Capítulo 18

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Los meses de agosto y septiembre desaparecen como una exhalación y entramos en octubre, cada vez va haciendo menos calor, se nota que el verano se ha terminado y en su lugar se abre camino el otoño.

Durante estos días he pasado muchas horas al lado de Nathan y estoy empezando a darme cuenta de cosas que suceden cuando estamos los dos juntos, como por ejemplo, que cuando duermo con él las pesadillas que me atormentan diariamente no aparecen, no sé si es una simple casualidad, pero agradezco poder dormir una noche entera sin despertarme de madrugada con el corazón a mil por hora y con la respiración agitada. Tampoco encuentro normal el nivel de confianza y tranquilidad que me transmite una persona que conozco de hace poco más de dos meses, pero también es verdad que Nathan con sus acciones me demuestra que es una gran persona y que puedo fiarme de él completamente aunque sé, que hay cosas que no me dice y otras de su personalidad que me molestan.

Hace varios días que no lo veo porque he tenido que hacer varios turnos de más en el bar y él ha tenido que ocuparse de unas cosas relacionadas con ser el nuevo líder de los moteros, pero por fin he conseguido reunir el dinero suficiente para comprarme un portátil nuevo y tirar a la basura el que tengo, lo necesitaba, porque el otro se quedaba colgado cada dos por tres. ¡Ahora tengo un MacBook precioso que me resuelve la vida en cinco segundos!. Al acabar de instalar unos cuantos programas en el ordenador, lo apago y me arreglo porque he quedado con Nathan en la base de los Souls. Me pongo una camiseta de tirantes y decido ponerme unos pantalones tejanos largos porque voy a coger la moto, antes de salir de casa, cojo el móvil y las llaves y por último, una chaqueta de cuero, si tengo un accidente prefiero ir tapada y quemarme lo mínimo posible.

Cuando llego a la enorme casa me asombro de nuevo, nunca dejo de hacerlo, ya he venido unas cuantas veces desde la primera vez, pero aún y así me sigue sorprendiendo. Entro al salón y veo a unos cuantos de los chicos sentados en los diferentes sofás jugando a cartas o hablando, parecen no haberse dado cuenta de que he entrado hasta que de repente oigo:

-¡Hola morena!.

Bayron y su forma de saludarme me hace sonreír, a la vez que hace que todo el mundo dentro de la habitación me mire y comiencen a saludarme.

-Hola Bayron. -Sonrío.

-Nathan está acabando de hablar por teléfono enseguida baja. -Me informa.

-Vale.

-¿Por qué no te unes?. -Me pregunta Max.

Max es uno de los chicos que más conozco porque también es uno de los que acompañó a Nathan a mi casa cuando tuve que curarle, él es uno de los que están jugando a cartas con un grupo de chicos y chicas.

-No gracias, no quiero acabar borracha antes de las diez de la noche. -Respondo señalando la botella de ron que tienen encima de la mesa.

Oigo una carcajada general y cuando me giro veo a Bayron negando con la cabeza. De repente noto una mirada intensa sobre mí, y sé que Nathan acaba de entrar en el salón. En menos de cuatro segundos unas manos grandes recorren mi espalda, luego mi cintura y por último ambas se juntan en mi barriga, sonrío por no haberme equivocado con mi intuición.

-Hola cariño. -Susurra al lado de mi oído.

Me da un beso en la sien y apoyo la cabeza en su hombro mientras sonrío atontada, por no decir agilipollada. Espera un momento. ¿Me ha dicho cariño?. Dios, dios, siento que estoy empezando a ilusionarme con Nathan y no es bueno porque sé que acabará rompiéndome el corazón, pero mientras mi cerebro dice eso, mi corazón y mi cuerpo dicen todo lo contrario. Me comienzo a inquietar con todos esos pensamientos en el momento en que siento que él, se mueve de mi lado y dándome la mano me lleva hacia su cuarto.

Inconsciente.Donde viven las historias. Descúbrelo ahora