Capítulo 8

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El día anterior, mi hermana había hablado con Helena y conmigo, dándonos una aparente buena noticia. Dijo que me había conseguido un pequeño empleo, que consistía en ser el piano de fondo en un restaurante en el que estaban invirtiendo Jack y Alexander.

Quise negarme, pero tampoco era como si pagasen mal y las canciones fueran a ser muy difíciles, encima de todo: era un favor para ellos. Son como hermanos para mí y para Angeline, igualmente Helena y Dely les profesan aprecio.

Si no me iba bien, no lo haría más. Después de todo, son canciones serias y constantes a las que casi no se les presta atención mientras se está cenando, mientras atmósfera se suaviza con acordes que se centran en la mano izquierda.

- Además, hermana, van chicas muy hermosas y tienes recesos para coger cualquier postre.

Helena no se vió muy emocionada.

Ahora estoy en clase de Lenguaje, sintiéndome una niña pequeña otra vez, separando en sílabas y colocando tildes, diciendo si hay palabras agudas, graves o esdrújulas. Ejercicios que no creí volver a ver en mi vida y que siento que son una pérdida de tiempo.

- Pss... Ross, ¿tiempo lleva acento en algún lugar?– Ésta chica es estúpida con ganas.

- Sí, en la e, pero no una tilde si a eso te refieres.

- La tilde... Es la cosita que es como una coma sobre las letras, ¿no?

- Agh, sí... Las vocales.

Me duele la cabeza.

Pienso seriamente en las canciones que debo practicar con Madame Dorothea.

Una es Danse macabre, la cual me parece algo intimidante.

Otra es: El trino del Diablo, de Tartini. Ésta me agrada bastante pero no es simple.

Por último, pero no menos importante, estaba Bach. Me encantaba por ese simple hecho, a pesar de que era Cello Suite no. 1 en un Preludio para piano... Con ambas manos sería mas sencillo.

Llegué a casa, irritada. Me sentí rodeada de idiotas en esa clase, y para colmo la profesora que nos han asignado por un tiempo es una vieja amarguetas, que suele pintarse los cabellos de verde oscuro, combinando con sus verrugas en la nariz. Enserio da mala espina, no nos mira a los ojos y es muy malhumorada. Una bruja en todo sentido.

- Un-dos~Un-dos, Un-dos y Un-dos...– Movía los dedos, aferrados a mis Jeans, mientras caminaba y no dejaba de reproducir la pieza. Mis audífonos, mi escudo contra el mundo.

En eso sentí que alguien les había echado un tirón y se salieron del aparato, que reprodujo en alto la ultima pieza que he mencionado.

Me dió, por alguna razón, vergüenza. Pero fue un sentimiento efímero, rápidamente reemplazado por irritación mientras callaba las notas y buscaba al responsable.

- Gustos refinados ¿eh? Me agrada.

Era Vanessa.

Le quité el cable de mis audífonos.

- Eso que has hecho es de muy mal gusto. Que no suceda más.– No me iba a dejar intimidar por nadie en plena salida.

Volví a ponerlos en el aparato reproductor y me preparaba para irme.

- No te pongas así. ¿Estás bien?

- Sí.– Corté mientras me dirigía a la parada de autobús.

- Ibas muy concentrada. ¿Es que quieres tocar eso?

- Debo irme.– Corté aun más tajante.

En eso Brandy y Francine aparecieron, y agradecí internamente.

[PAUSADA Y EN MUDANZA] Maestra... ¿Todo bien?Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora