Capítulo 11

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La madre de Dely me hizo sentar en la barra de la cocina y me empapó las palmas con solución estéril.

- Niña, tienes que tener más cuidado.

- Pero estoy bien...

Helena le tocó el hombro a la mujer.

- Ella es así, no se preocupe.

- Luego hablaré contigo sobre por qué no cuidas a tu novia.

- Mamá... - Se quejó Dely.

- ¡Mamá nada!, tampoco cuidaste a tu amiga, ahora tráeme las benditas.

Me ardía la cara.

- Pero señora, son sólo rasguños pequeños.

- ¿Y el de tu rodilla también?

Ni siquiera me había dado cuenta.

- Me curo rápido. No se preocupe.

- Mi hija trajo a su amiga y no pasan ni 10 minutos cuando ya está herida. Qué pena me va a dar con tu hermana...

- ¿Conoce a mi hermana?

- Dely la trajo hace un tiempo. Tengo entendido que es tu representante legal... Bueno pero nada de eso importa ahora mismo, quédate quieta.

Me puso las benditas.

Me sentía demasiado pequeña. Más que con Helena y más intimidada que con Mallory.

- Gracias... Lo lamento.

- No hiciste nada malo, ayudaste a Rufus.

Su tono no es convincente.

- No se enfade, por favor. No quise hacerla sentir mal.

Ella me vió, levantando una ceja.

- No te disculpes tanto.

Me tomó de la cintura para hacerme bajar y llamó al ama de llaves.

- Señora Rita, ¿puede cocinar algo dulce?

- De inmediato, señora. ¿Qué desea?

Me vió como esperando mi respuesta.

- Lo que usted diga. Yo no...

- No me vengas con eso, anda. ¿Qué te gusta comer?

Dely estaba roja aguantando la risa.

- Mejor dile cuanto te encantan las galletas de chocolate, Rossie.

- Pero...

- Entonces eso.- Culminó la señora para luego irse a otro lado.

Mallory me palmeó la espalda.

- Tranquila, pequeña.

Helena me abrazó.

- Parece que vamos un poco aceleradas. Demasiadas emociones hasta ahora.

- Dely... ¿Por qué tu madre es así?– Pregunté, nerviosa.

Ella me mostró una foto de ella, vendada del brazo, sentada en un cojín.

- Me enfermaba y me lastimaba mucho de pequeña. También me la pasaba en líos, cogiendo animales, saltando en charcos, picando desechos con una ramita... No me quedaba quieta. Pero ella jamás dejó de preocuparse, siempre me puso cada bendita en su lugar. Parece que le has recordado esa época.

- Soy una mujer, igual que tú.

- Una jovencita adorable y que terminó herida por culpa de un gato muy estúpido y malcriado. Déjala mimarte.

[PAUSADA Y EN MUDANZA] Maestra... ¿Todo bien?Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora