Capítulo XXIV

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Nadia Rossi:

La perdida de mi padre me hizo crecer antes de tiempo... me obligo a dejar de ser una niña para empezar a pensar con madures, solo éramos mi madre y yo, ella trabajaba interminablemente para poder costearnos todos los gastos y yo... yo debí ocuparme de todo lo demás. Nunca me queje y nunca lo hare, juntas luchamos por salir adelante, cada una cumplió su parte y aquí estamos, ella ha cumplido su sueño de verme graduada y yo mi sueño de hacerla sentir orgullosa.

Mi madre ha llegado. Está enterada de todo lo que está pasando, yo le conté una parte y Bruce otra. Por supuesto, está preocupada. Se disculpo una y mil veces por haberme dejado sola y me dio un gran regaño por no haberle avisado para estar conmigo. No quería arruinar sus vacaciones, todo está bajo control ahora.

Ha pasado una semana desde... que se acabo. Mantengo todo a raya como me enseño mi madre, no mezclo el trabajo con ese romance pasajero. Lucas me la ha hecho fácil. No lo he visto desde ese día que se fue de mi casa, me evita con demasía.

Salí de casa sin esperar a Bruce, ya estaba aburrida de depender de él. Sus palabras rebotaban en mi cabeza cada vez que lo evocaba "Ni tu ni ninguna otra chica podrán reemplazarla a ella..." definitivamente yo no buscaba reemplazarla ni muchos menos sacarla para siempre de él, yo ni siquiera pensaba en ella, yo lo quería a él... pero basta. No más. Lucas no controlaría mi estado de ánimo por mucho que lo amara, a él no pareciera si quiera afectarle.

¿A quien quería mentirle? Moría por besarlo. Me detuvo un semáforo en rojo, cerré los ojos con fuerza y aspire hondo. Me detuve en un pequeño café que esta de camino a casa de los Vernacci y pedí unas donas y un par de Té. Cuando por fin me entregaron todo y salí del lugar gemí al ver la hora. Iba retrasada por treinta minutos, perdería mi trabajo también, estaba segura de eso.

Esta semana ha sido un caos, todos están muy ocupados con lo de la subasta de la fundación de la señora Alana. He tenido que quedarme con Dallan hasta pasada la media noche. Cuando cruzo el gran portón de hierro y rodeo la fuente frente a la casa me estaciono en una de las plazas y bajo del auto casi corriendo. La señora Alana va a matarme.

Estoy a punto de tocar cuando la puerta es abierta con brusquedad, mis ojos se abren al ver a un Bruce completamente serio y nervioso.

—Señorita, Nadia ¿está bien? —Pregunta estudiando cada parte de mi rostro. Lo miro confundida.

—Por supuesto, Bruce, ¿Paso algo? —Ahora la que está nerviosa soy yo.

—Debía esperarme en su casa, ¿recuerda que no puede salir sin seguridad? —Ah, era eso... me encojo de hombros restándole importancia para hacerlo relajar.

—No te preocupes por eso, está todo bien, ¿ves? —Alzo mis manos para que me observe —. Solo fui por algo de comer, ya no creo que necesite... —De pronto Lucas aparece detrás de Bruce y cierro la boca de golpe, se le ve enojadísimo. Su entrecejo esta fruncido, su mandíbula tan apretada que un musculo sobresale de esta y sus ojos llenos de rabia. Esta perfectamente erguido con ambas manos en sus bolsillos delanteros, su cabello un poco despeinado y su respiración es irregular. Sobrepasa a Bruce y se coloca frente a mí, muy cerca de mi rostro me observa unos segundos sin cambiar ni un poco su estado de ánimo y habla:

— ¡Que sea la última vez que hagas esto! —susurra con los dientes apretados —. ¡Si te pasa algo será por tu terquedad y no porque nuestra seguridad haya fallado! —Hay tanta rabia en sus palabras que por alguna razón me lleno de ella.

—Yo ya no soy tu problema. —Susurro, mirándolo fijo a esos ojos tan... imponentes. Trato de sobrepasarlo pero se atraviesa en mi camino haciéndome chocar levemente con su cuerpo. Retrocedo y lo miro furiosa. Llevo aun en mis manos las donas y los té que compre para Dallan y para mí.

Después de tiHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora