Capítulo 1

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Barcelona (España), Agosto 2018

Camino.

Llevo diez minutos caminando rodeada de gritos, música, risas, jaleo, pero sobretodo, del ruido que producen los motores de las más de cien motos que hay aquí. Cada vez que paso por el lado de un motorista oigo como este, le das gas a su moto dejando escapar el rugido del motor hasta obtener el máximo de esta. Pero no solamente eso, sino que también puedo oír como chirrían los neumáticos cuando derrapan o cuando pasan de 0 a 100 kilómetros en menos de ocho segundos. Pero esto es lo que tiene el mundo de las carreras callejeras. Mi mundo. Ese en el que había estado tan metida hacia ya tres años y del que ahora solo queda ese pasado que no quiero recordar.

Me han fascinado siempre las motos, probablemente esa pasión por ellas me viene de mi padre del cual solo sé eso, que le apasionaban las motos como a mí. De echo era uno de los mejores corredores del país, pero no sé muchas más cosas de él porque desgraciadamente murió cuando yo apenas tenía dos años. Mi madre, Daiana, siempre a dicho que él nos amaba con locura, que era un buen hombre y una gran persona, pero cuando él nos dejó, mi madre tuvo que hacerse cargo de mi y de mi hermana Yanira, luchar por las dos para darnos un futuro y sin más ayuda que la de su madre, mi abuela Pepita, y por ello les estaré eternamente agradecida.

Aun y así mi madre siempre nos contaba cosas sobre mi padre a mi y a mi hermana para que lo tuviésemos siempre presente, aunque yo cuando tenia 4 años, ya prestaba más atención a las historias que nos contaba mama sobre carreras en las que había participado papa cuando era más joven. Desde muy pequeña me habían llamado la atención esas historias y sé que la pasión por estas es algo que me unirá siempre a mi padre aunque ya no este. A los diecisiete años conseguí mi primer trabajo en un bar y gracias a lo que gané en este y algunos ahorros que tenía pude comprarme mi primera moto un año después. Una Suzuki GSX-R 600. Ese día fue uno de los mejores de mi vida, me subí a la moto, y sentí como esta vibraba y me prometía la mayor libertad y velocidad.

El sonido de mi móvil me saca de mis pensamientos y logro contestar antes de que me cuelguen.

-¿Dónde estás?. -pregunto un poco molesta a mi novio Greg, al cual llevo buscando desde hace un buen rato ya.

-Estoy en la posición de salida.

-¿Posición de salida?. -pregunto sin poder creérmelo. -Dime por favor que es una broma.

-No. -contesta y oigo como se le escapa una pequeña risita detrás del teléfono. -Ven aquí y te explico.

Sin dejar que diga una sola palabra más, cuelgo la llamada y caminos hasta donde sé que se inician las carreras de motos. No es que me moleste que corra porque yo también lo hacía y sé lo que se siente, pero Greg tiene varios altercados con la policía, como muchas de las personas que hay aquí, y que siga participando en carreras ilegales no es que le ayude demasiado.

-¡Lexa!. -oigo que me llaman y cuando me giro veo a mi mejor amiga viniendo hacia mí con una sonrisa en su rostro. -Que raro verte por aquí de nuevo. -dice mientras me da un abrazo de bienvenida.

Conocí a Zaida el primer día que pise la universidad y desde entonces nos hemos vuelto inseparables, aun recuerdo el día como si fuese ayer cuando la verdad es que han pasado ya cinco años. Las dos teníamos dieciocho años y empezábamos la correa de medicina, yo fui una de las personas que llegó antes a clase ese día y después de unos minutos Zaida se sentó a mi lado, comenzamos hablar y enseguida me cayó bien. Al cabo de unos meses decidimos sacarnos el carnet de conducir juntas, solo que ella el de coche y yo el de moto.

Físicamente somos dos polos opuestos: Ella es alta, rubia, ojos azules, cuerpazo de escándalo, yo en cambio soy morena, con los ojos verdes, más bajita que ella y con un cuerpo normal si lo comparamos con la media de todas las chicas, pero también hay que decir que soy bastante delgada y al lado de las curvas de Zaida no tengo nada que hacer. Aun y así las dos tenemos una personalidad semejante y por ello congeniamos muy bien desde el primer momento. Ahora, a nuestros veintidós años acabamos de terminar la carrera y estamos disfrutando de nuestras merecidas vacaciones.

Inconsciente.Donde viven las historias. Descúbrelo ahora