Capítulo 13

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- Entonces el cociente va a ser...

Nadie contestó.

Mi hermana había sido clara: no necesita que tengas las mejores notas, ella estará orgullosa de mí... Pero yo quiero aprobar ésta jodienda.

- Muchachos, por favor, sé bien que los de su carrera no se llevan con matemáticas, pero por favor, hagan un esfuerzo. ¿Si? Sólo eso pido.

La profesora de matemáticas era muy amable con nosotros en realidad. Ya llevaba su segunda aspirina del día.

Levanté la mano, nerviosa.

- Bien, alguien. ¿Sí?

- Pues...

- ¡Profesora!- Llegó un chico por la puerta.

- ¿Qué clase de modales son esos?

- Buenos días... Su auto está humeando.

La profesora salio del salón diciendo:

- Retomaremos el tema la siguiente clase.

Suspiré, derrota. Se fue el único esfuerzo que haré en una materia que, sinceramente, me coge a coñazos limpios cada que intento entender. Pero era el menor de mis problemas.

Regresaba a casa, deprimida, en el auto de Dely.

- Rossie... ¿Estás bien, terroncito? - Dejó su alegre música, la plática con sus amigas el par de reposteras y el baile de dedos con el chico de copiloto.

- Estoy bien.

- Claro, ahora sólo dilo de verdad.

- Dely, estoy bien.

- Hey, no me hables como si soy boba. ¿Qué pasó?

- Nada.

- Le diré a Helena.

- Dile lo que quieras.

Me miró seriamente por el retrovisor cuando el semáforo nos paró.

Todos se habían callado y las miradas me perforaban.

- Voy a doblar en la siguiente esquina. Vamos a hablar seriamente en el baño de la cafetería que queda ahí mismo.

- No es necesario.

- Qué bueno, ¿entonces me resumirás el problema?

- No quiero decirte.

- Si no quieres, no le diré a Helena...

Tragué fuerte.

- Una chica... Fue un dolor de cabeza el día de hoy. Es todo.

- Mhm... ¿En qué sentido?

- El homofóbico.

Estacionó el auto en y me mandó a bajar.

- Dely, no hagas esto.

- Baja, vamos.

No estaba feliz como siempre, no mostraba emociones realmente.

- Dely, deja a la pobre chica. Lleguemos a tu casa y allá hablamos más calmados.

- No, Joel, allá estará Helena.

Me abracé a mi bolso.

- Te prometo contarte... Sólo no me hagas hablar ahora que no me siento bien.

Asintió. Recobramos marcha y fuimos a su hogar.

- Rossie, querida...

Su madre intentó abrazarme, cosa a la que no me mostré tan feliz. Notó fácilmente que no estaba de ánimos.

[PAUSADA Y EN MUDANZA] Maestra... ¿Todo bien?Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora