Continuando desde "Maestra... ¿Me porté mal?" (Eliminada de la plataforma)
¡El romance LBGT no acaba jamás!
Rossie Allier Darlen, tiene 18 años y empieza su vida universitaria sin problema alguno. Su vida no es perfecta, pero los altercados que la r...
– Despierta, dulzura...– Dijo ella, acariciando mi cintura tras descubrirme de las sábanas.
Me abracé aún más al peluche y las almohadas.
– No quiero.
– Bebé, tienes que ir a la escuela.
Abrí los ojos y la miré, circunspecta.
– Universidad. – Corregí.
Ella rió.
– Facultad de la escuela de Arquitectura es la escuela de arquitectura. Por tanto: Aún vas a la escuela y te puedo fastidiar tanto como quiera con eso, de aquí a que te gradúes.
Viré los ojos y la abracé.
– No quiero ir...
– ¿Cómo te sientes?– Me tomó de las muñecas y miró mis manos, luego el pequeño porrazo en una mejilla recibió una delicada caricia suya.
– Mejor, no me duele nada.
– Puedes quedarte si te sientes mal.
– No... ¡Oh! Y tengo que llevar cierto atuendo, la Directora general me ha mandado a llamar...
Ella me miró, extrañada.
– ¿Pero qué tipo de ropa?... ¿¡Y por qué me vienes a decir ahorita!?
Sonreí ante esa severidad.
– Aparentemente será una pequeña audiencia en la oficina "magistral" a donde nadie va sin un buen motivo. Primero: Ropa que me haga ver como una empollón, da igual si soy sería o no, de todas formas no es como si fueran a apreciar a una niña de primer semestre. Y segundo: Se me olvidó, iba a resolverlo en la mañana.
Ella me acarició la mejilla.
– Si te han mandado a llamar, es por algo bueno. Seas del semestre que seas, tú eres quien puede probar cuánto vales. Y agradecería que me avisaras las cosas con tiempo, me gusta ayudarte.
Me levanté presurosamente.
– ¿A dónde vas, dulzura?
– Jeje...– Sólo solté el mensaje de una vez.– ¡Ayer dejaron una carta! Fue en la noche, se me olvidó dártela.
La cogí de la encimera y se la entregué.
Ella suspiró pero mantuvo su sonrisa.
– Oh, ¿de qué se trata?
Me senté en sus piernas.
– No sé, la carta va dirigida a ti. No puedo leer la correspondencia ajena.
Rió bajito, me acarició la cabeza y luego abrió la carta.
– Es una invitación...– Anunció.
– A dicha junta.– Culminé.
Ella dejó la carta en otro lado.
– Qué fastidio... ¿Quién envía cartas? Nada más me gusta recibir cartas de mi novia...– Me apretujó.– ¡No me dejan opción de rechazar o no. ¡Deberían modernizarse y enviar correos!
– Helena, ¿irás?– Pregunté sosteniendo sus mejillas.
Ella me acomodó el cabello.
– No me provoca ir, pero... Si me dejas ponerte un lindo conjunto de moda Preppy, iré.
Viré los ojos pero obviamente acepté.
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