≈•Max•≈
Es increíble las cosas que pueden llegar a pasar; no lo planeas, cuando menos lo esperas, estás acurrucado y completamente enamorado en el pecho cálido de un hombre que creíste jamás amar, que ni pensaste conocer.
—Buenos días, amor —dijo Andrew mientras me apretujaba a su cuerpo con una sonrisa; yo le devolví la misma, con afecto, amor y sinceridad.
—Buenos días —dije acurrucando mi cuerpo entre sus brazos. Bajó sus labios y los posó cálida y tiernamente sobre mi frente; no pude evitar esbozar una sonrisa boba a tal acto de ternura.
—Debemos tomar un baño, hay que trabajar. Me levanté de la cama, pero me jaló bruscamente del brazo, haciéndome caer a su lado nuevamente. Me abrazó protector y besó mis labios. —¿A-Andrew? —dije mientras aquellos besos subían de intensidad.
—Vale —Vamos por un baño —dijo cuando hizo por fin caso a mi voz. Era uno de esos días en los que sería de maravilla quedarse en la cama todo el día, pero lamentablemente existe el trabajo. ¿Quién coño inventó el trabajo? Bueno, después de todo, ¿qué sería de nosotros sin el dinero, verdad?
—Gracias por la comida —dijo Andrew, agradeciendo al chico rubio (Mike), que le estaba dejando una taza de café y unas tostadas, mientras que a mí una chica bien uniformada me tendía algo similar.
—No hay que agradecer, amo —ambos sonrieron y Mike y la chica se retiraron, dejándonos en la mesa a merced del silencio.
—¿Estás listo? — preguntó una vez que había terminado su desayuno.
—Sip —respondí yo en un tono infantil, admirando cómo esbozaba una sonrisa con suma ternura en ella.
—Vamos entonces. Al levantarnos y salir de la mansión, nos dirigimos al deportivo negro, el cual nos llevaría al edificio donde Andrew trabaja.
Al llegar, como siempre, todos los trabajadores le saludaban con sumo respeto mientras ambos caminábamos hacia su oficina.
—Vale, manos a la obra —dijo mientras yo me tumbaba en el sofá blanco como de costumbre y él se encaminaba a su ordenador. —Pero antes —dijo, deteniendo su paso y dirigiéndose a mí, dejando de lado sus acciones anteriores.
—¿Un beso, En serio? —dije incrédulo y divertido. Asintió levantando mi cuerpo del sofá, me acercó a su cuerpo, tomó mi cintura y la apego a este mismo, mientras que su otro brazo se alzaba para que su mano lograra enredar sus dedos en mi cabello.
Mis brazos se colaron en su cuello, y mis dedos jugueteaban con cada hebra fina de su cabello, mientras ambas lenguas jugueteaban entre sí; necesitábamos aire, pero las ganas estaban por sobre nosotros.
—Quién diría los peculiares gustos de mi hijo —se escuchó una voz grave tras nosotros que nos sobresaltó. Nuestros cuerpos se separaron deprisa para admirar al hombre que descansaba sobre el marco de la puerta.
—Pa-Padre... —dijo Andrew, sorprendido mientras arreglaba sus ropas algo desordenadas, al igual que su cabello.
—Supongo que la explicación está más que clara —dijo en un tono frío, despreciando a Andrew, que se hallaba con la cabeza agachada; parecía asustado, dolido de las simples palabras de su padre.
—Padre y yo... —No logró terminar su frase y su padre le interrumpió con sus dolorosas palabras, ese horrible tono de voz.
—Yo no críe esto. No críe a un maldito marica; de seguro este mocoso de mierda te sedujo para tener tu dinero. —¡Cómo no te das cuenta, tú no eres un idiota! — regañó el hombre. El parecido era increíble, y las palabras que usó para describir a su propia sangre también lo eran. Por muy enojado que estés con tu hijo, no creo que puedas ser capaz de tratarlo de esa manera, ¿o sí?
—No es eso —dijo Andrew con su voz serena; era increíble que su comportamiento cambiara tan drásticamente frente a su padre.
—¡Cállate! —exigió con un descarado tono de voz, sin darle la oportunidad a Andrew de hablar. Con odio en sus palabras, se le notaba enfadado y a Andrew dolido. La posición demandante del hombre y la expresión sumisa y triste de Andrew... Quería abrazar a Andrew, decirle que todo estaba bien y al hombre poder golpearle, desgarrar su carne si era posible, decirle cosas que le hirieran tanto como él hirió a mi Andrew. —¡Y tú! —dijo apuntándome y mirándome con odio. Se le veía que podría matarme con la mirada si yo le miraba a los ojos. Se dirigió a paso amenazante hacia mi persona; por un momento pensé que perdería mi vida y sería el fin de todo. —¡No quiero verte cerca de Andrew, ¿oíste!? —Será mejor que obedezcas si es que valoras tu pútrida y miserable vida. Se giró y salió de la habitación dejándonos estupefactos. Andrew se posó en uno de los sofás blancos mientras mantenía su mirada fija en la nada; tenía la cabeza apoyada en sus manos con frustración.
¿Cómo se supone que debía tomarme la amenaza de su padre? ¿Era un hombre peligroso? ¿Sería capaz de dañar al chico que ama su hijo o algo por el estilo? Si fue capaz de decirle esa clase de cosas a su propio hijo, ¿por qué no sería capaz de dañarme si ni siquiera me conoce? ¿Por qué habría de apiadarse de mi vida? Mi cuerpo se estremeció al pensar tales cosas.
—Este era el problema de presentarte a mi padre —se levantó del sofá, fijó sus perdidos ojos en los míos. ¿Estaba llorando? Dios, Andrew lloraba.
—Está bien —dije, abrazándolo; sus cálidas lágrimas humedecían mi hombro, que era donde su rostro se posaba mientras me rodeaba con sus brazos.
—Lo siento —dijo apretando aún más el abrazo. —Lo siento —volvió a repetir. Me dolía tanto verlo así de destrozado; cada vez que una de sus lágrimas tocaba mi hombro, sentía que un pedazo de mi corazón se caía y desmoronaba. ¿Cómo era posible? Andrew era demasiado frío con los demás, parecía invencible, inmune a las críticas de los demás, y con solo un par de palabras aquel hombre logró quebrar su fuerza y orgullo.
—Deja de llorar, me duele mucho verte, así —dije mientras una lágrima escurridiza escapaba de mi rostro al ver sus ojos azules y hermosos, humedecidos y rojos. —Amor, no llores —repetí mientras también las lágrimas me hacían preso del dolor.
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$ubasta
Romance-Siempre me he considerado el objetivo de mira de las desgracias. Honestamente, hasta cierto punto llegué a tomarlas como algo normal en mi vida. Cuando creí que no podía ponerse peor, todo dio un salto, tornándose brusco y confuso. -Te presentaré a...
