Capítulo 37

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Como una sirena de bañera, no puedo nadar para huir del tormentoso destino, pero puedo cantar para atraer la atención de los marinos audaces que detengan la locura de los tifones que causa Victoria con los destrozos a sus fragatas, haciéndonos palidecer a Katie y a mí como si fuera la dueña del culo del mismísimo Poseidón.

- Helena... - Suplico, viéndola con todas las facciones de la angustia grabadas en mi semblante.

Ella mira a Victoria, eliminando su incomodidad y todo rastro de cobardía y tristeza, quizá inspirada por la valentía del tío Oliver hace rato.

- Victoria...

Ella la miró.

- ¿Sí, mi pequeña Lena?

Helena se cruzó de brazos, señal de que va con toda su seberidad.

- Me rehúso rotundamente, no pretendo dejar que hagas lo que tienes en mente.

Dely, mientras tanto y al notar que la atención de su madre se depositaba por completo en el desafío que le propinaba su mejor amiga, nos ayuba a Katie y a mí a despegarnos mechones de cabello, como mínimo para no ser un cuadro tan trágico, sufriente y que no nos doliera la cabeza.

Oliver se aclaró la garganta antes de que Victoria siquiera terminara de abrir la boca, y menos mal porque el comienzo del fruncir de sus cejas no deparaba nada bueno.

- Victoria, mi amor...

- Ains... - Se peinaba el cabello. - ¿Qué quieres, Oliver? ¿No ves que estoy ocupada aquí?

- Me parece que se ha suscitado algo que empieza a ponerse turbio incluso antes del baño. - Aclaró, con una sonrisa jovial y apenada de un hombre amable y constructivo.

Ella nos miró. Yo, en efecto, solté algunas lágrimas.

- T-tía Vicky... Esto duele mucho... Y la idea de que nos ayudes a despegar mediante un baño... - Sorbí por la nariz. - P-Perdón, pero no me agrada, es tan bochornoso...

Katherine suspiró, triste.

- Tía Vicky, sinceramente voy a sentirme muy invadida y por eso deseo salir de éste pegoste, al menos con algo de ropa para cubrirme y luego darme un baño por mi cuenta.

Ella nos miró, preocupada, pero... Luego sonrió.

Lastimosamente, ésto no es un cuento de hadas, y ya que es la cruda realidad, tengo que asegurar en nombre de todos que, esa sonrisa, era como para dar ejemplo de lo que es una posesión demoníaca, la representación de un súcubo disputando con divertido semblamte el cómo arrebatar las almas de todos los ahí presentes, que bien que nos quedamos sin aliento y pálidos por el temor.

Dió una risita corta, nasal y con sorna, negando lentamente como si no pudiera dar crédito a lo ridículo que todo le parecía.

- Pero se pelearon... - Aseguró, poniendo una mano en su cadera y la otra jugando con los mechones de su rojo cabello para ponerlos tras su oreja izquierda. - ¿O acaso me equivoco?

Oí a Katherine tragando saliva.

Victoria se no acercó y nos tomó de la barbilla a cada una, sosteniéndola con meñique y anular, pero jugando con nuestros cachetes con pulgar, índice y medio.

Dely se acercó.

- Mamá, no hay que exagerar. Helena y yo somos mucho peores todos los santos días. ¡Por favor, dales un respiro!

La miró, volteando solo un poco y sin soltarnos, como desinteresada en su interferencia.

- Pero eso es porque era otra época y siempre fui demasiado permisiva con ustedes; por ejemplo: a tí nunca te levanté la mano, sólo la voz, cariño. Son un caso perdido, mientras que mis lindas Katie y Ross son mis angelitos, no planeo dejarles derviar del buen camino.

[PAUSADA Y EN MUDANZA] Maestra... ¿Todo bien?Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora