Nadia Rossi:
— ¿Te sientes bien? ¿No estás mareada? —Pregunta Mamá ayudando a sentarme en la camilla. Asentí. Exhale cansada. Ya tengo casi un mes aquí, me he recuperado por completo, gracias al cielo la herida de arma blanca no toco ni comprometió algún órgano. Pude haber salido unas semanas atrás, pero Lucas se empeñó en que me quedara hasta que estuviese totalmente bien.
El, vino cada día solo para saber cómo estaba. No entraba a la habitación, yo le pedí que no lo hiciera. Y es que, Dios... ¡No lo entendía! Estoy tan enojada con él, tuvo que pasar todo este jodido problema para que –creo- al fin quisiera acercarse sin importarle el que dirán. ¡Y no! Estoy muy enojada con él, cansada de sus cosas y aspecto duro. ¡Que se quede con su bendito pasado!
La puerta se abre y ambas alzamos la vista para ver al médico que se ha estado haciendo cargo de mi salud entrar, lleva la misma sonrisa amable de siempre.
— ¿Ya estas lista? Hoy harás lo que has querido hacer desde hace semanas —lo mire confundida —. Saldrás de aquí, eso era lo que me pedias hace unas semanas, ¿No? —asentí taciturna. Me sentía bastante mal, y no sabía si era por todo lo que había pasado o por haberle pedido a Lucas que se alejara.
Tomo asiento en la silla de ruedas y mi madre me saca de la habitación, acomodo el abrigo que mi madre ha traído para mí y, al alzar la vista me encuentro con esos ojos grises que me derrumban y ponen mi mundo patas arribas. Olvide como respirar. No podía apartar la vista de sus ojos, llevaba más de una semana sin verlo.
— ¡Nadia! gracias a Dios ya sales. Nallan te ha echado mucho de menos. —La vocecita de Dallan me hace apartar la vista. Sonríe para él.
—Y yo a ustedes, ¿Cómo estás? ¿Cómo está el? —sonríe colocándose a un lado de la silla de ruedas y me toma de la mano para caminar junto a mi mientras mi madre nos saca de allí, Lucas que ha quedado atrás, pero supongo que nos sigue.
—Todos estamos bien. Nallan también, come demasiado. Hace unos días olvide guardar la bolsa de sus galletas bajo llave y, ¿adivina? —entorné mis ojos imaginando lo que había sucedido —. ¡Sí! Casi se la comió entera, y eran diez kilos, ¡Diez kilos! —se cruza de brazos indignado —. Lo castigue. —Levanté mis cejas fingiendo asombro.
— ¿Y qué castigo le pusiste?
—Ya no lo saco a pasear en mi auto, ahora debe caminar. —Una risa ronca brota de mis labios. Recordé cuando lo sacaba a pasear en ese pequeño todoterreno eléctrico en el que paseaba por el jardín. Es un auto para niños.
—Es un castigo muy duro para él, imagino que sí. —Digo, fingiendo tristeza.
Me dice que sus padres no pudieron venir ya que se estaban ocupando de algunas cosas muy importantes. No me sorprendió, el señor Ian estaba decidido a meter a esas personas en la cárcel para siempre y la señora Alana debía estar apoyándolo. Recordé que debía ir a declarar contra ellos. Debía hacer muchas cosas esta semana. La señora Carter había llamado a mi casa y le dijo a mi madre que me comunicara con ella en cuanto pudiera, necesitaba hablar conmigo.
Lucas no se acercaba y se lo agradecía. Ahora mismo no quería hablar con él. Era algo que no podía explicar, estoy demasiado enojada. Me despedí de Dallan prometiendo que iría a su casa a cuidarlo en cuanto pudiese. Lucas se despidió de mi madre y subió a su sobrino en su camioneta y arrancaron. Cerré los ojos con fuerza apoyando mi cabeza en el espaldar... debía sacarlo de mi, Lucas no podía superar su pasado.
Cuando llegamos a casa me coloque mi pijama favorito, mis pantuflas de conejo y baje a la cocina con mi madre para ayudarla a hacer la cena. Al principio se negó, pero al darse cuenta que no cedería me permitió ayudarla con el pollo y los vegetales. No iba a tirarme de nuevo a una cama, llevaba días acostada en estas. Almorzamos viendo nuestra telenovela favorita.
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Después de ti
Ficção AdolescenteDespués del primer amor, llega el amor verdadero y eso lo experimenta el hijo del gran empresario Aarón Ferreyra cuando la que era su novia y su primer amor muere en un trágico accidente junto a la abuela de este. Resignado y sin ganas de conocer a...
