Capítulo VIII.

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     Los atardeceres en Gravity Falls, eran considerados como la cúspide del día y aquellos momentos donde la temperatura tomaba la calidez mayor. Sin embargo, desde el incidente del portal las cosas se habían puesto mucho más frígidas y neutrales que de costumbre envolviendo al pueblo en una interminable melancolía.

En la biblioteca del pueblo, Soos buscaba algo en específico en los múltiples libros que se encontraban en el lugar. Había pasado una semana desde que Dipper había desaparecido sin dejar rastro alguno y todo en la cabaña parecía empeorar cada momento.

Stan no había salido de su habitación en todo ese tiempo, ni siquiera salía para ir al baño o a comer algo y Soos preocupado por su salud todos esos días le había dejado alimentos frente a su puerta para que él los tomara, y se sintió aliviado al ver que estos desaparecían tarde o temprano quedando los empaques o platos vacíos donde los dejó.

Stanford no había salido del destruido laboratorio, y si lo hacía era en las madrugadas para no encontrarse con nadie y continuar con su trabajo. Los dos hermanos parecían un par de desconocidos, y la cabaña se sentía como un viejo y arruinado campo de guerra lleno de la tristeza de las perdidas en el terreno.

Soos suspiró mientras cambiaba de lugar y se acercaba a una computadora, esperando que su búsqueda diera frutos.

—Bingo... —murmuró al ver que el libro que buscaba se encontraba a unos metros de donde él estaba. Haciendo fricción con sus manos buscando calor se acercó a un gran estante de libros para llegar a uno en específico, y cuando lo vio este estaba en la parte más alta, en la cual él no lograba alcanzar.

Soos buscó con la mirada algo que le fuera de ayuda, encontrando unas escaleras a unos cuantos metros. Acercándose a ellas las tomó y regresó para apoyarla en el suelo y subir a lo más alto intentando alcanzar el libro. Cuando por fin luego de mucho esfuerzo lo tuvo entre su mano, sonrió victorioso, sin darse cuenta de que alguien se acercaba a él.

—¡Hey, Soos!

El nombrado se asustó y perdió el equilibrio, e intentando en vano sostenerse de los libros cayó hacia atrás. Sinembargo el golpe no llegó, ya que la dueña de la voz había amortiguado su caída con su cuerpo cayendo sobre la mesa con Soos sobre ella.

—Deberías tener más cuidado amigo —Soos se levantó rápidamente y observó a su salvadora sorprendido.

—¡Wendy! —la pelirroja sonrió mientras sobaba su cabeza, había sido un gran golpe—. Lo lamento mucho, pero me asustaste —Soos le tendió su mano, la cual fue aceptada y Wendy volvió a verlo con su sonrisa calmada.

—No hay problema —Wendy levantó el mismo libro que Soos tenía en sus manos y lo miró—. No sabía que te gustaban las historias de amor —dijo divertida mientras le extendía el libro a Soos, el cual miró apenado a la pelirroja negando con sus manos.

—No es para mí, es para Mabel —el semblante de Soos cambió a uno más preocupado, y Wendy lo noto—. Ha estado muy deprimida estos días.

—¿Tiene que ver con el por qué no han abierto la cabaña en una semana? —ella lo observó preocupada, sabía que algo grave tuvo que pasar para que Stan no estuviera estafando turistas ni regañándola a ella por no ir a trabajar.

—Algo así, han pasado... muchas cosas y no sé qué hacer —Soos suspiró mientras veía la portada de aquel libro de romance.

Se sentía tan inútil en esa situación, sabía desde siempre que era considerado un inútil cuando no podía hacer nada bien en sus tareas en la cabaña y fracasaba en cada momento que trataba de lograr algo en su vida. Nunca podía hacer nada y siempre vivía bajo la sombra de su primo Reggie quien traía mucho orgullo de su familia y le recordaba que estaba en lo más profundo de la familia.

El Intercambio || BillDipDonde viven las historias. Descúbrelo ahora