capítulo 8

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Greg me mira con la misma mirada de rabia que sé que se me refleja en mi rostro, ¿Como puede cambiar tanto la relación entre dos personas en un lapso de tiempo tan corto?, hace menos de un mes lo hubiese dado todo por Greg, ahora en cambio ni siquiera soporto verle. No sé que nos ha pasado y desde luego no le culpo de todo a él porque yo también he hecho cosas mal, pero en este último mes Greg se ha convertido en un imbécil.

En estos momentos lo único que quiero es huir de todo el mundo, quiero llegar a mi casa, meterme en la cama y no salir de ahí hasta el próximo año, a ver si así todos se olvidan de mi existencia y dejan de hacerme la vida imposible. Busco a Zaida con la mirada y en cuanto estas se cruzan sé que sabe lo que pienso, asiente imperceptiblemente con la cabeza, me suelto de la mano de Nathan que todavía seguía entrelazada con la mía sin dejar de desafiar a Greg con la mirada hasta que al final me doy la vuelta y comienzo a caminar en dirección contraria a ellos.

-No me puedo creer que Greg haya propuesto una cosa así. -dice Zaida siguiéndome de cerca. -Está completamente loco, parece que se haya convertido en otra persona.

-Se ha convertido en un capullo. -declaro.

-¿Y que vas hacer?. -pregunta y sé que se refiere a la carrera.

-No pienso correr Zaida.

-Pero si no corres Nathan queda eliminado directamente. -me recuerda.

-No es mi problema. -sentencio.

Parece que Zaida capta mi estado de animo y las pocas ganas que tengo de seguir hablando, así que no vuelve a hablar mientras caminamos hacia el coche y durante el trayecto a casa lo único que interrumpe el silencio dentro del coche es la música que sale de la radio.

Cuando llego a casa me siento un poco más reconfortada al estar rodeada de la tranquilidad y el silencio que me proporciona vivir sola, tiro el bolso al sofá y me voy directa al baño a pegarme una ducha. En cuanto el agua cae sobre mi cuerpo siento como mis músculos se relajan y suspiro mientras siento como las gotas calientes recorren todo mi cuerpo sumergiéndolo en un estado de calma que había dejado de experimentar en las últimas horas del día. Al terminar de secarme y ponerme el pijama me tumbo en la cama y en menos de lo que tarda en llegar el siguiente pensamiento a mi cabeza ya estoy dormida.

*                         *                       *

Abro los ojos y veo la claridad que entra por la ventana de mi habitación, miro la hora y son las once de la mañana, hacia tiempo que no me levantaba tan tarde y me siento satisfecha por haber dormido un poco más de lo habitual. Sonrío mientras siento como los rayos de sol se cuelan por la ventana y dan de lleno en mi piel desnuda proporcionándome calor, cosa que agradezco porque estoy destapada completamente. Me estiro para desperezarme pero me interrumpe el sonido del móvil, estiro el brazo y lo cojo de la mesita de noche y me sorprendo al ver el nombre de Nathan en la pantalla. ¿Desde cuando tengo el número de Nathan en la agenda de contactos?. No recuerdo que me haya dado el número en ningún momento y mucho menos habérselo pedido yo.

-¿Porque tengo tú número en mi móvil?. -pregunto cabreada cuando descuelgo la llamada.

-Necesitaba que estuviésemos en contacto ahora que vamos a correr juntos dentro de una semana. -me suelta como si nada y escucho una risita al otro lado de la línea.

Este tío es imbécil y aún no lo sabe. ¿Pero desde cuando se cree con derecho de toquetear mi móvil sin ni siquiera darme yo cuenta?

-Ya, pues puedes ir borrándolo porque no pienso correr.

-Vas a correr Lexa. -dice con un tono implacable que me cabrea todavía más.

¿Encima que me ha robado el móvil viene con exigencias?, lo tiene claro.

Inconsciente.Donde viven las historias. Descúbrelo ahora