Esa noche, Bill sintió el dolor en los sueños. No eran simples pesadillas, mucho menos sueños normales y recurrentes. Eran representaciones de la desesperación que se acumulaban y lo hacían sentir asfixiado. No recordaba cuándo fue la última vez que fue capaz de sentir un sueño con tanta desesperación, eran eventos que sólo ocurrían cuando quien lo tenía se sentía completamente perdido.
Los golpes sonaron en aquella puerta apenas audiblemente, perdiéndose en la nada interior de la habitación. Pero para Bill, aquellos sonidos fueron como grandes campanadas directamente en su tímpano.
Observó la puerta, para después mirar hacia su pecho. Mantenía a Dipper abrazado contra sí mismo, mientras el castaño se abrazaba a él con toda la fuerza que podían sus pequeños brazos. Con cuidado movió uno de sus brazos y acarició los cabellos del menor, los cuales se pegaban a sus dedos logrando sentir la sedosidad de los mismos, y aquel olor que se liberaba ante su movimiento.
Bill sonrió tristemente, esa era la imagen que había deseado ver desde el momento en el que fue capaz de ver lo realmente maravilloso que era Dipper. Sin embargo, le tomó demasiado tiempo verlo a través de sus egoístas deseos. Quizás esa fuera la última vez que tendría el deleite de poder observar aquel rostro de ángel en tanta calma a como estaba en esos momentos.
Los golpes en la puerta volvieron a escucharse, y Bill se agachó para darle un pequeño beso con el cuidado de no despertarlo. Y como si Dipper supiera que estaba pasando, lo abrazó aún más fuerte, causando que el demonio temblara levemente. Utilizando toda su fuerza de voluntad, utilizó sus poderes para salir de entre los brazos de Dipper y cuando estuvo de pie observó al castaño, quien sintiendo aquello que le faltaba comenzó a buscar con sus brazos alrededor de la cama, sin mucho éxito.
Bill mirando por última vez al castaño, sintió algo en su pecho contraerse diciéndole que estaba mal lo que hacía. Y obligándose a su mismo, se dirigió hacia la puerta dejándolo atrás negándose a ceder a sus sentimientos. Después de abrir la puerta, por ella se asomó Rubik quien lo observaba con cierta compasión.
—Es hora, Bill. —dijo el demonio multicolor.
El rubio asintió, antes de dar un paso para salir de la habitación. Luego giró, observando a Rubik.
—Ya sabes que hacer. —Le dijo mientras observaba nuevamente al interior de la habitación, donde Dipper aún seguía dormido.
—Si... aunque no tengo ni idea de cómo voy a hacerlo —respondió mirando en la misma dirección y el mismo objetivo.
—Sé que encontraras la manera. —Fue lo último que dijo, antes de alejarse para ir en dirección hacia otro lugar.
Rubik solo lo observó irse, antes de girar y ver al pequeño humano dormido.
Bill iba a hacer el primer paso del plan, en el segundo él tendría que actuar y esperaba que aquel trato fuera lo suficientemente poderoso como para que todo resultara como esperaba.
. . .
Bill caminaba lentamente hacia el gran salón, en verdad quería tardar lo más posible en llegar allí. Lastimosamente no pudo detener el tiempo, y terminó llegando al lugar, observando como los demonios que quedaban lo miraban, y en medio se encontraba Kryptos sonriendo.
—Ya era hora —dijo Kryptos, mientras se acercaba al centro.
—Solo fueron unos segundos... —respondió con fastidio Bill, acercándose a él.
—El tiempo no te espera ni siquiera unos segundos, nada es más preciso y justo que el mismo —Kryptos extendió su mano, ofreciéndole a Bill que la tomara—. Te ayudaré a cruzar el plano mental cuando la invocación sea efectuada, lo demás dependerá de ti y tu habilidad del engaño.
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El Intercambio || BillDip
Hayran Kurgu⠀En el momento en el cual Mabel decidió no oprimir ese botón, no sabía que había sellado el destino de su hermano gemelo. Ya que cuando la cuenta regresiva llegó a cero y la luz los cegó a todos, apareció un gemelo, pero no era el gemelo que Mabel e...
