Capítulo XXIV.

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     El tiempo era quizá lo más valioso que podía existir para un ser humano. Sin el, nada tenía sentido y las personas no tendrían la cordura suficiente para sobrevivir en el universo sin  saber los  segundos que llevan cada vez más encima. Dipper pensaba eso, mientras observaba la pequeña manecilla comenzar a girar con más lentitud, hasta llegado un punto en el cual no pudo funcionar más, deteniéndose en el número 3.

Suspiró nostálgico, se había acabado la batería del pequeño reloj de bolsillo. Ese pequeño objeto era lo único que tenía y que lo conectaba a su dimensión, y ahora se había detenido a las tres y veinte de la mañana.

Definitivamente había perdido la noción del tiempo de su dimensión.

Giró a observar por aquella ventana, observando el mismo escenario que había visto desde que llegó a aquel lugar. Un indescifrable cielo multicolor que no tenía un día, o una noche. Dudaba hasta que el tiempo existiera en aquella dimensión, y por ello lo único por lo que sabía que habían pasado medio año hasta ese momento, era por el reloj que le había regalado Stan por su buen trabajo.

Sabía que era una baratija y no le sorprendía  que fuera robado, pero cuando se lo dio no le tomó mucha importancia, pero ahora se había dado cuenta que eso a lo que consideraba basura, se había convertido en su objeto más preciado después de su diario y la gorra.

Volvió a suspirar, no sabía cuántas veces lo había hecho en ese minuto. Ya no le importaba, ya no podría saber el tiempo real de su sistema solar.

Observó a un lado de la ventana hacia la gran cama, observando aquel brillo amarillo tenue y pacífico. Bill aún permanecía dormido, ya habían pasado varios días desde que cayó inconsciente por utilizar todo su poder para curarlo, y hasta el momento no había dado señal alguna sobre querer despertar.

Al principio creyó que había algo mal, pues Bill no respondía parecía no estar mejorando. Pero con el pasar de los días se dio cuenta que el pequeño triángulo había crecido, y su brillante aura había aumentado. Eso lo alivió, y lo impacientaba aún más. Sin la compañía de Bill tuvo que por sí mismo buscar un lugar para poder preparar comida para él, pues sin Bill era mucho más difícil todo eso. Pero de alguna forma pareciese que Bill previó todo eso y dejó muchas reservas en ese lugar, por lo cual no se ha visto en crisis de hambre.

Pero dejando de lado eso había estado muy aburrido, solamente había estado encerrado en aquel lugar vigilando al demonio. Deseaba que despertara de una buena vez para poder abrazarlo y agradecerle todo lo que había hecho por él, pues dudaba que cualquier otro demonio lo hubiese hecho.

Extrañaba mucho a Bill, en verdad deseaba volver a dormir entre sus cálidos brazos, y él no tener que abrazar al indefenso y tierno demonio. Sin Bill se sentía vacío y nervioso, él siempre estaba para protegerlo. Si en un principio no fuese por él de seguro ya no estaría en esa dimensión vivo.

En verdad necesitaba que Bill volviera a estar consciente.

Intentó muchas veces comunicarse con Rubik para ver si no podía hacer algo al respecto, pero es como si el demonio multicolor hubiese desaparecido. Fue a buscarlo a la que supuso era su habitación, pero no había rastro de ella. Lo buscó en varios lugares donde había estado, y no lo había visto.

Y lo más extraño de todo, es que al igual que Rubik, no había visto a ningún otro demonio.

Era demasiado extraño, supondría que ya se habrían enterado del estado de Bill, y él esperaba que los demonios fueran a buscarlo queriendo matarlo por causarle eso. En realidad preferiría que eso sucediera, porque cuando todo está en calma y en silencio, lo que vendrá suele ser peor y no necesitaba ser un genio para saberlo.

El Intercambio || BillDipDonde viven las historias. Descúbrelo ahora