Capítulo 12

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Me había levantado muy temprano para llegar a clase.

El profesor había llegado tarde, así que dormía sobre mi carpeta acolchada de cuero negro...

- ¡Ross!– Me despertó un amigo.

- ¡Ah!– Me sobresalté.

– ¿Estás bien?

- Si, tranquilo Joseph, estoy bien.

- ¿Segura?

- Sí... Gracias por despertarme. ¿Y el profesor?

- Acaban de decir que no va a llegar y nos podemos ir... ¿Quieres ir a la plaza?

- Tal vez luego. Iré a la biblioteca.

Mentí, realmente quería hablar con el padre de Helena.

Toqué a dirección y pregunté dónde estaba su oficina. Debía bajar al largo pasillo se despachos. Ahí sólo se sientan a esperarle los alumnos mayores. Gente buscando consejo o ayuda con la tesis.

- ¿Rossie?– Me saludó, llegaba por el pasillo.

- Buenos días, profesor...

- ¿Te sientes bien?

- Sí. Sólo necesito hablarle de algo importante.

- Adelante.

– Sólo quería preguntarle por Helena. Dormimos poco anoche... Me mandó a clases con Mallory y se quedó con Dely. No fue muy comunicativa, apenas si alcanzamos a despedirnos, y... No se si está molesta.

- Pequeña, ella no me ha dicho nada. Disculpa.

- Sé que no es el mejor momento ni el mejor lugar para preguntar por su hija. Pero entienda, es...– Me mordí el labio.

- Sé que estás preocupada por tu pareja, entiendo... Sé que pasaron por esa amarga situación anoche y hoy Helena quiere tomar cartas en el asunto.

- Entiendo.

- Te sugiero quedarte tranquila. Ve a casa, espérala. Le diré que estás preocupada y que se asegure de llamarte. Mientas tanto entiéndela, quiere dar lo mejor de sí.

Le agradecí y, tras un abrazo breve, salí de su oficina a la biblioteca. Me quedé leyendo relatos hasta que se hicieron las 11:00am.

Llegué a casa y estaba sola, de no ser por Dana me hubiera largado a llorar haciendo eco en el silencio.

Llamé a mi hermana para saber de ella. No hablábamos hacía casi una semana.

- Angie...

- ¡Rossie! Que alegría, hermanita. ¿Cómo estás? – Me reconfortaba mostrándome esa sonrisa suya.

- Preocupada...

- Pues qué bueno que tienes bastantes datos y una conexión WiFi estable. ¡Dímelo todo!

Le expliqué todo brevemente y ella suspiró.

- Bueno... Te aviso que estás en un lío. Ojalá Helena te haya dado en nalgadas los pellizcos que te quiero dar.

Sonreí.

- Sí, tranquila.

Ella sonrió de medio lado.

- Supongo que entiendes lo importante de ésta situación... No debes meterte en problemas ni juntarte con gente así.

- Ya sé.

- Bueno, mira lo que vamos a hacer: Llegaré a casa mañana en la noche. Iremos al bar más tranquilo de la ciudad. Me dirás más detalles y listo. Una hora me basta para hacerte sentir mejor. ¿Si?

[PAUSADA Y EN MUDANZA] Maestra... ¿Todo bien?Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora