Capítulo XV

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Un par de horas más tarde, le envió la dirección del pequeño apartamento que he adquirido al norte de Vancouver. Es el lugar perfecto para vernos y mi familia no sabe de su existencia.

Bruce toca la puerta de mi oficina principal para informarme que ya es hora. Quedamos en vernos a las ocho de la noche, cierro mi laptop y tomo mi chaqueta para salir. Estoy en mi mansión y las ganas de decirle que venga hacia acá me invaden, pero los desechos de inmediato; alguien podría venir o verla entrar. No quiero a la prensa metida en esto.

Bruce abre la puerta para mí y subo mientras acomodo mi chaqueta. Pasare por algo para cenar, de seguro no ha ingerido nada; a estas horas apenas va saliendo de casa de mi hermana.

Zigzagueamos por varios minutos por la cuidad después de comprar la cena, Bruce noto que alguien nos seguía y no dudamos en que eran paparazis. Al llegar, veo su pequeño auto estacionado en una de las plazas que le indique. Le había dado todas las instrucciones para llegar al pequeño apartamento en el octavo piso.

Bajo del auto después de que Bruce se estaciona al lado de su auto. Cuando mis llaves abren la cerradura y entro al lugar no la veo por ningún lado. Dejo las bolsas en la isla de la cocina y me encamino a la habitación del fondo, me asomo con cuidado y en silencio para verla parada frente al ventanal que da desde el piso hasta el techo observando la ciudad.

—Buenas noches... —Su cuerpo dio un brinco casi imperceptible y la escuche jadear. Camine hasta ella, joder, esta chica me atrae como un demente. Lleva un vestido sencillo y holgado de mangas largas que le llega a la mitad de sus muslos y zapatillas bajas. Se le fantástica, muy diferente a las chicas que frecuento; ya que estas no se bajan de sus tacones de diseñador.

—Hola —Susurra mientras me acerco aun mas. Llego hasta ella y coloco una de mis manos en su cintura para que no se aparte, con la otra repaso la línea de su mandíbula; ella cierra los ojos al instante y no quiero... quiero ver ese verde hermoso que me transporta a un lugar mejor.

—Mírame —Pido, ella lo hace. Por alguna razón quedo atrapado en esos pozos, sintiéndome perdido, ausente, mareado. Cierro los ojos de golpe y aparto la mirada. ¿Qué mierda esta pasándome? La confusión es tanta que ella se da cuenta de lo que pasa.

— ¿Está todo bien? —Susurra a unos centímetros de mis labios. Me aparto un poco para observarla nuevamente.

—Perfectamente —Hablo. Sin poder detenerme un segundo más, cubro sus labios con los míos. No es un beso suave, al contrario, quiero besarla completa, quiero devorarla. La tomo por la parte trasera de su cabellera y la pego más a mí intensificando aun más el beso.

Es jodido para mí desearla de esta forma, me enferma el pensar en la forma que la deseo, es arrebatador, enfermizo, exigente...

Cuelo una de mis manos por su vestido y la subo rosando con suavidad la piel de su cintura. Ella no suelta mis labios, mientras empuña mi chaleco con una mano y con la otra trata de sacarlo.

Me aparto de ella lo que hace que me mire confusa por unos segundos, cuando tomo los bordes de su vestido y la saco por su cabeza su mirada cambia. Retiro mi chaleco mientras vuelvo a tomar sus labios y cuando este cae al piso vuelvo a tomar su cintura para acercarla a mí. Si es que eso era posible, ya que la tenía pegada a mi cuerpo, pero quería fundirme en ella, sacar todo esto que he contenido desde la última vez que fue mía en México.

Suelto sus labios para recorrer su mandíbula dejando besos suaves y leves mordiscos, ella sabe tan bien...

Bajo hasta su cuello, la chupo, la beso, muerdo con suavidad. Tomo su cintura y hago que retroceda hasta llegar a un escritorio que yace en el lugar y la pego a este sin dejar de besarla. Recorro con mis dedos su espalda hasta que llego a su brasear y lo desabrocho lo facilidad. Cuando lo retiro, sus ojos buscan los míos, ese verde claro ya no está, ahora es uno completamente oscuro y sus labios están hinchados y rojos, lo que me invita a besarla una vez más.

Después de tiHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora