Coloqué una taza de café sobre el amplio alféizar del balcón. El vapor se elevó de manera casi explosiva, y el aroma del café llenó el aire a mi alrededor. Disfrutaba del olor que envolvía el lugar.
Mi espera se centraba en el momento en que Logan y yo pudiéramos conversar. Habían pasado varios días desde la última vez que lo vi, desde que intenté ignorarlo. Ya no lo veía en la preparatoria, no asomaba la cabeza por la ventana para fumar ni siquiera lo había visto salir de su casa. Parecía que ahora era él quien me evitaba, lo cual era comprensible.
Logan era un enigma para mí. Nunca antes había conocido a alguien tan enigmático y complejo como él. Era frío, taciturno, hermético y, al mismo tiempo, vulnerable. Parecía llevar consigo una carga emocional abrumadora, como si fuera su propio peor enemigo. No sabía qué pasaba por su mente, pero estaba segura de que albergaba una gran cantidad de pensamientos oscuros y negativos. Siempre había deseado que compartiera sus preocupaciones, que me permitiera ayudarlo, pero se aferraba a sus secretos y se protegía detrás de un escudo que solo parecía empeorar su situación.
Las ojeras bajo sus ojos me hacían pensar en las noches en vela, donde Logan luchaba con sus demonios internos, atormentado por pensamientos incesantes mientras escuchaba sus canciones favoritas. Me preguntaba si alguien alguna vez había destrozado su corazón. Ahora, al reflexionar, me daba cuenta de que apenas había explorado el tema de su madre alcohólica. Tal vez ella era el origen de muchos de los problemas de Logan. Sin embargo, ¿qué había ocurrido con su padre? Logan mencionó que también era una figura problemática en su vida.
Me embargó la compasión por Logan. Imaginaba a un niño pequeño, enfrentando las tormentas de su infancia, lidiando con inimaginables dificultades para llegar a ser la persona que era ahora. Había soportado demasiado y, a pesar de ello, carecía de un refugio al que acudir.
Tomé un sorbo de café, arrugando la nariz al sentir el sabor amargo que tanto despreciaba. A pesar de amar su aroma, el sabor amargo me hacía querer vomitar. Me resultaba un misterio por qué Logan consumía café con tanta frecuencia.
De repente, las ventanas de la habitación de Logan se abrieron. Al verlo, mi corazón se hundió en mi pecho y mis ojos se llenaron de lágrimas. Su rostro estaba cubierto de moretones. El ojo izquierdo estaba prácticamente cerrado debido a la hinchazón, apenas se podía ver su pupila. Sus labios estaban partidos y de su nariz manaba sangre que recorría su rostro. Era difícil reconocerlo; parecía un completo desastre.
Logan esbozó una sonrisa breve.
—Estoy bien.
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Lo que nos unía
Teen FictionEn un nuevo comienzo en una ciudad desconocida, Lindsey se encuentra en un mundo completamente ajeno. Sus padres se mudaron por trabajo, y mientras intenta adaptarse a esta vida llena de cambios, un inesperado vecino entra en escena. Logan, su enigm...
