CAPÍTULO 3.

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—¿Cómo-cómo te llamas?— Hablé con cierta incomodidad cuando le vi asomar por la puerta del baño. Me mira directamente deteniéndose en medio de la habitación y de pronto estalla en carcajadas. Confundido, intenté hacerme pequeño en la cama, avergonzado.

—¿Es eso importante?— dijo arqueando una ceja en tono de burla.

Mi cara cargada en ironía debió ser lo suficientemente clara cómo para hacer que riera cortamente.

—Claro que lo es, me tendrás aquí de esclavo y ni siquiera sé tu nombre.— torcí la boca con disgusto por la idea.

—Bueno, Bueno. Mi nombre es Andrew. Por cierto, ya no piensas escapar, ¿verdad? Te veo mucho más dócil y tranquilo.— entrecerró los ojos de forma juzgadora.

—Mhm.— Solté un ruido en una respuesta neutra mirando las sabanas blancas tomándolas entre mis manos.

—Porque si lo haces, te encontraré las veces que sea necesario para que te rindas. A demás te salvé la vida, cómo mínimo deberías pagarme de la misma manera, ¿no crees?— se sentó en el borde de la cama a mi lado, su dedo comenzó a acariciar mi mejilla sutilmente. Bajé la cabeza haciendo amago de apartarme de su toque, sintiendo el rubor en las mejillas.

—¿Qué quieres que haga por ti?— Dije golpeando su mano ligeramente para apartarla de mi rostro completamente.

—Honestamente, he pensado en muchas cosas. La mayoría me favorecen, pero asumo que te disgustarían. De momento, puedo ofrecerte un puesto como secretario y guardaespaldas personal. Es lo que más me gusta y a lo que asumo que accederás. Aunque de todas formas, tienes que obedecer.— Se inclinó en mi mejilla hablando y pude sentir un escalofrío recorrerme.

—Obviamente, tendría que satisfacer deseos placenteros, ¿no?— dije rodando los ojos y antes de que hablase continúe.

—Y, ¿Guardaespaldas? ¿Yo? He visto a los gorilas de la entrada, no comprendo que utilidad tendría yo como uno. No soy alto, no tengo músculos, ni soy ágil— arqueé una ceja.

—Que te dé un título no significa que deba de definirte.— me dio un lento beso mientras mordía fuertemente mi labio inferior, causándome soltar un jadeo seguido de un quejido de dolor. Mientras él saboreaba el sabor metálico de la sangre que brotaba de mi labio inferior, me separe inclinándome hacia atrás.

—Si con eso, pago mi aparente deuda contigo, no me quedan muchas opciones.— obvié accediendo a su propuesta, después de todo, que podría pasar a demás de proteger a un multimillonario que seguramente muchos desean matar. O quizás yo he visto muchas películas.

—Claro. Entonces ve a tomar un baño rápido, iremos a comprar un traje y luego iremos a mi oficina— se levantó de la cama y se encaminó al enorme ropero que cruzaba el cuarto.

—Tomaré un baño— Entré al que era un enorme baño, tenía una tina y una ducha, debía tomar un baño rápido, así que me metí a la ducha, el agua fría escurría por mi cuerpo, me despertaba de lo somnoliento que me encontraba aún.

—listo.— dije mientras me estiraba bajo el agua, salí, me sequé el cuerpo y me puse la ropa que llevaba el día anterior, unos vaqueros negros, un par de zapatillas, una playera gris y sobre ella una sudadera negra.

—ya que estás listo, vamos a comer— me dedicó una sonrisa bastante honesta, una sonrisa que creí que un hombre como él no tenía. Mientras caminaba le seguí por la espalda.

—Buenos días, señor Andrew.— Las mucamas y mayordomos servían un festín de desayuno, uno de los mayordomos no quitaba la mirada de mí y eso me incomodaba un poco. Sus ojos verdes y penetrantes, su tez blanca y sus labios rojos como una brillante fresa, su cabello era rubio, un rubio muy claro y brillante.

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