El anillo que Taehyung le regaló golpeaba su pecho mientras caminaba, justo a la altura de su corazón. Como si, de alguna forma, llevara al mayor con él.
Había improvisado una cadena con un hilacho de cuero que había robado de las cocinas y que había atravesado en el ojal del anillo para poder cargarlo siempre. Debido a que el anillo no era muy grueso y que las telas opulentas de los brillantes kimonos que era obligado a utilizar eran bastante pesadas y abullonadas, nadie notaría nunca que lo llevaba consigo.
Así como tampoco notarían las dos dagas que se había amarrado a cada lado de la cadera.
Las había puesto ahí una vez le devolvieron a su habitación, ya con el kimono en su lugar y completamente perfumado en cada rincón de su cuerpo, pues la orden de la Madame era que fuesen productos frescos para quienes les visitarían esa noche. Jungkook podía asegurar con tan sólo eso que los hombres de esa noche serían personajes muy importantes.
Y así mismo, peligrosos.
Era por ello que, una vez estuvo a solas en su diminuta habitación, Jungkook se hincó buscando entre sus pocas cosas, aquellas que sólo eran un par de prendas roídas pues siempre vestía a pedido de la Madame y una pequeña caja con recuerdos de quien había sido su familia y de cómo había sido su vida antes de ese infierno. Debajo de todo ello, estaban sus armas. Pequeños y filosos cuchillos que brillaban a la luz que se filtraba por la ventana.
Eran sus mejores amigos y esa noche, sentía, los necesitaría más que nunca. Fue por ello que, alzándose el kimono, enredo una de ellas a su muslo desnudo y luego, con un poco de esfuerzo para no desacomodar el amarre en su cintura y no despertar sospechas, ato a su cintura dos dagas más, dejando que las puntas acariciasen su piel desnuda. Sentirlas contra su piel le hacían sentir más tranquilo.
Aceptar la misión que la resistencia había enviado a Jimin le producía una sensación extraña en el cuerpo, una especie de frío que subía por su espalda y se instalaba en su cuello, casi como si alguien estuviese respirando justo detrás de él. Jungkook no era un hombre de supersticiones, pero creí en las historias orales de su pueblo y una de ellas hablaba de como la muerte tenía un aliento frío.
Podía presentir el peligro en el que estaban metiéndose.
Una cosa era asesinar soldados en medio de la noche, entrando en sus camas como simples esclavos sexuales y luego, mientras ellos entraban en sus cuerpos, acabar con sus vidas con un cuchillo en sus cuellos. Ni siquiera las pocas misiones que había tenido fuera de los alrededores de la casa de la Madame, aquellas en las que un hombre se lo había llevado por días para disfrutar de él, le habían causado tal sensación.
Sabía que se trataba de algo diferente a todo lo que ya había hecho en el pasado y no se trataba de miedo, porque después de años de ser utilizado y desechado como un simple guante por hombres sucios y sádicos, Jungkook había dejado de sentir miedo. Tampoco era culpa porque sus manos estaban manchadas casi de tanta sangre como las de los hombres que asesinaba.
Era, en cambio, una sensación de ansiedad y de impaciencia por lo que sucedería.
En el pasado no le habría importado nada, ni siquiera si pudiese ser herido o asesinado, pues en realidad, Jungkook llevaba mucho tiempo buscando la muerte y deseando que ella llegase a él como aquella noche en que vio por última vez a Taehyung, sintiendo que se desangraba y con su sangre se iba su dolor. Así que siempre terminaba dejándose expuesto para que ella se apiadara de una vez por todas de él y su dolor, que le liberara de las frías y estrechas cadenas de la esclavitud.
Ser libre, como su nombre.
Pero en ese instante, caminando y sintiendo el anillo de Taehyung golpeando contra su piel desnuda bajo el kimono mientras sus latidos se armonizaban al suave golpeteo, Jungkook sólo quiso que la muerte no se girara a mirarlo esa noche y que, como había hecho desde hace años, simplemente pasase de largo. Porque no había nada que Jungkook deseara más que volver a ver a Taehyung y para poder hacerlo, debía estar vivo.
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Intermedios.
Romance¿Qué había al otro lado de esa puerta? Vkook - Yoomin. Contenido homosexual, violencia explícita. Portada hecha por: K-LCMM
