Capítulo IX.

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     Siempre se había considerado una persona llena de temores e inseguridades, estando rodeado por múltiples personas que lo hacían cuestionarse su verdadero objetivo en la vida.

Dipper siempre pensó que su inteligencia sería su ventaja sobre los demás para no sentirse tan inseguro al ver las múltiples cualidades de los demás, pero al ver que solo causaba burlas en sus compañeros y a veces en su hermana, terminó por pensar que realmente algo estaba mal con él por no poseer talento para los deportes, para el arte o simplemente para hacer amigos.

Al llegar a Gravity Falls fue para el una nueva perspectiva de lo que realmente era la realidad. Algo que iba mucho más allá de sus molestos compañeros de escuela, más allá de las constantes comparaciones de su familia y más allá de él mismo. Descubrió que en la realidad, nada de eso importa, solo importa eso, la realidad y sus pensamientos que creyera reales y posibles para él.

Aprendió a ver el mundo de diferente manera, pero ahora sabía que estaba pasando por lo mismo cuando llegó a aquel universo.

Es curioso, la última vez que se había sentido tan atemorizado fue el mismo día que sus compañeros utilizaban aquel sobrenombre burlándose de su inteligencia, le sorprendía pensar en ese momento específico en esa situación que se encontraba. No pensaba que a una persona le pudiera ir tan mal en un solo día y ahora se retractaba de pensar eso.

Dipper se encontraba estático, y pues ¿cómo no estarlo cuando se encontraba rodeado de muchos demonios que quieren verlo muerto? Tal parece que ya llevaba mucho tiempo sano y ahora el universo quería verlo sufrir de nuevo.

El castaño los observó atentamente,  esperando lo que pudiera ser un ataque de los otros mientras buscaba alguna ruta de escape. Pero este ataque nunca llegó, y luego de algunos segundos donde solo lo observaban con fastidio se extraño.

—¿Acaso no piensan matarme? —preguntó temeroso.

Los demonios hicieron una mueca de fastidio y Dipper se arrepintió de haber preguntado.

—No podemos ni tocarte humano, son órdenes de Bill —habló el bebé gigante mientras los demás asentían a sus palabras.

—Y créenos que no queras ver a Bill enojado, se enciende peor que el cabello de Pyronica.

—¡Oye! —exclamó la nombrada y todos en ese lugar rieron mientras Dipper solo los miraba curioso.

Eran varios demonios de formas humanoides, eran aterradores a simple vista pero el verlos convivir de aquella manera como cualquier persona, lo hizo inevitablemente pensar en él y sus amigos. Los demonios eran criaturas temibles, pero ahora que podía estar seguro de verlos sin morir, pensaba... que no había mucha diferencia entre ellos.

—Como sea, ¿a quién piensas escoger humano? —el castaño observó confundido al hexágono volador—. Ya sabes, para mostrarte el lugar según ordenó Bill.

Todos en ese momento intentaron esconderse de la vista del castaño temiendo a quien elegiría. Eso le causó mucha diversión a Dipper, todos parecían más que asustados, muy incómodos con su presencia. No deseaba molestarlos, sin saber el límite de su paciencia, pero antes de negarse e irse, algo habló.

—Vamos no sean inmaduros, ni que fuera a morderlos.

Todos observaron tras ellos al dueño de aquella voz. Dipper observó curioso como entre los demonios salió uno muy peculiar se llamó toda su atención. Al llegar frente a Dipper, lo observó con sus ojos y se sintió intimidado. Era como alguna clase de cubo Rubik volador con varios ojos en diferentes lugares.

—¡Saludos humano! —el demonio levantó una especie de cuerda que colgaba de uno de sus cuadros y Dipper temeroso y confundido lo tomo como si fuera una mano normal sintiendo un escalofrío cuando aquella cuerda rodeó y apretó su mano—. Que no te asusten mis amigos, son inofensivos. Bueno, solo cuando esta Bill aquí —los demás demonios alegaron ante lo dicho por el cubo y Dipper inevitablemente rió al ver esa actitud—. No te preocupes, yo te guiaré por el palacio.

El Intercambio || BillDipDonde viven las historias. Descúbrelo ahora