Después de pasar varias horas en su lugar especial y compartir besos y miradas furtivas, caminábamos tomados de la mano por la calle, lentamente nos dirigíamos a la casa de Jackson. En el camino, Logan compartía comentarios divertidos que me hacían reír mientras nos empujábamos juguetonamente.
Logan compartió su auricular y comenzó a reproducir música. La oscuridad de la noche nos envolvía, y nuestra risa resonaba a una cuadra de distancia. Todo parecía perfecto.
—No sabía que te gustaba Cigarettes after Sex —mencioné.
Él encogió los hombros.
—Sus canciones me transmiten una especie de calma.
De repente, escuchamos música que sonaba desde lejos, las luces parpadeaban y los adolescentes entusiastas gritaban ruidosamente. Suspiré y miré a Logan, quien parecía nervioso.
—Si quieres, podemos regresar a casa —sugerí, sonriendo.
—Estoy bien —respondió él, apretando mi mano y devolviendo la sonrisa.
En el patio delantero de la casa, algunos chicos fumaban, bebían y jugaban bruscamente. Al fondo, algunas parejas se besaban, lo que resultaba incómodo de presenciar a medida que nos acercábamos a la puerta, donde la música sonaba cada vez más fuerte. Logan parecía luchar internamente para no huir de allí.
El olor a tabaco era evidente, y no pude evitar pasarme la mano por la nariz. Antes de que pudiera arrepentirme, la puerta se abrió sin previo aviso, revelando a un despeinado y eufórico Jackson, visiblemente incómodo. Sus ojos se movieron de Logan a mí.
—¡Pensé que no vendrían! —exclamó.
—Nosotros tampoco —respondió Logan de manera cortante mientras entraba a la casa y chocaba intencionalmente con Jackson.
La multitud de adolescentes bailaba, bebía de vasos rojos y gritaba. Me sentía incómoda, quizás no había sido una buena idea venir. Tal vez Logan tenía razón. Esto era una locura.
—Te traeré una bebida —dijo Logan segundos antes de desaparecer en la multitud.
Quedé parada allí, sin ganas de unirme, de bailar o de socializar. Lo único en lo que podía pensar era en huir. Sentí un brazo rodear mis hombros.
—¿Estás bien? —preguntó Jackson, arqueando las cejas. Su aliento olía a alcohol.
—Un poco incómoda —confesé, forzando una sonrisa.
—Es tu primera fiesta, ¿verdad?
Asentí.
—Lo supuse.
Jackson me entregó su vaso, mirándome con una sonrisa burlona. Luego comenzó a reír.
—Tienes que beberlo, Lindsey.
—No estoy segura —murmuré, mirando a mi alrededor en busca de Logan, con la esperanza de escapar de esa situación. Pero parecía que se había evaporado.
—No te matará —aseguró.
Lo miré con escepticismo mientras bebía un poco y sentía el sabor amargo y dulce de la bebida. Arrugué la frente, luchando contra las ganas de escupirla. Jackson se rió, poniendo sus manos sobre el estómago. Me uní a su risa.
—¡Está horrible! —exclamé, aún riendo.
—Nunca dije que el sabor fuera bueno.
Jackson tomó mi mano y me llevó al centro de la multitud. Seguí buscando a Logan, pero parecía haber desaparecido. No estaba en ninguna parte. No podía escapar de la idea de que me había dejado sola. Hacía varios minutos que fue a buscar bebidas, pero no regresaba. Lo único que quería era estar a su lado, tratando de disfrutar de la fiesta.
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Lo que nos unía
Teen FictionEn un nuevo comienzo en una ciudad desconocida, Lindsey se encuentra en un mundo completamente ajeno. Sus padres se mudaron por trabajo, y mientras intenta adaptarse a esta vida llena de cambios, un inesperado vecino entra en escena. Logan, su enigm...
