Capítulo 28

2.6K 184 23
                                        

Llegamos a una residencia de lújubre aspecto, en sus townhouses de tres pisos, 180m², luciendo colores blanco, gris o negro y tejados rojos, siempre el mismo diseño, siempre con sus fachadas con un único árbol y su patio delantero en césped con un pequeño círculo de flores.

Considerando los hombres de traje azul marino y lentes oscuros abriendo los portones, era gracioso y preocupante el hecho de que todo parecía una vieja película de mafiosos.

Me removí en el asiento.

– ¿Qué te sucede?– Preguntó el señor Vincent en un tono férreo al notar mi movimiento.

– Quiero bajarme ya, se me duermen las piernas, es sofocante estar tanto tiempo en un auto.

Él suspiró.

– Eres inquieta, ojalá corras y sepas esconderte, así ella la tendría difícil... Bueno, al menos no podrá molestarme por un tiempo.

Realmente sólo se trataba de una charla consigo mismo en voz alta, ignorando completamente a todos a su alrededor y la situación en que nos encontrábamos.

– ¿Y qué le gusta a su hija? – Intenté indagar.

– Lo mismo que a ti, supongo. Las chicas y... Lo que sea que a las chicas de éste tiempo les guste.

Bufé, irritada.

– Bff! Eso es muy ambiguo y no me sirve de nada. Además, a mí no me gusta nada que le guste a la gente de mi edad.

– Con tal de que no la aburras y me la quites de encima está bien para mí.

Me crucé de brazos, levantando una ceja, lanzando lo único que se me ocurría al unir los puntos.

– Usted no tiene tanta urgencia de hablar con el tío Oliver, ¿no? Usted buscó lo primero que pudiera servir para arreglarle una cita de juegos a su hija y que lo dejase en paz. ¿Me equivoco?

Me miró con desdén.

– ¿Y qué si así fuera? Con tal de que sufras tú y no yo.

Reí por lo bajo.

– A veces es tan aburrido tener razón... Extraño a Helena, ya quiero verla.

Él largó una carcajada.

– ¡Ha! Que curioso...

– ¿Qué?– Pregunté a la defensiva.

– ¿Qué diría ella si te encuentra con mi hija?

Eso fue un golpe bajo. Todos saben que Helena es la personificación de los celos, el drama del poder...

– Ella... Yo no voy a hacer nada, yo no accedí a venir y ella es razonable. Si su hija me fastidia, no me culpará...

– Sigue repitiéndote eso hasta que te lo creas. Como yo estoy muy ocupado, mi Ama de llaves te llevará con Katherine...

De la nada, uno de los hombres a mi lado se bajó y me llevó con el por otro camino del patio delantero de una de las casas, por el enorme pasillo que formaba el resto de un porche y conducía al patio trasero, luego a entrar por una puerta corrediza donde una señora rechoncha, de cabello negro y bien rizado con una piel bronceada y ojos verdes brillantes me miró de arriba a abajo con una sonrisa.

– ¿Ésta es la niña? ¡Pero que pequeña es!– Me pellizcó las mejillas.– Ya les voy a hacer unas galletas, son tan delgadas hoy en día...

– Señora Martina, no le quité el ojo de encima... No le tiene mucho respeto al señor Capel, causará problemas.

Ella rió.

[PAUSADA Y EN MUDANZA] Maestra... ¿Todo bien?Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora