Capítulo XXII.

13K 1.5K 767
                                        

     El pequeño castaño aún se encontraba dormido, pero a medida que el tiempo pasaba su respiración comenzaba a agitarse más y su pecho descontrolaba sus movimientos. Su rostro antes sonrojado ahora ardía terriblemente, mientras gotas de sudor caían de su frente con más frecuencia. Estaba soltando pequeños quejidos, le estaba doliendo todo su cuerpo, y más aún su cabeza.

Bill lo observaba demasiado preocupado, no había podido dormir nada por estar al pendiente del menor, cuando sintió que comenzaba a moverse y justo después perder el control de su cuerpo se alarmó. Estaba teniendo un ataque, no sabía exactamente de qué, pero no era nada normal para un humano.

—Pino... —susurró mientras se acercaba y lo veía un poco más de cerca. 

Cuando el pequeño comenzó a tener aquel ataque tuvo que utilizar sus poderes para dormir su cuerpo y que por algún movimiento brusco no terminara haciéndose aún más daño. Intentó leer sus pensamientos para saber qué le ocurría pero siempre obtenía la misma respuesta, en sus pensamientos solo estaba el dolor.

Habían pasado exactamente dos horas desde que el castaño entro en ese estado, y a pesar de que antes de dormir tenía los síntomas aún podía hablar y estar medio despierto, en comparación de ahora que no podía despertar, aun cuando él había deshecho toda clase de hechizo sobre su cuerpo.

Con cuidado posó su mano en la frente de Dipper, sintiendo la alta temperatura que tenía.

¿Qué se suponía que debía hacer? Jamás había enfrentado algo similar, y nunca tuvo que cuidar de alguien que sufriera lo mismo. Dipper había mencionado que era algo común en los humanos, y según sus conocimientos sobre aquel "Virus" la persona afectada se podía curar simplemente sola gracias a su sistema inmunitario. Pero en este caso parecía que el castaño empeoraba cada vez más aun cuando él había utilizado sus poderes para intentar eliminar la enfermedad.

Era extraño, un virus de procedencia orgánica no debería ser problema para él, pero ahora ese virus que invadía el cuerpo de Dipper parecía no querer irse y afectar cada vez más su salud.

Esto era muy malo, a este paso no sabía qué pasaría con Dipper. No era algo que hubiese visto antes, era algo diferente a lo que él y el castaño acostumbraban, y quizás por eso su cuerpo tenía tantos problemas, al tratarse de un virus desconocido y no saber contra que estaba luchando.

Esta era una emergencia, debía hacer algo por Dipper. Por eso tendría que recurrir a su última opción de ayuda.

Aun con su mano en la frente del menor, dejo en ella una pequeña llama azul. Con ese pequeño hechizo por lo menos intentaría retrasar los efectos del virus y reducir su dolor. Eso le daría el tiempo suficiente para buscar la ayuda que necesitaba.


. . .

Bill apareció frente a una gran compuerta conformada por varios colores, luego posó su mano sobre ella para después romper el hechizo que tenía sobre ella y sobre todo el cuarto en general. Una vez hecho tomó la manija para abrirla y mirar la enorme oscuridad del lugar.

Con lentitud comenzó a ingresar, manteniendo su rostro serio y atento a cualquier cosa inusual. Cada paso que daba podía sentir la magia a su alrededor, sin duda ya sabía que estaba ahí, y eso lo confirmó cuando las luces del lugar iluminaron todo, y cuando pudo ver bien observo que en medio del lugar se encontraba aquel problemático demonio.

—Que sorpresa que decidas visitarme, Bill. 

—Forma Amorfa —saludó aun manteniéndose estático en su lugar.

El nombrado giró levemente, observando a Bill con dos de sus ojos.

—¡Adelante! ¡No seas tímido, pasa! —Rubik desapareciendo volvió a aparecer a unos cuantos centímetros de Bill—. ¿Qué te trae por aquí? ¿Me liberarás por fin? —preguntó divertido el demonio multicolor.

El Intercambio || BillDipDonde viven las historias. Descúbrelo ahora