, era hermoso, inocente y casi puro.

—B-Buenos días... —Max me saludó con una pequeña sonrisa regalona en aquel rostro pintoresco que tanto amaba. Le devolví la sonrisa sincera y tierna y ella acomodó mejor su cuerpo sobre mi pecho.

—Buenos días... —dije en un tono dulce y sereno; sentí como su cuerpo se relajaba y parecía más liviano sobre mí.

—¿Por qué n-no fuiste a trabajar? —dijo mientras se incorporaba sobre mi cuerpo, de modo que su pecho se posaba sobre el mío.
Sus ojos curiosos me sacaron una sonrisa y, mientras su vista se desviaba de mis ojos a mis labios, yo los humedecía pasando mi lengua por ellos. Su rostro se tiñó de un suave color rosa, lo que me hizo sonreír nuevamente, enternecido por su acción.

—Pues... No te he prestado mucha atención... —Extrañaba estar a tu lado, princesa. — Acaricié la suave piel morena de su mejilla y ambas se tiñeron de un fuerte color rojo. Rojo. Desesperadamente, trataba de ocultar sus coloradas mejillas en mi pecho, tomando las sábanas y tapando su rostro con ellas.
No pude evitarlo y una carcajada se escapó de mis labios.

—También te extrañaba, Andrew —le oí decir a duras penas en un susurro, a lo que sonreí embobado por aquellas dulces palabras.

—Disculpa, no oí... —¿Acaso dijiste algo? —Una sonrisa socarrona se dibujó en mi rostro; como amaba sentir temblar el cuerpo de este chico.

—N-nada —dijo mientras yo descubría lentamente su cabeza, quitando las sábanas de esta.

—Vamos solo una vez más —dije mientras sus mejillas se teñían violentamente de un color rojo que me cautivaba grandemente.

—Extrañaba... P-pasar tiempo a tú... A tu lado—tomé sus mejillas sonrosadas entre mis manos, dispuesto a besarlo, pero sin previo aviso, él rodeó mi cuello y se acercó a mis labios antes de que yo pudiera gesticular una acción cualquiera. Sus labios se posaron en los míos; yo colé una de mis manos atrás de su cabeza y enredé mis dedos en cada hebra delicada de su cabello, mientras que con mi mano libre fue de llegada a su cadera. Con un lametón en su labio inferior, su boquita se entreabrió para dar paso a mi lengua, la cual cada vez pedía más de aquel chico que me hacía perder la cordura. Adentré mi lengua para guiar el beso; su lengua inexperta trataba de seguirme el paso, cosa que me hacía sonreír entre aquel candente beso. Comencé a acariciar sus caderas mientras bajaba mi lengua a su cuello. Un suspiro claro salió de sus labios cuando comencé a lamer su cuello y a tirar de la piel, dejando marcas que luego tal vez se pondrían moradas.

—A-Andrew... —Max gimió cuando una de mis manos se coló a su trasero, masajeando uno de sus glúteos por debajo del bóxer. Bajé mi otra mano para poder jugar con ambos glúteos; sus jadeos se volvieron presentes cuando presioné sus caderas hacia abajo, aminorando el contacto entre nuestras intimidades. Al guiar mis ojos a su rostro, noté cómo sus mejillas sonrosadas le hacían ver más sumiso; sus ojos estaban llenos de cierto brillo con deseo y su respiración estaba algo agitada.

—Max... — Suspiré para atacar nuevamente aquellos labios color rojo fresa; atrapaba estos entre mis dientes, jalando de estos para atraparlos mejor y succionarlos entre mis labios. Mi lengua se adentró nuevamente a esa cavidad húmeda que casi rogaba por más. Entonces me separé y bajé de la cama.
Max me miró algo desconcertado hasta el momento en que lo hice levantarse de la cama y me arrodillé frente a él tomando una de sus manos.

—¿Q-qué haces? —dijo, casi aguantando aquellas dulces carcajadas; aquella mirada curiosa me hizo sonreír con dulzura.

—Max, te amo —dije sin soltar su mano y aun en el suelo, una rodilla alzada y otra apoyada en el suelo alfombrado. —Y quiero hacerte feliz — besé su mano y sus mejillas se encendieron, casi iluminadas. —Y quiero que me permitas ser tu novio... Tal vez este no sea el lugar más perfecto (es una simple habitación), ni el más adecuado, creo... Pero te amo, me encantas, quiero que seas mío, no quiero que nadie más que yo te haga feliz, que nadie más vea esa hermosa sonrisa. Sus ojos brillaban y se cristalizaban lentamente; noté cómo esbozó una sonrisa. Temblaba por los nervios, entonces entré en pánico cuando comenzó a sollozar. —No llores —dije susurrando a su oído. Él levantó su cabeza y miró a mis ojos con amor y sinceridad por primera vez.

—Es solo que estoy f-feliz. —Sonreí ante aquellas palabras mientras que con mis manos acunaba su rostro apaciguando sus cálidas lágrimas.

—¿Es un sí, entonces? — Él asintió con la cabeza de manera que afirmó que sí a mi pregunta. —Te amo —dije mientras me acercaba a besar sus labios.

—También te amo... —dijo Max en un susurro mientras escondía sus mejillas encendidas en mi pecho. —¿De veras no irás a trabajar? —Negué con la cabeza mientras me acomodaba en la cama nuevamente; posé su cuerpo sobre el mío y él posó su mejilla en mi pecho.

—No iré, quiero estar con mi novio —dije mientras le besaba ese lugarcito en la cabeza donde comenzaba su desordenado cabello.

—¿Andrew?... —dijo con voz algo insegura.

—Sí... ¿Qué pasa? —dije mientras posaba mis ojos en los ajenos.

—Tengo hambre. —Entonces la habitación se llenó de mis carcajadas y su rostro se enrojeció como un tomate.

—¿Quieres comerme, tomatito? Tal vez así pase tu apetito. — Esquivo, mi mirada traviesa y se levanta de la cama, dejándome desconcertado. —No vayas a decirme que estás molesto — dije en un tono burlón mientras le veía caminar hacia el baño.

—Idiota —Voy a tomar un baño. Me sacó la lengua en un acto de niñería y se adentró al cuarto de baño. —¿Qué esperas? —dijo asomando la cabeza por la puerta, a lo que sonreí con malicia.

—Quería una tarjeta de invitación — comenté divertido. Max solo rodó los ojos, y cuando me adentré al cuarto, ya estaba desnudo en la ducha, humedeciendo cada parte de su cuerpo por el chorro de gotas de agua tibia que caía desde el grifo de la ducha.

—Qué deliciosa vista. —Se sonrojó desviando la mirada, me dio la espalda y, tomando el frasco de jabón, comenzó a pasear sus manos por su cuerpo.
Saqué mi bóxer y lo lancé al canasto de la ropa. Me adentré a la ducha cerrando la puertecilla de cristal que evitaba que se empapara el piso del baño.

Puse mis manos juguetonamente en sus caderas y las moví de arriba a abajo por ellas.

—A-Andrew... —Se quejó tratando de alejar mis manos, pero solo logró encenderme.

—Déjame ayudarte... Hace mucho que no te toco, dime... ¿Lo has hecho solo? —Su cuerpo se tensó cuando moví mi pelvis hacia adelante, chocando mi entidad con sus nalgas.

—N-no... —dijo jadeando. Acaricié sus muslos y su cuerpo se estremeció ante el tacto de mis manos; un gemido se escapó cuando atrapé la piel de su cuello entre mis labios.

—¿Quieres que continúe o me detengo? — pregunté en un tono seductor y malvado.

—Y-yo... —dijo con voz jadeante, como me gustaba provocarlo.

—¿Eh...? —dije a modo de pregunta a pesar de saber la respuesta.

—Co-continúa—con una palabra, quebró mi autocontrol.

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