Capítulo XXXVIII

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Entre. Entre con mil pensamientos rondándome la cabeza, pensamientos nada buenos. Nada alentadores, pero lo hice porque no tenía de otra. Lucas entro detrás de mí y cerró la puerta. Me dio la espalda y pude escucharlo exhalar. Cuando se vuelve hacia mi tiene los ojos llenos de lágrimas sin derramar.

—Cunado todo esto comenzó debí volver con mi psicólogo. —No lo entendía. —. Mil pensamientos, dudas y confusiones me inundaron y me sentí bastante culpable. De nuevo. —Negué sin poder comprender lo que habla.

—No te entiendo. —Le susurro con voz temblorosa.

—Nadia, yo no estaba informado sobre que Daniela tenía una hermana gemela. ¿Sabes lo que eso causo en mí? Pensé que era ella. Quede noqueado, estupefacto, ¿Qué iba a hacer si se trataba de Daniela?

— ¿Por qué me dices todo esto? —Estoy a un metro de él, confundida y con los nervios haciendo estragos en mí.

—Porque en este punto, si Daniela hubiese estado viva... no la hubiese podido elegir a ella. —Mi corazón dio un vuelco. Mis labios se separan levemente por lo que acaba de decir. —. Eso me hizo sentir muy mal. Gracias a Dios existen ustedes los psicólogos y el mío me ayudo más de lo que creí. —Mis ojos ya están llenos de lágrimas y una pequeña sonrisa se forma en mis labios.

— ¿Entonces no vas a terminar? —Pregunto, y una lágrima se me escapa. Lucas acaba con la distancia que nos separa y me toma por la cintura.

—Por supuesto que no. Eres mi felicidad, Nadia. —Y me besa. No sé en qué momento el beso toma tanta fuerza. Tome su labio inferior y lo hale, lo que lo hizo gruñir, y me encantaba escuchar gruñir... tomó mi cintura y me pego aún más a él sin dejar de besarme, un gemido brotó de mis labios cuando sus manos exploraron mi cintura y subieron la blusa que llevo puesta. —. Eres mía. —susurra contra mis labios y vuelve a tomarlos con fiereza.

Desabrocho mis vaqueros y me condujo a mi cama para caer rendidos, fundidos el uno con el otro. No sabía si él tenía una idea de lo importante que es para mí, lo que me hace sentir, a donde podía llevarme con un beso suyo, lo mucho que lo deseaba.

Lucas es de esas personas que, cuando lo dejas entrar a tu vida puede hacerte sentir completa, ansiosa por llegar el momento de volver a verlo o simplemente... puede hacerte pedazos.

Lo amo, lo amo demasiado. Lo quiero conmigo el resto de mi vida.

—Debes retomar lo de la boda con Alana. He opinado sobre varias cosas, pero no puedo meterme en eso del vestido. —Me susurra, estamos desnudos, acostados en mi cama yo recostada sobre su pecho y el acariciando mi cabello. Una sonrisa ladeada aparece en mis labios.

—De acuerdo. Me encanta que te involucres.

—Y a mí me encantaría que fueran de una buena vez por ese vestido y casarnos sin tantos protocolos. Te quiero mía ya, Nadia. —Deja un beso en mi cabellera.

—Hace mucho que soy tuya, Lucas. —Susurro, esa sonrisa ronca que tanto me gusta de él sale a relucir. Y me encanta.

(...)

Alana vino por mí al día siguiente, creo que ella está más emocionada que yo por eso de la boda. Hay fotógrafos a todos lados donde vamos. Es increíble lo rápido que se enteran dónde te encuentras.

Debí ausentarme un poco más en el consultorio y pasar algunos de mis pacientes a Wendy. Los preparativos para la boda me están quitando más tiempo del que creí. Mamá nos acompaña a casi todos lados, a esos donde sabe no llegaran personas con cámaras.

Al final, después de ir a tantas pruebas pedimos que los cinco vestidos que más nos gustaron fueran enviados a mi casa. Alana quería algo estilo princesa, pero la verdad prefería algo menos... llamativo.

Después de tiHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora