Capítulo 20

16 0 0
                                    

-Dios, no sabes cuanto te echo de menos. -Susurro a la tumba de mi hermano, aunque sé que nadie me contestara nunca.

Estoy helada, el agua de la lluvia me ha calado hasta los huesos pero necesito estar aquí, necesito quitarme toda la culpa y la rabia que tengo dentro, pero sobre todo, necesito dejar de sentir que no vivo desde que él no está. He intentado olvidarle con todas mis fuerzas, he hecho mil cosas de las que ahora me arrepiento para poder superar algún día su muerte pero

no puedo sacarlo de mi sistema, son demasiados recuerdos, y sobre todo uno que me persigue todas las noches.

De repente siento la mano de alguien en mi hombro e intento sobreponerme para que no me vean llorar cómo hasta hace unos minutos. El rostro de Nathan aparece borroso y nos miramos fijamente durante unos segundos hasta que finalmente él me hace un gesto con la cabeza y dice:

-Vamos a casa.

-No. -Respondo quitando de mala manera su mano de encima mío mientras me giro para no verle más y volver a sumergirme en mi dolor.

Esta vez siento más fuerte su agarre, tira de mi brazo hacia arriba y por mucho que lo intento, él es más fuerte y acabo de pie junto a su lado. Intento zafarme de él, me quiero ir y llorar sola, pero sus brazos me detienen, me rodean, parecen estar por todas partes. Siento que me habla, que me susurra cosas al oído pero no lo escucho, lo único que puedo hacer es forcejear a la vez que él me detiene y me intenta tranquilizar.

-Suéltame Nathan. -Suplico sintiéndome cada vez más cansada de luchar contra él. -Por favor. -Le pido y se me quiebra la voz.

Sin poder evitarlo por más tiempo me rompo en mil pedazos, lloro, lloro como hace años que no lo hacía.

-Desahógate Lex. -Susurra en mi oído.

Me rindo y le hago caso. Mi llanto solo es atenuado cuando Nathan me envuelve con sus brazos y me escondo en su pecho mientras siento su calidez, y sus brazos aferrarme con más fuerza.

No sé cuanto tiempo permanecemos así y no soy consciente de lo que hago, simplemente me dejo llevar por él. Me lleva hasta un coche y después de dejarme sentada en el asiento del copiloto, sube él, y empieza a conducir. No sé dónde vamos y la verdad es que tampoco me importa. Me siento agotada tanto física como psicológicamente y solamente quiero meterme en una cama y dormir por 100 años.

Un rato después, el motor del coche se para y cuando miro por la ventana veo que estamos en la base de los Souls.

-Aquí estarás más tranquila.

Asiento y bajamos del coche, Nathan me coge de la mano y me conduce dentro de la casa y enseguida entiendo por qué ha dicho que voy a estar más tranquila. No hay nadie. Hoy es sábado así que todo el mundo está en las carreras, además mi hermana y amigos no saben dónde está la base así que tampoco vendrán a verme, cosa que hubiese pasado si hubiésemos ido a mi casa. Nathan ha pensado en todo.

-Gracias. -Le digo y él enseguida me entiende.

-De nada.

Deposita un beso en mi frente y seguidamente tira de mí para caminar hasta su habitación. Cuando llegamos cierra la puerta y nos encaminamos al baño que tiene solo para él, una vez dentro, abre el grifo de la bañera y después de esperar a que salga el agua cliente pone el tapón y deja que esta se vaya llenando sola.

Se gira hacia mí, me mira y veo reflejado mi dolor en sus ojos, en su rostro, da dos pasos seguros para estar cerca de mí y deposita sus manos en mi cintura, seguidamente sujeta el dobladillo de mi camiseta y tira de ella hacia arriba. No hay nada sexual en ello, me desnuda con delicadeza sin apartar la mirada de mis ojos y yo me dejo hacer mientras alguna lágrima traicionera se desliza por mi rostro. Cuando estoy completamente desnuda me hace un gesto para que entre en la bañera y lo hago sin rechistar, estoy helada y mojada por la lluvia y necesito volver a entrar en calor, la bañera es lo suficientemente grande como para poder sumergirme entera y es lo que hago, sin embargo, vuelvo a salir a la superficie cuando recuero el sueño que he tenido esta misma mañana. Nathan hecha en el agua unos polvos que me imagino que deben de ser sales y después un líquido que enseguida empieza hacer espuma, seguidamente comienza a deshacerse de su ropa y le hago un sitio para que se coloque detrás mío en la bañera. Solo en ese momento, cuando siento el pecho de Nathan en mi espalda, cierro los ojos y me relajo quitándome la tensión que he llevado encima todo el día.

Inconsciente.Donde viven las historias. Descúbrelo ahora