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LII

Apoyo

*

«Quienes nos aman, jamás nos dejan»

-Harry Potter y el prisionero de Azkaban

*

―Solo quería decirlo ―susurró Jonghyun sin romper el abrazo―. No llores, por favor...

―¿Cómo no...?

Kibum enterró más su rostro en le pecho del mayor, rendido a recibir caricias para poder calmar el llanto que lo estaba casi deshidratando. Era estúpido llorar, pero tenía tanto miedo de volver a Corea... Y lo peor de todo es que esta vez sería su culpa y no una desaparición extraña de Jonghyun. Esta vez se separarían porque era lo mejor para ambos, aunque el mayor no supiera nada aún.

―Es egoísta ―dijo Jonghyun cuando Kibum pudo volver a respirar normal―. No debería pedirlo, pero es agradable saber que me amas, me hace sentir bien...

―No... no eres... una mala persona ―se atrevió a decir el menor, con sus piernas inquietas y la voz gangosa―, pero me gustaría escuchar tus sentimientos...

Las manos de Jonghyun se aferraron aun más a su cintura. Ambos decidieron actuar como si Kibum no hubiera dicho lo último. Era más sano. Él continuó llorando en le pecho de su amante y este no dejó de acariciarlo ni un segundo. Separarse justo ahora, más que ilegal, parecía un pecado.

Con ese pensamiento, Jonghyun le besó la frente. Dejó uno, dos, tres besos, cuatro, cinco, hasta que Kibum se alejó de su pecho de manera abrupta. El siguiente beso fue a sus labios. Y el siguiente a su mentón. Y a su cuello. Y el otro a su pecho. Su vientre. Sus manos. Sus piernas. Besar todo... amar todo y que no alcance. Porque jamás alcanzaría si no era capaz de decirlo en voz alta.

Por eso quitó con cuidado la remera de ese niño rubio y dejó marcas rojas poco a poco. En realidad, no conocía otra manera de amar que no fuera en una cama, a besos y mordidas, con caricias salvajes. Le gustaba ver esa misma boquita decir «te amo» y poder gemir al mismo tiempo. Le hacía sentir que Kibum era más suyo que nunca. Entonces dejaba más marcas de amor, tampoco conocía otra manera de ser posesivo.

Estaba desesperado por aprender. Estaba desesperado por amar...

Cuando estuvo a Kibum sudoroso, pidiendo por más con los ojitos cerrados y las mejillas coloradas, aceptó que eso lo podía conseguir en cualquier lado. Antes era obligado a hacerlo, pero ahora podía entrar a cualquier lugar, elegir una presa y tenerla de estar manera, gimiendo por puro placer, en cuestión de minutos. Sin necesidad de ideas y vueltas ilógicas

Lo que no podría conseguir en ningún otro lado sería alguien que en ese proceso le pidiera un beso y le susurrara «te amo». Nadie se quedaba a su lado a la mañana siguiente, nadie le preguntaba cómo estaba su hija, nadie le reclamaba que fumara en su departamento como un obsesivo. Ese era solo Kim Kibum, con sus manías raras y su incontrolable bondad. Era su adorable manera de querer.

―Te quiero, Kibum ―susurró cuando supo que ya nadie iba a oírlo.

.

Cuando Kibum se despertó, Jonghyun ya no estaba en la cama. Por el reloj sobre la puerta de la habitación, supo que ya era casi mediodía. Él había dormido toda la mañana sin descaro alguno, ni siquiera en su habitación. Se sentó en la cama intentando estirar un poco sus brazos, le dolía todo el cuerpo... Y cómo no, si Jonghyun anoche había...

➳ Humano ◂JongKey▸Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora