Capítulo IV.

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     La normalidad siempre había sido considerado algo efímero para Dipper desde el momento en el que llegó a Gravity Falls. Aquellas perspectivas que tenía de la realidad quedaron en el olvido cuando la realidad llena de rarezas de aquel pueblo lo golpearon en el rostro desde el primer momento. 

No era nada igual a lo que él pensaba que era la normalidad, el encontrarse con distintos seres fuera de lo común salidos solo de las pesadillas, fue algo que quebró un poco la mentalidad razonable de él. Dipper no estaba listo para salir de aquel paradigma que lo había acompañado toda su vida.

Sin embargo, en aquellos momentos, estaba seguro de que ya no quedaba rastro alguno de él.

Muy lentamente, fue abriendo sus ojos, sintiendo al instante un punzante dolor en su tórax, que le impidió moverse. Sentía todo su cuerpo adolorido y parecía que no se había movido hace varios días. Escuchó  algunos murmullos de los cuales entendía poco, supondría que era porque se encontraban lejos o simplemente era su mente jugando con sus sentidos.

Dipper con mucho cuidado empezó a enderezarse de donde se encontraba acostado, pudiendo notar así el lugar en el que se encontraba. Era una vieja celda, llena de lo que parecía ser moho en las paredes y una sustancia roja que definitivamente podría tratarse de sangre y otras sustancias que prefería ignorar. Intento moverse pero vio que su pie izquierdo estaba encadenado a la pared, impidiéndole llegar incluso a la puerta. Intento forcejear pero un mal movimiento hizo que sus heridas se abrieran más, notando como aquel vendaje comenzaba a teñirse de un tono carmesí por el esfuerzo.

No entendía lo que había pasado, Dipper se extrañó al saber que alguien lo había curado o al menos hecho el intento. Lo último que recordaba era la cara de satisfacción de aquellos demonios al verlo morir lentamente desangrado a causa de las heridas ocasionadas por las garras en su pecho, y ahora se encontraba en una prisión encadenado y salvado de morir. ¿Qué rayos estaba ocurriendo aquí?

—Veo que ya despertaste... —una profunda voz se hizo oír de un rincón oscuro de aquella celda. Dipper giró lentamente hacia el lugar de donde salió la voz temiendo que fuera atacado por la espalda soltando un quejido, ya que su movimiento fue muy brusco causando que sus heridas se abrieran aún más—. Yo que tu no haría eso, no quiero que manches mi hermosa prisión de tu asquerosa sangre mortal —volvió a hablar aquella voz, Dipper se quedó mirando fijamente en su dirección tratando de enfocar su visión en el desconocido, alcanzando a ver un brillo dorado.

—¿Por qué me han traído aquí? Pensé que su objetivo en un principio era verme morir agonizando lentamente.  ¿Por qué salvar a un humano? —preguntó seriamente Dipper, sin dejar de observar ese brillo. No era muy difícil adivinar quién era, Dipper no era idiota para saber Aun quién sería el único de tantos demonios en venir a hablar y no matarlo al momento. Aun así no sabía porque la voz de Bill era tan diferente, y el temor invadió su ser al pensar que Bill podría haberse transformado en algo monstruos como aquel demonio en forma de rombo.

—No me esperaba menos de ti, Pino. Y, respecto a tu pregunta... —Bill salió entre las sombras revelándose por fin, dejando en Dipper una cara de incredulidad que para él fue algo muy divertido—. Todavía tenemos asuntos pendientes que atender —terminó de decir eso con una temible sonrisa.

Dipper simplemente no podía creerlo. ¿En serio ese era Bill? Porque frente a él se encontraba un joven de cabello rubio con raíces negras, un parche en su ojo izquierdo y un elegante traje amarillo y negro sin olvidar su inseparable moño y sombrero flotante. Si no fuera por el dolor que aun sentía, ya se hubiera abofeteado intentado despertar de ese extraño sueño. Aunque no dudaba de que Bill pudiera usar una forma humana con su infinito poder, no entendía cómo podía transformarse en lo que más odiaba.

El Intercambio || BillDipDonde viven las historias. Descúbrelo ahora