Solucionamos el alboroto de la casa de Alexander. Éste tuvo que conseguir un enorme pastel y una caja llena de deditos de queso con las salsas que tanto le gustaban a Jack para poder convencerlo de que tenía algo preparado.
Poner una carta dentro explicando que quería volver a viajar sólo para asegurarse de poder llevarlo a disfrutar en uno de esos planes de relajación de parejas en islas del caribe... Fue una gran jugada.
La fiesta acabó y nos habíamos quedado a dormir.
La madre y el padre de Alexander también se habían quedado y por eso, ni mis queridos hermanos, ni Helena y yo pudimos demostrar grandes pasiones.
Me desperté muy temprano por alguna razón. No tenía clases y aún así no podía volver a conciliar el sueño. Odio despertarme sin razón, pero algo mejor que despertar junto a Helena es poder ver su cara de satisfacción cuando se come el desayuno que me hago.
Me dirigí a la cocina y la madre se Alexander ya estaba ahí, bostezando y encendiendo las hornillas.
– Oh, buenos días, preciosa.– Me saludó dejando las hoyas para estrecharme entre sus brazos.
– Buenos días, señora Siena. ¿Cómo está?– Su pecho y su rechoncha figura me envolvieron.
– Ah, muy bien. Pero ya te dije que me digas Tía Siena. Pero bueno, ¡qué dicha que estés despierta! ¿Me ayudas a cocinar?
Asentí y me puse a ello. Hicimos un desayuno sencillo, de tostadas de grano entero en mantequilla ligera, con rodajas de tomates precocidas en una especie de aderezo a base de crema de leche con especias espeso. Y tazas de café con leche.
– Ah, Alexander parece más maduro, es muy dulce... La próxima déjalo arreglárselas sólo con Jack, ese muchacho lo ama pero mi Alex siempre ha sido muy mimado.
Reí bajito.
– No se preocupe, señora, estarán bien... Pero siempre me parece bonito ofrecerles mi ayuda a los que amo.
Me pellizcó las mejillas.
– Aw, y eso te harás una mujercita de bien. ¡Come, estás muy delgada!
Para la madre de Alexander todos están muy delgados. Ella es peor que la madre de Marielina, ella no espera a que niegues cuando ya te está sirviendo más, o directamente te pone un bocado en la boca. Un amor de persona, sin duda.
Nos fuimos a casa, yo empezaba a sentirme muy cansada, probablemente por el ajetreo que pasé ayudando a Alexander con esa sorpresa improvisada para arreglarse con Jack.
Helena me mandó a la cama tras un baño tibio, entre muchos besos.
Hubiera preferido que éstos momentos duraran para siempre, que el mundo exterior y las obligaciones se hubieran quedado lejos... Pero de la nada la universidad se puso demasiado activa, los alumnos llegaban de a montones y los trabajos igual.
Cada vez más, durante la semana, me sentía lenta y poco productiva. Sentía que estaba fracasando, y por eso mismo me presioné al límite.
~~~
~*Helena*~
Aunque Rossie no se encontraba precisamente animada, la mañana había sido tranquila.
La semana había pasado rudamente, ella estaba estudiando demasiado.
Estaba demasiado estresada, tanto que eventualmente tendía a responder de mala gana.
No mentiré: Mi primera reacción fueron las ganas de darle unas nalgadas. Segundo: me sentí como si envejeciera diez años en un minuto y ya tuviera una hija demasiado obstinada. Y tercero: me sentí perdida, porque no sabía como ayudarla.
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[PAUSADA Y EN MUDANZA] Maestra... ¿Todo bien?
RomanceContinuando desde "Maestra... ¿Me porté mal?" (Eliminada de la plataforma) ¡El romance LBGT no acaba jamás! Rossie Allier Darlen, tiene 18 años y empieza su vida universitaria sin problema alguno. Su vida no es perfecta, pero los altercados que la r...
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