Capítulo 23

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Desperté cuando la profesora de Matemáticas dejó caer un libro en mi mesa.

- ¡Yo no fui!- Exclamé.

Risas escaparon de los que ya se iban.

- Sí, fue usted, señorita Darlen.

Miré a todos lados, el salón estaba vacío.

- ¿Qué hice?

- La clase acabó. Durmió 40 minutos.

Me quería morir de vergüenza.

- Perdóneme...

- No importa, supongo que para haber sacado esto, tiene razones de no haber dormido. Felicidades.

18/20 cantaba el examen con la nota más alta de la sección.

La miré, incrédula.

- ¿Es mío?

- Sí. Ahora retírese, tengo que cerrar el salón, aprenda a no quedarse sola, es peligroso para una delicada señorita.

Pude decirle con métrica pausada, correcta devoción y respeto' "Delicada el webo mío"... Pero no iba a presionar mi suerte, sólo me ajusté la corbata, asentí y salí.

Fui a la biblioteca.

Amanda me llamó un momento entre los estantes de Álgebra avanzada.

- Pequeña... Necesito que me hagas un favor muy pero muy grande.- Me tomó de las manos.- ¿Sí?

Miré a todos lados, completamente extrañada de su actitud sospechosa como si llevase complicidad con un cartel de tráfico humano.

- Depende de qué sea, Amanda...

- Necesito que le lleves una carta a la directora de recursos humanos que nos vista hoy, sin que la directora general de la institución se entere.

- ¿Y por qué esa condición tan específica? - Argumenté, extrañada.

- Agh... Te lo resumiré.

Fue algo más o menos así:

En toda institución educativa pueden haber fallos, como: Educadores que cobran por pasar materias, profesores que se encargan de hacer cosas indebidas con alumnos y alumnas, personal de limpieza que les llevan chismes suficientes a los directores generales, incluso los promotores encargados de invertir en ciertas áreas de la organización de la universidad saben de cuestiones fraudulentas. Ésta institución no era una excepción, pero...

- Pero nadie hace nada.- Culminé, disgustada y dispuesta a hacer algo.

- Exacto. Pero, dentro de poco, esa directora y varios profesores se van a ir. Para que no de vayan los profesores que valen la pena, por férreos que sean, y no te toque ver clases con los inadecuados, necesito que lleves esa carta, que contiene una lista de los maestros que hace falta retirar de inmediato.

- Entiendo... Iré enseguida.

- No, no vas a ir sola. Espera aquí, una chica sabe de ésto y va a ir contigo, no vayas sola. Oh, y que nadie vea la carta, sólo la directora de recursos humanos, porque ella es la que viene de la sede general en el éste del país, ella es quien debe verlo.

- Nunca he revisado ni revisaría correspondencia ajena.

Pero, en cuando llegó la supuesta acompañante... Me quería escapar por la ventana más cercana.

- ¡Vanessa! Preciosa, que alegría que llegues a tiempo.- Dijo Amanda, abrazándola.

Vanessa se acercó demasiado a mí.

[PAUSADA Y EN MUDANZA] Maestra... ¿Todo bien?Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora