Capítulo 3

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Me despierto en mi casa envuelta en las sabanas de mi cama, hacía tiempo que no dormía sola porque últimamente siempre me acompañaba Greg. Miro el despertador y son las doce del mediodía, no he dormido ni seis horas. Llegué a casa a las cuatro de la madrugada y como ya es de costumbre las pesadillas me mantuvieron despierta el resto de la noche, hace años que no duermo ni un solo día del tirón, cada madrugada se repite la misma pesadilla y en los días con emociones fuerte como el de ayer, la pesadilla se repite dos o tres veces en la misma noche.

Me levanto de la cama y voy directa al lavabo, me meto en la ducha y el agua caliente recorriendo mi cuerpo me calma inmediatamente sumiéndome en un mundo placentero. No quiero pensar mucho en todo lo que sucedió ayer, así que me doy una ducha rápida y cuando termino cojo la toalla y me seco el cuerpo, me miro al espejo mientras me lavo los dientes y observo las ojeras que se han formado debajo de mis ojos, esta vez me va a tocar ponerme un kilo de maquillaje si quiero taparlas. Al acabar voy al armario y me pongo lo primero que encuentro, estos días no trabajo en el bar gracias a mi jefa, Mel, que me ha dado fiesta porque se suponía que iba a estar de luna de miel, pero como no ha habido boda me tomaré estos días de descanso. Me hago un moño mal hecho con el pelo todavía mojado y salgo a la calle para ir a comprar algo para comer, tardo un rato pero finalmente después de una hora llego a casa, coloco la compra y me hago la comida. Tengo el móvil lleno de llamadas y whatsapps de Yanira y Zaida pero prefiero no hacerles caso y apago el móvil para que dejen de molestar. Después de comer y recoger la mesa me tumbo en el sofá a ver la tele pero poco a poco voy cayendo en la inconsciencia y finalmente termino durmiéndome.

El sonido del timbre de la puerta me despierta y dormida como estoy me levanto del sofá y me dirijo a la puerta, miro por la mirilla y veo a mi hermana Yanira tocando el timbre repetidas veces. ¿Para que toca el timbre si tiene llaves de mi casa?. Abro la puerta y mis pintas deben de ser desastrosas porque la cara que pone mi hermana al verme es un poema.

-Tres cosas. -dice levantando la mano y poniéndome tres dedos delante de mis narices. -¿Porque no contestas mis llamadas?, ¿porque esa cara de dormida? y por dios, ¿te has mirado al espejo durante el día de hoy?. -me recrimina y decido cerrarle la puerta en la cara sin responderle nada.

Mientras camino de nuevo hacia el sofá escucho a mi hermana abriendo la puerta. Ahí están las llaves. Llego al sofá segundos antes de que Yanira abra la puerta cabreada y comience a gritarme como hace siempre.

-Yan, no estoy para sermones de verdad. -le pido y ella parece entenderme.

-Vale pero que sea la última vez que no me coges el móvil, me has asustado. -dice sentándose a mi lado.

-Si mi sargento. -bromeo.

-Vaya me alegro de que estés bromista porque he llamado a Zaida y en diez minutos viene a buscarnos para ir a cenar y salir de fiesta. -anuncia.

-No tengo ganas de salir a ningún lado.

-Me da igual, no vas a estar encerrada aquí durante los próximos días preguntándote a todas horas porque la vida es tan perra. -dice mientras me coge del brazo y empuja hacia arriba para levantarme del sofá.

-Espera, ¿esa no eres tú?. -pregunto sarcástica.

-Sí, pero conozco tu manera de deprimirte cuando algo no te sale bien y me da miedo que te desmorones y montes las cataratas del Niágara y te hundas en ellas.

-Por eso no te preocupes, hace años que no derramo una lágrima por nadie. -Digo cuando llegamos a la habitación.

-Por eso mismo me da miedo, porque el día que lo hagas moriremos todos ahogados.

Inconsciente.Donde viven las historias. Descúbrelo ahora